Cristina quería probar la industria farmacéutica, pero no quería pagar un máster de 8.000-10.000 euros para poder acceder a ella.

Cristina quería probar la industria farmacéutica, pero no quería pagar un máster de 8.000-10.000 euros para poder acceder a ella.

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La farmacéutica que se marchó a Irlanda en busca de la motivación perdida: "He crecido profesionalmente muchísimo"

Cristina Herreros lleva seis meses trabajando en un pequeño pueblo irlandés, donde ha encontrado la autonomía y responsabilidad clínica que echaba en falta en España

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Ya sea por sus paisajes o por la sensación acogedora que transmite su población, muchas personas ven en Irlanda un país con "algo especial". Así lo sentencia Cristina Herreros, farmacéutica madrileña que hace seis meses hizo las maletas y puso rumbo al país del clima verde y lluvioso en busca de nuevas oportunidades. Pero lo que comenzó como una vía para explorar otras salidas laborales se ha convertido en una experiencia que le ha permitido "crecer muchísimo profesionalmente" y ejercer la Farmacia desde una perspectiva diferente que en España, "mucho más clínica".

Una de las cosas más sorprendentes que Herreros ha encontrado está precisamente en el papel que desempeña el farmacéutico. "Aquí tienes mucha más responsabilidad clínica y puedes hacer muchas más cosas», explica a Redacción Médica. Entre ellas, destaca la posibilidad de realizar determinados servicios asistenciales, prescribir en algunas situaciones y recurrir al denominado emergency supply cuando un paciente necesita su medicación y no dispone de una receta válida. "Siento que aquí se confía mucho más en el farmacéutico", afirma, al tiempo que reconoce que este modelo le ha permitido recuperar parte de la motivación con la que salió de la carrera, perdida tras años trabajando en España.

Aunque reconoce que todavía es pronto para saber dónde estará dentro de unos años, Herreros tiene claro que su objetivo pasa por "seguir creciendo aquí profesionalmente y ver hasta dónde puedo llegar".

Cristina viajó a Irlanda como una oportunidad de cambiar de rumbo

Tras terminar la carrera y trabajar por varios años en la Farmacia Comunitaria, la madrileña comenzó a desencantarse de la profesión. "Me había generado bastante desgaste y llegó un punto en el que necesitaba parar y plantearme qué quería hacer con mi profesión", señala. Irlanda apareció entonces como una oportunidad para probar suerte en el extranjero y conocer de primera mano otro modelo de Farmacia. "Quería ver qué había fuera y si realmente había otras posibilidades para nosotros como farmacéuticos", detalla.

El proceso para empezar a trabajar en el país pasó por cumplir los requisitos necesarios para ejercer allí, como el reconocimiento del título, el registro en el Pharmaceutical Society of Ireland (PSI), un certificado de buena conducta o un buen nivel de inglés. El siguiente paso fue encontrar una farmacia en la que poder desarrollar su actividad. La oportunidad llegó con una oferta en un pequeño pueblo irlandés, que terminó por convencerla de lanzarse a lo desconocido. "No sabía muy bien qué me iba a encontrar, pero pensé que si no lo intentaba siempre me iba a quedar con la duda", señala. Seis meses después de hacer las maletas, reconoce que la experiencia está superando sus expectativas.

Pero no solo ha supuesto un cambio profesional, trasladarse a Irlanda ha supuesto para Herreros comenzar una vida totalmente nueva. Aunque, según afirma, la adaptación ha sido más sencilla de lo que esperaba, tanto por el ambiente de trabajo como por la acogida de la población. "La gente es muy amable y desde el principio me he sentido bastante integrada", asegura.

"Me había generado bastante desgaste y llegó un punto en el que necesitaba parar y plantearme qué quería hacer con mi profesión"

Más responsabilidad y nuevas funciones para el farmacéutico

La jornada de Herreros transcurre prácticamente por completo dentro de la sala de la farmacia. Allí recibe las recetas, prepara y dispensa los medicamentos, comprueba los tratamientos y atiende las consultas de los pacientes. "Solo sales cuando un paciente te necesita o tú quieres", explica la sanitaria, que asegura que este método permite un "menor desgaste". Pero no significa que el trabajo sea más sencillo. "Tienes que estar mucho más pendiente de lo que estás haciendo y de por qué lo estás haciendo", añade.

Las consultas son una parte importante de su rutina, desde dudas sobre la medicación hasta consejos ante problemas de salud en los que el propio farmacéutico puede intervenir. Es el caso del conocido como emergency supply. "Si una persona se ha quedado sin medicación y no tiene receta, podemos valorar si se la podemos dispensar", explica. Un problema que, según apunta, genera muchos dolores de cabeza en España. Asimismo, médicos y farmacéuticos tienen una línea directa para las consultas de los pacientes.

A esta forma de ejercer se suma otra posibilidad laboral que también ha conocido de cerca. Existen los conocidos como locum, farmacéuticos autónomos que van cubriendo turnos en diferentes establecimientos y que se ha convertido en una opción bastante habitual. "Durante las primeras semanas, tenía un compañero nuevo cada día", ejemplifica. Pueden llegar a cobrar entre 60 y 100 euros la hora, según explica Herreros, frente a los entre 35 y 40 euros que suele percibir un farmacéutico fijo. "Me salen alarmas en la aplicación de que a lo mejor hay turnos de 100 euros la hora, ocho horas", subraya sorprendida.

"Si vuelvo a España, no me veo ejerciendo como farmacéutica"

Aunque solo lleva seis meses en Irlanda, Herreros ya tiene claro que su experiencia ha cambiado la forma en la que entiende su futuro profesional. "He recuperado parte de esa motivación con la que empecé la carrera", asegura. Su llegada también le ha obligado a ponerse al día en conocimientos que, reconoce, "había dejado de utilizar durante sus años en oficina de farmacia".

"La gente de 20 años está mucho más preparada en la parte farmacológica y clínica que yo, que tengo casi 30", admite. Ha tenido que retomar los apuntes de la universidad.

Conocer un modelo que ofrece mayor autonomía a los profesionales sanitarios también ha reforzado su idea de seguir formándose en distintos sitios. Una posibilidad que, además, puede explorar sin tener que asumir el coste de un máster para aspirar a algo más. "A lo mejor en un año meterme en un hospital y coger mucha experiencia", plantea la farmacéutica, que asegura "estar aprendiendo como nunca".

Pero también cree en un futuro de vuelta en España, aunque lejos de la profesión. "Si vuelvo, no me veo ejerciendo como farmacéutica", afirma. No se trata, explica, de renunciar a su país, sino de que ahora conoce otras posibilidades y ha comprobado que existen formas diferentes de ejercer lo que le apasiona.