Jóvenes estudiando una oposición

Jóvenes estudiando una oposición / Envato

MIR

El 'muro' del examen MIR y la tentación de abandonar la preparación: “No alcanzar la perfección les supone problemas”

Fernando de Teresa, director académico del MIR en CTO, explica en Redacción Médica cuándo aparece el 'muro', cómo reconocerlo y cuándo conviene pedir ayuda

Y además: Terminar Medicina a contrarreloj para llegar al MIR 2027: "No quería dejar pasar la oportunidad"

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Los corredores de fondo lo conocen bien. En un punto de la maratón, las piernas pesan, la cabeza empieza a negociar y la meta parece más lejos que nunca. Lo llaman el 'muro', ese momento en el que el cuerpo y la mente se rebelan y la tentación de abandonar es más fuerte. Lo cierto es que la preparación del examen MIR es una carrera de fondo y cuenta con su propia versión.

Meses de estudio diario, simulacros semana tras semana y un examen único en el que te lo juegas todo. En algún momento de ese recorrido, casi todos los aspirantes chocan contra su muro. "Casi todos los aspirantes pasan por esa situación, aunque no hay una fecha concreta en la que ocurra", explica a Redacción Médica Fernando de Teresa, director académico del MIR en CTO.

A unos les sucede antes y a otros después, pero suele coincidir con etapas en las que el opositor siente que domina poco la materia. Según De Teresa, es más probable en verano o en la parte final de la preparación, y las dudas pueden aparecer también en septiembre u octubre. "Después, cuando se va adquiriendo un mayor dominio, es mucho menos probable que ocurra".

Es cierto que hay personas que no llegan a vivirlo con intensidad, pero la sensación de fondo es casi universal. "Las dudas sobre su avance y su capacidad las tiene prácticamente todo el mundo", asegura.

Perder la sensación de control

El origen de esta preocupación está en la propia naturaleza de la prueba. Se trata de una preparación larga para un examen con fecha fija y en la que el opositor se juega todo en un solo día. Cuando todavía faltan meses, aparece la impaciencia por sentir que se avanza y que todo está bajo control. "Esa pérdida de la sensación de control es lo que lo provoca", resume el director académico de CTO.

La espera semanal de progresos es lo que frustra al opositor, pero la realidad es que el estudio no funciona así. "No todas las semanas tienes datos objetivos que te permitan ver claramente que estás avanzando", explica. Y ese vacío de certezas abre la puerta a las dudas. De este modo, más allá de las notas, el 'muro' se detecta en el estado de ánimo del estudiante. "Cuando los alumnos entran en esa fase, tienden a experimentar más bloqueo, ansiedad, tristeza o cansancio", describe De Teresa.

"No se está jugando la vida de los pacientes ni su propio prestigio profesional"

Sin embargo, sentirse así de vez en cuando es normal, pero la señal de alerta llega cuando el estado emocional se instala en esos extremos. A veces se acompaña de una caída de rendimiento en algunas evaluaciones o durante la semana que se atraviesa ese bache. Para tener conciencia de todo ello, hay que hacer una cosa muy sencilla: saber que existe.

Desde CTO destacan que en su programa de preparación graban vídeos casi cada semana sobre cómo sobrevivir a la preparación, en los que explican estas fases, sus causas y, sobre todo, que son normales. "Así pueden afrontarla mejor, sabiendo que no es algo que les pasa solo a ellos, sino que le sucede a prácticamente todo el mundo".

Fernando de Teresa, director académico del MIR en CTO

Fernando de Teresa, director académico del MIR en CTO / Cedida

¿Cuándo pedir ayuda?

Cabe destacar que este 'muro' puede pasar de un simple bache a un problema serio en función de su impacto en el opositor. De este modo, conviene pedir ayuda, incluida la psicológica, "cuando ves que interfiere claramente en tu rendimiento personal, que te provoca falta de concentración o de motivación, o que incluso empiezas a no dormir bien", señala De Teresa.

En esos casos, la academia pide a los alumnos que se pongan en contacto con ella, aunque también cuenta con un programa en el que, si detecta señales de alarma en los simulacros o en el registro emocional del campus, son ellos quienes llaman al alumno. Pese a todo, son pocos quienes tiran la toalla. De Teresa lo atribuye a que, en el MIR, conseguir una plaza está "relativamente al alcance de la mano". "El año pasado sobraron plazas, y lo que más te juegas es la posibilidad de elegir aquello que quieres", recuerda.

De hecho, los abandonos suelen responder a otras causas: un problema personal serio o una situación familiar grave que impide estudiar en condiciones. "En esos casos, suelen preferir dejarlo para cuando la situación mejore".

Algo que le pasa a todos

A quien esté en pleno muro, De Teresa le pide, ante todo, que lo entienda y se adapte. "Que comprenda que es algo normal, que no le pasa solamente a él, que todos tenemos dudas". Y que no se hunda por unas semanas malas. "Todo tiene solución, recuperación y respuesta".

También aconseja tomar distancia de las comparaciones, de la presión excesiva y del entorno. Y poner el examen en su sitio. "No se está jugando la vida de los pacientes ni su propio prestigio profesional. Al fin y al cabo, es un examen distributivo. Aprenderán a ser médicos de verdad cuando empiecen a ejercer la profesión". Detrás de muchos bloqueos, apunta, hay una exigencia desmedida. "Lo que ellos buscan es la perfección, y no poder alcanzarla es lo que les supone más problemas".

"Esto no es una competición contra nadie: están compitiendo consigo mismos y buscando su mejor versión"

Por otro lado, el entorno familiar de los opositores también cuenta con un papel protagonista. Es por ello que se aconseja a las familias ofrecer "un apoyo completo" y valorar el trabajo del opositor, animándole a buscar el resultado por sí mismo, "sin tener que demostrarle nada a nadie". Este apoyo debe ser "incondicional", donde se reconozca el esfuerzo, salga como salga el examen, y no solo el de estos meses, sino el de todos los años de carrera. "El resultado del examen no determina nada más que su posición en un orden para elegir plaza".

Simulacros, rankings y competir con uno mismo

Los simulacros y las clasificaciones de las academias también pueden alimentar la ansiedad. "Sí, pueden contribuir, por supuesto", admite De Teresa. Pero defiende su utilidad como referencia, no como competición. "No es lo mismo obtener una puntuación determinada, por ejemplo, 100 puntos sobre 200, en un examen fácil que en uno difícil". El objetivo, explica, es contextualizar cada resultado para que el alumno ajuste su estudio.

Rebajar la dificultad tampoco sería una solución. Prepararlos con exámenes fáciles los haría sentirse bien durante meses, pero podrían venirse abajo el día que se juegan todo ese trabajo si el MIR real les resulta mucho más complicado. El mensaje que repiten, dice, es otro. "Esto no es una competición contra nadie: están compitiendo consigo mismos y buscando su mejor versión". Como en la maratón, el muro no se salta. Se atraviesa, a su ritmo, sabiendo que al otro lado sigue habiendo carrera.