Médicos residentes.

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Ángel, el médico que sobrevivió a la residencia y hoy ayuda a otros MIR: "Sufrí mi primer ataque de ansiedad en una guardia"

Tras una residencia de Cirugía General marcada por la ansiedad y la depresión, Ángel Gávila cuenta en Redacción Médica su experiencia y la creación de Super Residente, un proyecto para que los MIR no se dejen la salud por el camino

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Era una de las últimas guardias de su primer año de residencia. Su residente mayor y los dos adjuntos de guardia habían subido a quirófano por una cirugía que se había complicado. En ese momento, Ángel Gávila se quedó solo para cubrir Urgencias, la planta de Cirugía y las de otras especialidades sin adjunto de guardia. "En menos de diez minutos me llamaron por seis emergencias. Yo miraba atrás y no había nadie más que pudiera atender a ese paciente, y yo no me sentía preparado para eso", recuerda. Cuando colgó la última llamada, se encerró en un lavabo. "Empecé a llorar y a llorar". Fue su primer ataque de ansiedad.

Aquel cirujano en formación sigue haciendo guardias, se ha formado como actor y dedica buena parte de su tiempo a que otros residentes no pasen por lo mismo. Está convencido de que su caso no es una excepción. "Ahora mismo, mientras hablamos tú y yo, hay algún residente en un hospital de este país en un lavabo llorando, diciendo que no puede más", explica durante su entrevista con Redacción Médica. Lo cierto es que nada en el entorno de Gávila apuntaba a la medicina. Nadie en su familia ni en su círculo cercano era médico. "La verdad es que fui un poco por inercia. Me dio la nota y entré", afirma.

En cuanto a la carrera, Gávila reconoce un problema que se arrastra en prácticamente todo el sistema universitario. "Puedes saber cómo funciona la mitocondria, pero no tienes ni idea de qué hacer si alguien se desmaya delante de ti cuando sales de la carrera". Después llegó el año de preparación del MIR y un examen que define como "muy raro", con preguntas que nunca volvió a necesitar.

Además, pensó en hacer la residencia fuera de Barcelona, su ciudad, sin embargo, eligió la especialidad de Cirugía General en un hospital de la Ciudad Condal, algo que a día de hoy agradece. "Si le hubiera tenido que añadir la incertidumbre de vivir fuera, sin conocer a nadie y sin ninguna ayuda, no sé si la hubiera podido acabar", cuenta el médico.

La "estafa" de la residencia

Sin embargo, su discurso principal gira en torno a la experiencia que tiene que vivir un médico durante su residencia en un hospital, la cual tacha de "estafa". "Para esto he estado yo estudiando media vida, con notas altas, toda la carrera de Medicina y el MIR, para llegar aquí y encontrarme con que soy el último mono", detalla. Se trata de un sistema "absolutamente jerarquizado" que se sostiene sobre el trabajo de los residentes. "Lo que yo vivía, y lo que viven muchos residentes hoy en día, es una explotación". Paciente tras paciente durante más de 24 horas y, al día siguiente, a pasar planta o a quirófano, "porque si no eras un mal residente".

A esto se le suma un problema que lleva arrastrando bastante tiempo el sistema sanitario español: las guardias. Antes te llamaban si había una emergencia por la noche y podías descansar entre aviso y aviso. "Ahora es un turno continuo: después de tus ocho horas trabajando tienes otras 16 horas, o más, de no parar de ver pacientes". Todo este relato encaja con las cifras, pues el informe Ikerburn de la Organización Médica Colegial, publicado en noviembre de 2025 a partir de una encuesta a más de 1.400 médicos jóvenes, encontró síntomas de burnout en el 93,9% de los residentes.

"La sensibilidad en un médico es un don"

De hecho, la mitad, el 50,9%, cumplía los criterios completos del síndrome y las especialidades quirúrgicas registraban la prevalencia más alta en el hospital, un 54,5%. El mismo informe señala a las guardias. El agotamiento era mayor entre quienes hacían más de cinco al mes, y el 43,6% de los encuestados reconocía no descansar lo suficiente después.

Sin embargo, la normativa fija límites, ya que el Real Decreto 1146/2006, que regula la relación laboral de los residentes, establece un máximo de siete guardias al mes y 12 horas de descanso tras 24 de trabajo ininterrumpido, aunque admite excepciones. Y el Real Decreto 183/2008 exige que la supervisión de los R1 sea "de presencia física". Con todo, Sanidad ultima un nuevo real decreto que rebajaría ese máximo a cuatro guardias al mes y eliminaría las de 24 horas.

