Montaje fotográfico: Lucía Sancho.
"Vamos a salir mejores", nos repetíamos una y otra vez como individuos y sociedad aquellos días iniciales de
confinamiento por la
pandemia de covid-19, seguramente para darnos ánimos en el complicadísimo trance.
El tiempo nos ha hecho comprobar, sin embargo, que un estrato de nuestra sociedad -el político- ha aprendido poco para todo lo que nos enseñó aquella traumática experiencia.
Lo está demostrando el
hantavirus, con el virus Andes apuntando al humano del mundo avanzado, que nos pone de nuevo frente al espejo de una amenaza epidemiológica.
A día de hoy no estamos viviendo lo que pasamos en 2020. En
Redacción Médica aún recordamos cómo ya a finales de 2019 se disparaban las visitas a noticias relacionadas con neumonía y los 'picos' millonarios de audiencia diarios se acompasaban con las curvas de contagios. Fueron momentos terribles para la Humanidad.
Lo del hantavirus parece otra cosa, desde luego.
Lo que sí nos está recordando a los días del covid-19 es la
falta de solidaridad de algunos políticos cuando hay que dar lo mejor de un sistema de salud, cuando podemos demostrar al mundo con orgullo
qué sanidad es la española.
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"De esta nueva lección sacamos en claro que al ámbito político aún le queda la asignatura pendiente de colgar en el perchero los intereses partidistas y remangarse para definir el mejor marco posible por el bien común"
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También la escasa coordinación entre órganos de gobierno, incluso con
mensajes contradictorios, que nos hace añorar una legislación y unos protocolos frente a pandemias que deberíamos tener desde hace años. Qué lenta va la materialización de la
Agencia de Salud Pública por culpa del enredo burocrático de unos y la falta de voluntad política de otros.
Y no olvidemos tampoco que aún duerme el sueño de los justos el desarrollo del capítulo de Salud y Sanidad del dictamen de la
Comisión de Reconstrucción Social y Económica que se impulsó por el covid-19, como bien
recordaron numerosos expertos en una reciente jornada organizada por Funcas.
No es que ignoremos cómo mejorar la gestión frente a las amenazas virales, es que parecemos resignados (o habituados) a la improvisación a la que nos aboca la
confrontación y la inacción política en España.
La
buena noticia con el hantavirus es que la gestión, una vez superada la descoordinación inicial, ha sido impecable por parte de los sanitarios y las fuerzas del orden público.
De esta nueva lección sacamos en claro que al ámbito político aún le queda la asignatura pendiente de colgar en el perchero los intereses partidistas y remangarse para definir el mejor marco posible por el bien común. Ojalá el hantavirus sea el 'que viene el lobo' definitivo para que las
formaciones parlamentarias resuelvan el trabajo que hasta ahora han dejado a medias.
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