Algunos profesionales utilizan la vuelta al trabajo como una vía de escape al dolor, pero no es un proceso fácil

Médicas y enfermeras que se enfrentan al desafío de volver a su rutina laboral tras la pérdida de un ser querido.


18 jun. 2023 11:50H
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Cuando el corazón se rompe por la pérdida de un ser querido, la vida parece detenerse. Pero no lo hace. El dolor del duelo en muchos casos se entrelaza con las responsabilidades laborales y la situación se complica cuando tu trabajo tiene una relación directa con la vida y la muerte. Este es el caso de muchos médicos y enfermeros que, incluso en la adversidad, han sacado fuerzas para seguir cuidando de los demás.

Volver al trabajo es una vía de escape para muchos sanitarios. Algunos lo utilizan como la forma de salir hacia adelante, despejar, y superar el luto. Pero este proceso no es fácil y supone un desafío al que se tienen que enfrentar cada mañana y, aunque muchos lidien con la muerte a diario, afrontar estas situaciones les resulta tan complejo como a cualquier otro.

Virginia es jefa de Sección de Neurofisiología Clínica. A lo largo de su vida laboral se ha tenido que enfrentar a cuatro periodos de luto, pero el último, tras perder a su hijo en diciembre, ha sido el más duro para ella. Se encontraba de vacaciones por Navidad en ese momento pero, a pesar de tener la opción de solicitar la baja, decidió incorporarse a su puesto cuando estas finalizaron. “Pensé que si me quedaba en casa la que se moría era yo”, explica.

Para ella este proceso no ha sido fácil. “Solo levantarte cada mañana y enfrentarte al hecho, ya es el primer desafío” señala. “Ir a trabajar te supone un mundo y hay días que no quieres moverte, pero eso a su vez ayuda, porque pienso que tengo que seguir con mi vida y que voy a ayudar a otras personas”, comenta.

Desde fuera, lo que puede parecer una historia de superación y resiliencia, no es más que una pesadilla. Por eso, a veces es importante cuidar las palabras a la hora de tratar con una persona que está sufriendo un duelo. “Te dicen que eres muy fuerte, pero no lo soy. Soy muy débil y lo estoy pasando muy mal, pero no me queda otro remedio que seguir adelante, aceptar lo que ha pasado y llevar a mi hijo conmigo”.

“A veces las personas caen en tópicos que, en lugar de ayudar, me hacen daño”, explica.  “Me dicen que la muerte de un hijo es lo peor que me puede pasar, pero yo eso ya lo sé, no necesito que me lo recuerdes”. Para ella, muchas veces un abrazo “ayuda más”.


"Es mejor pasar el luto que apagarlo con fármacos"



Hablar del duelo, a menudo, significa hablar de fármacos antidepresivos. Por eso, Virginia ha querido hacer mención a la “alta tendencia” que existe para “medicalizar el duelo”. En su opinión, es esencial “dejarlo fluir, pero sin sufrir demasiado”. “En la medida de lo posible, en lo que podamos soportar, es mejor pasar el luto que apagarlo con fármacos”.

Y, sobre todo, no olvidar que “aunque a veces parezca que podemos solos, es imposible”, por eso es vital trabajar con profesionales que ayuden en todo lo que puedan, porque “nunca se va a pasar el dolor, pero te van a ayudar a seguir con tu vida”.


El apoyo de los compañeros, un aspecto fundamental


Raquel es enfermera en una Unidad de Geriatría y perdió a su madre tras la pandemia por un derrame cerebral totalmente inesperado. Esto supuso un momento muy duro para ella. La impotencia de no haber podido hacer nada, a pesar de sus conocimientos, la dejaron realmente “hundida”.

“Tuve que coger la baja porque me fue muy complicado asumir lo que había pasado, ya que mi madre era muy joven”, explica. Permaneció lejos de su trabajo durante dos meses en los que recuerda que “desapareció”. “Tuve que coger el alta porque estaba superhundida y no podía pasarme todo el día en la cama”.

Según ha detallado, empezar a trabajar le vino bien, aunque por supuesto, no fue fácil. Lo más complicado, para ella, ha sido enfrentarse a pacientes que comparten el nombre con su madre. “Va a hacer dos años y medio, pero todavía me cuesta hablar de ello”, declara.


"Si no fuese por mis compañeros, no habría podido segur trabajando"



Raquel lleva muchos años trabajando en una Unidad donde, “por ley de vida”, ha visto morir a muchas personas. Tal y como explica, a pesar de que llega un momento en el que “te haces a esa situación”, desde luego, la cosa cambia cuando tú te encuentras en un proceso de duelo.

“La gente piensa que cuando eres médico o enfermero estás por encima de cualquier mal de este tipo, ves a gente morir todos los días y tienes que estar acostumbrada, pero no es lo mismo, ni por asomo”, comenta Raquel. “Si no hubiera sido por mis compañeros, que me han ayudado mucho, se me habría hecho muy cuesta arriba”, señala. El apoyo de su equipo ha sido fundamental para ella. “Sin ellos no habría podido seguir trabajando”.


El luto por suicidio y las mil preguntas que lo acompañan


Al igual que Virginia y Raquel, Consuelo encuentra en su trabajo un refugio para lidiar con su duelo, aunque para ello necesitó cambiar su puesto como enfermera pediátrica por otro que requiriese una menor concentración, y pasó a formar parte de la consulta de Oftalmología. Las similitudes entre los tres casos son notables, ya que todas buscan una forma de escapar de la tristeza y desconectar durante unas horas, a pesar de la dureza del proceso. Sin embargo, el caso de Consuelo tiene una particularidad, ya que ella se enfrenta a un luto por suicidio.

Considera que este duelo "es muy distinto a cualquier otro". Las dudas y preguntas que la acompañan lo hacen mucho más difícil de sobrellevar. "Siempre queda esa sensación. ¿Cómo es posible que no me diera cuenta, si hablé con él dos días antes? Me pregunto por qué no vino a pedirme ayuda, cómo no lo vi, no sé qué le pasaba, ni por qué sufrió tanto como para decidir quitarse la vida", explica con tristeza.

Esta situación ha llevado a Consuelo a reflexionar sobre la invisibilidad que rodea a esta cuestión. "El tema del suicidio es algo de lo que no se habla en absoluto, y la idea de que pueda generar un efecto llamada es una chorrada". Además, señala que los teléfonos como el 024 (la línea de atención a la conducta suicida), funcionan muy bien, pero son muy desconocidos.

Actualmente, Consuelo acude a terapia psicológica y, al igual que Virginia, prefiere mantenerse alejada de los fármacos antidepresivos. “No voy a tomar pastillas para no pasar dolor, porque tengo que pasarlo. Es un dolor que te hace encoger, me duele el alma y, aunque no lo voy a olvidar nunca, tengo que aprender a sobrellevarlo”.
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