Mariela Checa, decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental.
Opinión de Mariela Checa, decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental
La salud mental ocupa hoy un
lugar destacado en el debate público. Está en los discursos, en los programas, en las campañas y en las declaraciones institucionales. Y eso, sin duda, supone un avance. Durante años, el sufrimiento psicológico permaneció demasiado invisibilizado o relegado a respuestas vacías. Sin embargo, ante un
nuevo escenario electoral en Andalucía, las organizaciones políticas deben asumir una cuestión esencial:
la salud mental no puede ser solo una etiqueta electoral ni una declaración de intenciones; debe convertirse en una política pública sostenida, evaluable y dotada de profesionales suficientes los 365 días del año.
Desde el Colegio Oficial de la Psicología de Andalucía Oriental, venimos insistiendo en una idea clara: no habrá una mejora real de la atención a la salud mental si no se incorpora de forma decidida a
más profesionales de la
Psicología en la sanidad pública, no solo para atender el daño cuando ya se ha producido, sino también para
prevenirlo y promover salud psicológica desde los primeros niveles de atención.
La sanidad pública andaluza necesita
reforzar la presencia de profesionales de la Psicología en Atención Primaria, en
programas de prevención, en intervención comunitaria, en atención a personas con enfermedades crónicas, en salud perinatal, en infancia y adolescencia, en envejecimiento, en duelo, en soledad no deseada, en
prevención de suicidio y en situaciones de alta vulnerabilidad. No podemos seguir actuando únicamente cuando el sufrimiento ya se ha cronificado o cuando la persona llega al sistema en una situación límite.
Por eso, una de las demandas centrales que deberían contemplar las agrupaciones políticas de cara al próximo gobierno andaluz es
la creación y consolidación de servicios especializados de Psicología dentro del sistema público. Servicios con identidad propia, con profesionales cualificados, con circuitos de derivación claros y con capacidad real de intervención. La Psicología
no puede quedar diluida en respuestas genéricas ni depender de recursos insuficientes. Es una disciplina sanitaria imprescindible para afrontar los retos actuales de salud pública.
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"No podemos seguir actuando únicamente cuando el sufrimiento ya se ha cronificado"
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Pero la salud mental no empieza ni termina en el sistema sanitario. Buena parte de la prevención debe realizarse antes, en los
espacios donde se desarrolla la vida cotidiana. Y en este punto, el ámbito educativo es fundamental.
Profesionales de la Piscología en Educación
En Andalucía se ha realizado un
trabajo muy valioso con Educación en materia de prevención del suicidio y de las autolesiones en centros educativos. Ese camino debe reconocerse y, sobre todo,
debe continuar. La sensibilización, la formación y los protocolos son necesarios. Pero no son suficientes si no van acompañados de profesionales especializados.
Los centros educativos
no pueden cargar en solitario con una realidad cada vez más compleja: malestar emocional adolescente, autolesiones, ideación suicida, acoso, violencia, problemas de convivencia, aislamiento social, uso problemático de tecnologías, ansiedad, dificultades familiares y vulnerabilidad psicosocial. El profesorado cumple una función esencial, pero no puede asumir sin apoyo especializado responsabilidades que
requieren formación psicológica específica.
Por ello, otra reivindicación irrenunciable es la
incorporación estable de psicólogas y psicólogos educativos en los centros. No como recurso puntual, no como programa piloto aislado, no como respuesta excepcional ante la crisis, sino
como parte estructural del sistema educativo, esto ya se está realizando en otras comunidades autónomas. La
Psicología Educativa es clave para la prevención, la detección temprana, el acompañamiento al alumnado, el asesoramiento a familias, el apoyo al profesorado y la mejora de la convivencia.
Esta demanda no es corporativista. Es una demanda de
calidad, prevención y responsabilidad pública. Si queremos proteger de verdad la salud mental de la infancia y la adolescencia, debemos estar presentes antes de que el sufrimiento se convierta en urgencia sanitaria, fracaso escolar, aislamiento o conducta de riesgo.
A las formaciones políticas que aspiran a gobernar Andalucía hay que pedirles
claridad y compromiso. No basta con afirmar que la salud mental importa. Hay que concretar cómo, con qué recursos, con qué profesionales, con qué calendario y con qué presupuesto. La salud mental
no puede depender de campañas coyunturales ni de respuestas reactivas. Necesita planificación, continuidad y coordinación entre Sanidad, Educación, Servicios Sociales y Justicia.
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"A las formaciones políticas que aspiran a gobernan Andalucía hay que pedirles claridad y compromiso"
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Andalucía necesita una
estrategia ambiciosa que contemple, al menos, cuatro líneas prioritarias: más Psicología en la sanidad pública; servicios especializados de Psicología para responder a necesidades concretas de la población; psicólogos y psicólogas educativas en los centros; y una
verdadera política de prevención y promoción de la salud psicológica a lo largo de todo el ciclo vital.
También es imprescindible contar con los colegios profesionales como interlocutores. Los colegios no solo representan a la profesión; también
velan por la calidad del ejercicio, la ética, la formación continua, la buena praxis y la protección de la ciudadanía. Cualquier política pública seria en materia de salud mental debe construirse escuchando a quienes conocen la realidad profesional, las necesidades de la población y las carencias del sistema.
La salud mental se ha convertido en una
preocupación social de primer orden. Ahora debe convertirse en una prioridad política real.
Las próximas elecciones deben servir para
elevar el nivel del debate. Andalucía necesita estructura, profesionales, prevención, servicios públicos sólidos y voluntad de continuidad.
Porque la salud mental
es un derecho. Debe ser una realidad garantizada cada día.
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