José Antonio Trujillo, vicepresidente del Colegio de Médicos de Málaga.

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Opinión

China adelanta a Europa en la regulación del antropomorfismo en la IA

El Dr. José Antonio Trujillo Ruiz es médico y experto en Inteligencia Artificial

Publicada

El antropomorfismo consiste en atribuir cualidades humanas —emociones, intenciones, personalidad o conciencia— a aquello que no las posee. No es un fenómeno nuevo. Lo verdaderamente novedoso es que la inteligencia artificial generativa ha convertido esa vieja tendencia humana en una experiencia tecnológica cotidiana. Ya no solo utilizamos máquinas: conversamos con ellas, les contamos problemas, les pedimos consejo y, cada vez más, establecemos vínculos emocionales con sistemas diseñados para parecer humanos sin serlo. El problema comienza cuando olvidamos esa última parte.

La literatura científica empieza a advertir de sus consecuencias. Un estudio dirigido por Myra Cheng, de la Universidad de Stanford, publicado en Science, ha analizado la llamada adulación o sycophancy de los grandes modelos de lenguaje. Los investigadores comprobaron que estos sistemas tienden a validar al usuario con mayor frecuencia que las personas, incluso ante conductas perjudiciales o ilegales. En tres experimentos, una sola interacción con una IA aduladora redujo la disposición de los participantes a asumir responsabilidad y reparar conflictos interpersonales, al tiempo que aumentaba su convicción de tener razón. Y, pese a ello, los usuarios tendían a confiar y preferir esas respuestas complacientes. (1)

Otros investigadores, Sean Kelley y Christoph Riedl, de Northeastern University, han observado que la personalización de estos sistemas puede aumentar la alineación afectiva con el usuario y que, cuando la IA adopta un papel de igual o de “amigo”, puede disminuir su independencia epistemológica: es decir, su capacidad para mantener una posición propia frente a las creencias del interlocutor. (2)

Esto tiene una evidente dimensión sanitaria. Una IA que simula empatía, recuerda nuestras conversaciones, utiliza nuestro nombre y está permanentemente disponible puede convertirse en confidente de personas vulnerables. Pero simular empatía no equivale a sentirla, y ofrecer consuelo no equivale a prestar asistencia sanitaria. El riesgo aparece cuando confundimos ambas cosas y otorgamos autoridad emocional o clínica a un sistema que, en realidad, optimiza respuestas.

Y aquí aparece una paradoja regulatoria: China ha llegado antes que Europa. Desde el 15 de julio de 2026 está vigente en China la Medida Provisional para la Administración de los Servicios de Interacción Antropomórfica mediante Inteligencia Artificial, aprobada conjuntamente por cinco organismos estatales. La norma define específicamente estos servicios y persigue promover su desarrollo saludable al tiempo que limita riesgos para la seguridad, la salud, los menores y los derechos de los ciudadanos. Además, se apoya expresamente en la Ley de Ciberseguridad, la Ley de Seguridad de Datos, la Ley de Protección de la Información Personal y el Reglamento para la Protección de los Menores en Internet. (3)

La diferencia con Europa es significativa. El Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial ha construido uno de los marcos horizontales más ambiciosos del mundo, basado en categorías de riesgo, derechos fundamentales y obligaciones de transparencia. Su artículo 50 obliga, entre otras cuestiones, a informar a las personas cuando están interactuando con un sistema de IA y establece deberes específicos respecto de determinados contenidos sintéticos. (4)

Pero informar de que hablamos con una máquina no resuelve qué ocurre cuando empezamos a relacionarnos emocionalmente con ella como si fuera una persona. Ahí está el vacío. Europa ha regulado la inteligencia artificial desde el riesgo, la transparencia y los derechos fundamentales, pero todavía no ha desarrollado un marco específico para ese nuevo territorio situado entre tecnología, psicología y salud: la relación afectiva entre seres humanos y máquinas.

No se trata de prohibir que una inteligencia artificial resulte amable, cercana o incluso reconfortante. Se trata de impedir que su capacidad para parecer humana termine convirtiéndose en una herramienta de dependencia, persuasión o manipulación emocional. Europa quiso adelantarse al mundo regulando la inteligencia artificial. En antropomorfismo, esta vez, China se le ha adelantado a Europa. Conviene tomar nota e incorporar cuanto antes una regulación específica que proteja a los usuarios sin frenar la innovación.

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Referencias bibliográficas

1. Cheng M, Lee C, Khadpe P, Yu S, Han D, Jurafsky D. Sycophantic AI decreases prosocial intentions and promotes dependence. Science. 2026;391(6792):eaec8352. doi:10.1126/science.aec8352.

2. Kelley SW, Riedl C. Personalization Increases Affective Alignment but Has Role-Dependent Effects on Epistemic Independence in LLMs. PsyArXiv / arXiv. 2026. arXiv:2603.00024. doi:10.48550/arXiv.2603.00024.

3. Cyberspace Administration of China et al. Interim Measures for the Administration of Artificial Intelligence Anthropomorphic Interactive Services [人工智能拟人化互动服务管理暂行办法]. Order No. 21, published 10 April 2026; in force from 15 July 2026.

4. Unión Europea. Reglamento (UE) 2024/1689 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de junio de 2024, por el que se establecen normas armonizadas en materia de inteligencia artificial (Reglamento de Inteligencia Artificial), art. 50. DOUE L, 12.7.2024.