La administración de Trump se ha fijado en Dinamarca, donde se ponen menos vacunas, para hacer cambios en su programa

La AEV analiza por qué ha eliminado seis vacunas infantiles y alerta de que este cambio puede generar confusión entre familias y profesionales
Jaime Jesús Pérez Martín, presidente de la AEV.


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La decisión de Estados Unidos de eliminar la recomendación universal de seis vacunas infantiles y trasladarlas a una decisión clínica compartida ha causado revuelo entre los especialistas al considerar que la medida se ha adoptado sin un proceso científico "transparente" y tomando como ejemplo el calendario vacunal de otros países como Dinamarca, donde se ponen muchas menos vacunas. Es el caso de Jaime Jesús Pérez Martín, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV), que considera que este cambio puede generar confusión entre familias y profesionales, reducir las coberturas vacunales -especialmente en los grupos socialmente más vulnerables- y aumentar el riesgo de hospitalizaciones y brotes de enfermedades prevenibles, sin que exista evidencia de que vaya a mejorar la confianza en las vacunas.

Y es que esta medida, anunciada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), elimina la recomendación universal para las vacunas frente a hepatitis A, hepatitis B, rotavirus, meningococo, gripe y Covid-19, que pasan a administrarse mediante una decisión clínica compartida o en grupos de riesgo. El informe que sustenta este cambio sostiene que Estados Unidos recomendaba más vacunas que otros países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) sin obtener mejores resultados, aunque mantiene como universales las inmunizaciones consideradas básicas, como sarampión, paperas, rubéola, polio, difteria, tétanos y tosferina.

Comparación internacional y elección del modelo


Para ello, "realmente una de las cosas que se han hecho es comparar el calendario vacunal de Estados Unidos, uno de los más avanzados del mundo hasta la fecha, con el plan vacunal de otros lugares como Dinamarca, que es uno de los países del primer mundo con uno de los peores calendarios vacunales, por decirlo de alguna manera", continúa Pérez Martín. Así, añade que la comparación se ha realizado con una selección limitada de países de la OCDE y que se ha tomado como referencia el calendario con menos vacunas, sin explicar por qué no se han considerado otros modelos intermedios o más comparables como Reino Unido o España.

"Ha sido un informe hecho por un grupo de personas que no se conoce en función de comparar con otros calendarios de la OCDE, una cosa realmente que rompe con todo lo establecido y todo lo realizado hasta el momento en Estados Unidos", asegura.

En este contexto, expresa asombro porque "Estados Unidos tiene fijado un procedimiento de evaluación muy riguroso para que una vacuna entre en el calendario y esto se evalúa mediante el enfoque Grade"​ -un método para evaluar la certeza de la evidencia y la solidez de las recomendaciones en la atención médica-​ que es el "más exigente en cuanto a cumplimiento de criterios científicos en el que se evalúa carga de enfermedad, seguridad de las vacunas, efectividad o inmunogenicidad de la misma, costes, aceptabilidad, el sistema  de salud y todos estos tipos criterios" clave para la fijación del calendario.

Por eso, destaca que este sistema, seguido de forma consistente hasta 2024, era ampliamente respetado por la comunidad científica internacional y se caracterizaba por su rigor metodológico y transparencia: "Lo que ha ocurrido ahora es que sin pasar por un proceso de evaluación conocido se ha hecho un informe firmado por el acting director de los CDC nombrado por Kennedy, Jim O'Neill, en el que se rebaja la recomendación de determinadas vacunas, pero lo ha hecho él o un equipo que él haya nombrado en el CDC sin un proceso transparente, sin un proceso de cumplimiento de criterios prefijados".

Decisión clínica compartida: límites y consecuencias


"Una de las cuestiones más discutibles es por qué no sigue los procedimientos de fijación de la toma de decisiones que ellos mismos se marcan, que es pasar a través del Comité de Vacunas del Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) y referendarlo por los CDC", comenta el presidente de la AEV.

A su juicio, trasladar vacunas a una decisión compartida implica evaluar riesgos individuales difíciles de estimar en la práctica clínica y supone una carga añadida para profesionales y familias: "Es tremendamente complicado hacer una valoración individual del riesgo. Pones al profesional en una situación complicada y pones a los padres en una situación complicada y además dificulta mucho la logística porque esto lleva un tiempo que no está disponible".

En resumen, señala que este modelo ha sido históricamente muy criticado en Estados Unidos y que tiende a aumentar inequidades, ya que las familias con menor cultura sanitaria tienen más dificultades para tomar decisiones informadas. En consecuencia, el argumento de la confianza y la adherencia cae por su propio peso: "No hay evidencia de que reducir recomendaciones universales aumente la confianza. Lo que va a hacer es aumentar las dudas de por qué hemos estado usando estas vacunas si no eran tan importantes."

Así, Pérez Martín considera que el verdadero efecto será el contrario al buscado y recuerda que la confianza aumenta cuando todas las instituciones transmiten un mensaje único. "Estados Unidos era un ejemplo porque todas las sociedades científicas y la Administración Pública firmaban el mismo calendario vacunal, y ahora se produce lo contrario", advierte, insistiendo que la coexistencia de varios calendarios distintos -CDC, pediatras y médicos de Familia- puede generar confusión y reducir la adherencia, "como ya se observó con las dosis de recuerdo frente a la Covid-19".

Ensayos con placebo, farmacovigilancia y riesgos


El informe también reclama más ensayos aleatorizados con placebo y estudios a largo plazo, y cita límites de la farmacovigilancia, algo con lo que Pérez Martín se ha demostrado de nuevo en desacuerdo: "Cuando ya tenemos una vacuna autorizada frente a una enfermedad, no puedes hacer ensayos con placebo porque no es ético dejar sin protección a una parte de la población". De hecho, compara esta exigencia con dejar a pacientes con cáncer sin quimioterapia para probar un nuevo fármaco y recalca que el argumento de la falta de ensayos con placebo es "falso". Además, recuerda que los sistemas de farmacovigilancia han demostrado su eficacia con la retirada de vacunas cuando ha sido necesario, incluso en contextos críticos como la pandemia.


Por otro lado, evaluar el riesgo individual "es tremendamente complejo" y, por esta razón, "se evalúa el riesgo poblacional". Así, explica que muchas vacunas se introducen en los calendarios aunque la enfermedad sea poco frecuente, ya que sus consecuencias pueden ser muy graves, como ocurre con la meningitis, y que la universalidad permite reducir casos a nivel poblacional. Entonces, cree que trasladar esta responsabilidad a decisiones individuales puede conducir a errores, retrasos y menor protección, especialmente cuando el balance riesgo-beneficio de la vacuna es claramente favorable.

"Lo esperable es que aquellas partes de la población que tengan menos formación sanitaria sean las que tengan menos cobertura vacunal", añade. En este sentido, advierte de que en enfermedades como el rotavirus el impacto podría ser rápido, con un aumento de hospitalizaciones, mientras que en hepatitis B los efectos se verían a más largo plazo, pero con un aumento progresivo de la carga de enfermedad.


Pérez Martin concluye que las sociedades científicas y los profesionales sanitarios serán clave para denunciar cualquier desviación o manipulación de datos y espera que Estados Unidos "no desactive lo que tenía hasta 2024, que es una buena vigilancia epidemiológica".
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