Ángel Gávila, cirujano general y actor

Ángel Gávila, cirujano general y actor / Cedida

"Nadie veló por mi salud"

Aquella guardia de R1 fue solo el principio. Durante la residencia, Ángel pasó por una depresión y varios ataques de ansiedad, algo que nunca antes había vivido. Se despertaba a las cinco de la mañana con taquicardia y no podía volver a dormirse. Muchos días lloraba antes de entrar al hospital. Le salió un eritema en la muñeca que no desapareció, ni con cremas ni con nada, hasta que terminó la residencia. En los peores momentos, admite, llegó a plantearse que nada merecía la pena.

"El estrés crónico que se vive en la residencia no es en vano. Tiene su repercusión en el cuerpo del residente", advierte. Aunque lo que más le duele es la indiferencia que encontró. "Nadie veló por mi salud en ningún momento. Yo estaba con una depresión y a nadie le importó mientras siguiera haciendo mis guardias y atendiendo a pacientes". Si logró terminar, explica, fue porque se formó por su cuenta en gestión emocional y hábitos saludables, herramientas que le protegieron de lo que llama "la trituradora que es la residencia".

"Estoy aquí para decir que otra residencia es posible"

Pero no solo eso, pues a la presión asistencial se sumaban la "hostilidad de urgencias" y la jerarquización del servicio, resumida en frases como "aguanta, porque todo el mundo ha aguantado". Ángel cuenta a este medio que le llegaron a decir que era demasiado sensible para la especialidad, cuando "la sensibilidad en un médico es un don. Tratas con vidas, con personas que necesitan tu ayuda y que están sufriendo", explica.

En este sentido, los tutores de residentes cobran especial protagonismo, y aunque en su caso tuvo una buena experiencia, hay muchos casos de residentes cuyos tutores velan "por las necesidades del servicio" antes que por las suyas, o que les sugieren dejarlo si no pueden con la presión. "Dejemos de perpetuar un sistema que te trituró y que sigue triturando a otros residentes". Para él, el tutor debería acompañar, escuchar, crear un espacio seguro y pelear por mejorar las condiciones de sus residentes.

De la experiencia propia a ayudar a otros

Al terminar la residencia, Gávila llevó lo que había vivido a un escenario con Pijamas verdes, un musical autobiográfico. Tras cada función se abre un coloquio en el que muchos residentes cuentan experiencias "igual de desagradables" que la suya. De ahí nació también un libro, Manual del superviviente: Cómo sobrevivir a las guardias y no morir en el intento.

La obra de teatro llegó a una fundación que da apoyo a sanitarios con problemas de salud mental, y juntos crearon dos cursos. El primero se centra en la guardia, "uno de los elementos estresores por antonomasia" de la residencia, y enseña lo que él tuvo que aprender para sobrevivir a ellas: hábitos saludables, mentalidad y alimentación. El segundo ataca una de las frases que más se repiten entre los MIR, "no tengo tiempo para nada", y enseña a priorizar y a poner límites "para que la residencia no se lo coma todo". Ya suman más de diez ediciones en diez hospitales de toda España.

Esas formaciones le convencieron de que hacía falta algo más continuo; por ello, hace alrededor de un mes lanzó en solitario Super Residente. Por un lado, publica vídeos en sus redes sociales sobre lo que se vive en las guardias, para que los residentes vean "que no es algo que les pasa a ellos solos". Por otro, organiza un encuentro semanal online: él abre con "una píldora de conocimiento" y después los residentes plantean situaciones concretas que intentan resolver entre todos. "Es un espacio seguro para los residentes", resume.

Todo parte de una idea: que el residente deje de ser una pieza más del engranaje. "No es una incógnita de la ecuación, sino la parte central". Desde ahí trabaja herramientas concretas. Una es la alimentación antes, durante y después de la guardia, con pautas antiinflamatorias para compensar el estrés, porque el cortisol elevado baja las defensas. "El típico herpes después de un doblete o el catarro después de una guardia: ¿por qué pasa? Porque baja la inmunidad". Otra, la mentalidad para no sucumbir a la presión. Y, sobre todo, la capacidad de poner límites "a un sistema hostil que no vela por tu salud ni por tu seguridad".

Los mensajes que recibe le confirman que el problema sigue siendo un tabú. Hace poco le escribió una residente de Urgencias para darle las gracias: "¿Cómo te has atrevido a decir todo esto que nadie dice?". Con Super Residente quiere llegar a más residentes y más hospitales. Insiste en que lo que él vivió es frecuente, pero no debería considerarse normal. "Estoy aquí para decir que otra residencia es posible". El lema de su proyecto lo resume: "Primero tú y después la residencia".