Andrés Gené, presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas.
Rigor frente al ruido: educar en salud también es cuidar
Andrés Gené Sampedro, presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas
El eclipse solar vivido este verano logró algo extraordinario: durante unas horas, millones de personas dirigieron su atención hacia la astronomía, la visión y la forma de observar el sol con seguridad.
Pero dejó también una enseñanza que va mucho más allá de este fenómeno y que merece una reflexión más amplia: cómo informamos sobre salud en un contexto en el que nunca habíamos tenido acceso a tanta información y, al mismo tiempo, resulta cada vez más difícil distinguir entre evidencia, opinión y ruido.
Cuando un acontecimiento despierta una gran expectación, la información circula con enorme rapidez. Junto a recomendaciones basadas en la evidencia aparecen opiniones, experiencias personales, mensajes incompletos y consejos de origen incierto. Las redes sociales amplifican su alcance y, en ocasiones, la notoriedad de un mensaje termina confundiéndose con su veracidad.
En salud, esa confusión puede tener consecuencias. Por eso, la educación sanitaria debe ser seria, rigurosa y comprensible. Y la prevención no puede empezar únicamente cuando una persona ya percibe que algo no va bien.
Informar con rigor no significa alarmar. Del mismo modo, evitar el alarmismo no puede significar minimizar los riesgos. El deber de los profesionales sanitarios es explicar qué puede ocurrir, cuál es el riesgo real, cómo puede prevenirse y qué debe hacer cada persona para proteger su salud. Y debe hacerse con un lenguaje claro, proporcionado y sustentado en el conocimiento científico disponible.
El eclipse ha sido un buen ejemplo. Mirar directamente el sol sin una protección adecuada puede provocar lesiones oculares. Por ello, desde el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas insistimos en la necesidad de utilizar sistemas específicamente diseñados para la observación solar y conformes con la normativa aplicable. Unas gafas de sol convencionales o soluciones improvisadas no proporcionan la protección necesaria.
El objetivo de ese mensaje nunca debe ser generar miedo. Al contrario: una buena educación sanitaria proporciona conocimiento para que las personas puedan actuar con seguridad y disfrutar de una experiencia sin asumir riesgos innecesarios.
La diferencia es fundamental. Un titular alarmista puede captar la atención durante unos segundos; una información sanitaria rigurosa puede modificar una conducta y prevenir un problema. El primero busca impacto; la segunda, comprensión.
Y esta reflexión trasciende la salud visual. Cada vez son más las cuestiones relacionadas con la salud que llegan a la ciudadanía a través de redes sociales, plataformas digitales y canales en los que conviven información científica, recomendaciones profesionales, opiniones y experiencias personales. El reto ya no es únicamente tener acceso a información, sino saber reconocer cuál es fiable.
Esta responsabilidad no corresponde únicamente a los profesionales sanitarios. Instituciones, administraciones, medios de comunicación, divulgadores y quienes generan contenidos dirigidos a la población debemos contribuir a crear un entorno informativo que permita distinguir entre evidencia científica, opinión y experiencia personal.
La viralidad no es evidencia. La exageración tampoco. Repetir una afirmación no la convierte en cierta y un testimonio individual, por legítimo que sea, no puede sustituir al conocimiento científico cuando se emiten recomendaciones sanitarias.
Los ópticos-optometristas tenemos una responsabilidad particular en todo lo relacionado con la salud visual. Nuestra proximidad a la ciudadanía nos sitúa en una posición privilegiada para informar, resolver dudas, corregir falsas creencias y traducir el conocimiento científico en recomendaciones comprensibles y útiles para la vida cotidiana.
Esa labor educativa forma parte esencial de nuestro compromiso como profesionales sanitarios. Debemos ejercerla con serenidad: sin magnificar los riesgos, pero sin ocultarlos; sin convertir cada recomendación en una amenaza, pero dejando claro cuándo existe un peligro evitable; sin simplificaciones que deformen la evidencia y sin tecnicismos que alejen a la población del mensaje que necesita comprender.
España volverá a vivir acontecimientos astronómicos excepcionales en los próximos años, con un nuevo eclipse total en 2027 y uno anular en 2028. Serán nuevas oportunidades para divulgar ciencia, fomentar la prevención y mejorar nuestra cultura de salud visual. Pero también para recordar algo aplicable a cualquier ámbito de la salud: ante la sobreabundancia de información, necesitamos más criterio, más conocimiento y fuentes fiables.
Educar en salud no consiste en decir a las personas que tengan miedo. Consiste en ofrecerles conocimiento fiable para que puedan tomar mejores decisiones.
Frente al ruido y la desinformación, más ciencia, más educación sanitaria y más rigor. Porque informar bien también es una forma de cuidar.