Anna Rosell, jefa del grupo de Enfermedades Neurovasculares del VHIR, junto al equipo de investigación del estudio.

Anna Rosell, jefa del grupo de Enfermedades Neurovasculares del VHIR, junto al equipo de investigación del estudio. VHIR

Catalunya

Nuevos biomarcadores para predecir la recuperación tras un ictus: "Se olvida la fase de rehabilitación"

Un estudio multicéntrico del VHIR identifica moléculas asociadas a la mejora funcional durante la rehabilitación

Y además: El enemigo invisible tras un ictus: descubren por qué la mitad no se recupera pese a retirar el coágulo

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Hoy, 29 de octubre, con motivo del Día Mundial del Ictus, la investigación vuelve a poner el foco en una enfermedad en la que el tiempo es fundamental. Actualmente, para confirmar un ictus hace falta una imagen del cerebro. Según explica a Redacción Médica Anna Rosell, jefa del grupo de Enfermedades Neurovasculares del Vall d'Hebron Instituto de Investigación (VHIR), “de toda la gente que tiene un ictus, un tercio muere, un tercio lo supera sin ningún tipo de secuela neurológica, pero un tercio sobrevive con algún tipo de déficit funcional, sea motor, sea cognitivo”. Ese último grupo es el que pasa a rehabilitación, una fase que puede durar entre seis meses y un año.

Es precisamente en esa fase donde se centra un nuevo estudio, publicado en Scientific Reports, que ha identificado tres biomarcadores relacionados con la reparación del cerebro tras el ictus: la endostatina, el GDF-10 y el uPAR. Medidas en la fase muy aguda de la enfermedad, “estas moléculas se asocian con la evolución posterior del paciente”, y sus cambios durante la rehabilitación acompañan a la mejora funcional. En el caso de la endostatina, que inhibe la formación de vasos y la plasticidad neuronal, los niveles elevados se relacionan con peor pronóstico: “Aquellos enfermos que consiguen reducir más los niveles de endostatina son los que tienen una mejora funcional”.

La investigadora subraya que el hallazgo “no debe confundirse con una terapia”. La idea es complementar el programa de neurorrehabilitación. “Nosotros no podemos ver qué está pasando en el cerebro cuando una persona está haciendo terapia rehabilitadora, y creemos que estas moléculas son la imagen de lo que está pasando”, explica. Si en el futuro se confirmara su utilidad, el médico podría disponer de “una información extra para ajustar las terapias y prever las expectativas de recuperación de cada paciente”.

Para llegar ahí, el siguiente paso es validar los resultados, y de momento falta el respaldo económico. “Es una información que está publicada, y no pasará nada más si nadie tiene dinero y hace un estudio mucho más grande que lo valide”, señala Rosell. La propuesta sería reproducir el trabajo con entre mil y 1.500 pacientes de centros de toda Europa, con muestras nuevas, para fijar los umbrales de estas moléculas con suficiente sensibilidad y especificidad. “Has encontrado algo nuevo que no había dicho nadie, y ahora lo que tienes que hacer es validarlo”, resume.

Rehabilitación: la fase olvidada del ictus

Para la investigadora, uno de los valores del trabajo es haber puesto el foco donde casi nadie mira: “La investigación en biomarcadores es brutal hoy en día, pero todo el mundo se olvida un poco de la fase de rehabilitación”. Mientras que el ictus se trata como una enfermedad hiperaguda que hay que atender muy rápido, y ahí se concentra gran parte de la investigación, una vez los pacientes pasan a rehabilitación “hay muchos menos estudios”.

El contexto más amplio, explica, es que hoy los tratamientos son agudos: “Todavía no tenemos fármacos que protejan el cerebro mientras sufre el daño”. A la vez, la investigación en biomarcadores avanza en otras fases, como el diagnóstico: poder detectar un ictus, y distinguir el isquémico del hemorrágico, con una gota de sangre o una muestra de saliva. Es una línea prometedora que, recuerda, “todavía no se ha implementado en la clínica”.

El estudio siguió durante seis meses a más de 60 pacientes

El proyecto arrancó hace unos diez años, hacia 2014, con financiación del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), y recogiendo muestras solo en el centro de los investigadores. Más tarde se amplió a un estudio multicéntrico en España. Se siguió durante seis meses a más de sesenta pacientes que habían sufrido un ictus, isquémico o hemorrágico, y que quedaron con un déficit funcional que requería rehabilitación. Se les evaluó al ingresar en la unidad de rehabilitación y a los tres y seis meses, con una analítica de sangre y una exploración funcional exhaustiva en cada visita. A algunos pacientes también se les practicó una resonancia magnética.

De momento, no hay un nuevo tratamiento ni una analítica lista para usar en la consulta. Los investigadores han identificado unas moléculas que podrían convertirse en una herramienta para seguir la recuperación de los pacientes con ictus, y lo han hecho en una fase de la enfermedad que recibe poca atención: la rehabilitación.