Hans Henri P. Kluge, director regional de la Organización Mundial de la Salud para Europa (OMS/Europa).
Uno de cada siete jóvenes de entre 10 y 19 años padece un trastorno mental. Así lo advirtió la
Organización Mundial de la Salud (OMS) a finales de 2025. La depresión, la ansiedad y los trastornos de la conducta alimentaria figuran ya entre las
principales causas de enfermedad y discapacidad en la adolescencia, mientras que el suicidio se ha convertido en la
tercera causa de muerte entre los menores de 30 años. En este contexto, reforzar la atención a la salud mental infantojuvenil es una prioridad urgente. Con este objetivo, la OMS ha publicado la
Herramienta de auditoría clínica para fortalecer la calidad de los servicios de salud mental infantil y juvenil, un marco estructurado destinado a evaluar los procesos asistenciales y mejorar tanto la coherencia como la calidad de la
atención psiquiátrica y psicológica dirigida a niños, adolescentes y jóvenes en toda la región europea.
¿Cómo lograr la eficiencia en los servicios de psicología infantil?
Para mejorar la atención en salud mental infantojuvenil, la OMS propone un proceso de
evaluación continua. El objetivo es claro: detectar fallos, corregir deficiencias y reforzar la calidad de la asistencia que reciben niños y adolescentes. Así, el protocolo se estructura en cinco fases.
La primera de ellas es la de
definición. Aquí se explicará por qué se realiza la auditoría, qué es lo que se va a evaluar y quiénes se encargarán de hacerlo. En este punto, la OMS pone el foco en la importancia de contar con
equipos multidisciplinares. La segunda fase se centra en el
diseño del plan de auditoría. Será aquí donde se determinen qué actores participarán en el proceso y cómo se llevará a cabo la
recopilación de datos.
La tercera fase se centra en la
puesta en marcha de la auditoría. Aquí se realiza el trabajo de campo, se recopila información y se analizan los datos. De este modo, la herramienta se centra también en la gestión ética de la información clínica. Sobre esto, la organización recuerda que la recogida de datos debe ajustarse siempre a las leyes y normas vigentes en cada país o región, insistiendo en la necesidad de contar con e
l consentimiento informado de las personas participantes.
Después, se daría paso a la presentación de resultados y a la
elaboración de recomendaciones, contando con la valoración de distintos actores. Además, la OMS insiste en prestar atención a la experiencia de los propios pacientes y de sus familias. Por último, se daría paso a la
fase de seguimiento.
Una guía en constante revisión
Para vencer las reticencias del sector, el documento subraya que estas auditorías deben alejarse de cualquier enfoque punitivo. Así, esta herramienta quiere comprobar que los
servicios de salud mental de niños y adolescentes cumplen con los estándares internacionales y las mejores prácticas clínicas. Pero no solo eso, también busca promover cambios que mejoren la calidad de la asistencia. Además, para asegurar
que las mejoras sean efectivas y se mantengan en el tiempo, se plantea un enfoque de seguimiento continuo.
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