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La obesidad de la embarazada pone en riesgo la conducta del hijo varón

Un estudio relaciona el sobrepeso de la madre con problemas del neurodesarrollo en niños, pero no en niñas

La obesidad de la embarazada pone en riesgo la conducta del hijo varón
Redacción
Jueves, 13 de julio de 2017, a las 12:50
Un estudio publicado en American Journal of Preventive Medicine ha detectado que un mayor peso de la madre al inicio del embarazo aumenta el riesgo de que su hijo sufra problemas de comportamiento, un efecto que no se vio en las niñas. “Los resultados del estudio sugieren que la intervención temprana con mujeres para alcanzar pesos saludables antes de quedarse embarazadas es fundamental para su salud y la salud de sus futuros hijos”, destaca la investigadora Barbara Abrams, de la División de Epidemiología de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley, Estados Unidos.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades estadounidenses estiman que 15 de cada 100 mujeres en edad fértil son severamente obesas y estudios recientes han relacionado el alto peso materno, antes y durante el embarazo, con el comportamiento del niño y, particularmente, con problemas como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Algunas pruebas apuntan también a un posible vínculo con problemas de internalización, como la depresión; problemas que pueden tener efectos negativos sobre el rendimiento escolar y las relaciones con otros.

Los investigadores utilizaron la Encuesta Nacional Longitudinal de la Juventud de Estados Unidos de 1979 para investigar si el índice de masa corporal (IMC) materno antes del embarazo está vinculado con problemas de comportamiento entre niños en edad escolar. Evaluaron si el efecto se modifica por raza o género, así como por raza y género simultáneamente.

Este análisis incluyó a casi 5.000 mujeres participantes en el estudio y sus hijos biológicos, que fueron estudiados entre 1986 y 2012. Los problemas de comportamiento se evaluaron cada dos años para los niños de 4 a 14 años usando el informe materno del Índice de Problemas de Conducta (BPI, por sus siglas en inglés), un cuestionario de 28 preguntas ampliamente utilizado para determinar si presentaron comportamientos específicos en los últimos tres meses.

Los niños, más vulnerables a las exposiciones en el útero

Debido a que la pubertad temprana es un momento en el que tienden a surgir los problemas de comportamiento, este estudio se centró en los niños de 9 a 11 años. Aproximadamente, el 65 por ciento de las madres eran de peso normal, 8 por ciento tenían bajo peso y 10 por ciento eran obesas, de las cuales el 3,5 por ciento tenían un IMC de 35 o mayor. Las mujeres con peso inferior al normal eran más jóvenes, tenían menos probabilidades de casarse y registraban calificaciones más bajas de educación, ingresos y calificaciones de las Fuerzas Armadas.

El estudio mostró que los niños cuyas madres comenzaron el embarazo obesas estaban en mayor riesgo de problemas de conducta a los 9-11 años. Los datos indicaron que cuanto más pesaban las madres al inicio de la gestación, mayor era el riesgo de que sus hijos desarrollaran problemas de comportamiento. Los niños cuyas madres tenían bajo peso antes del embarazo también mostraron mayor riesgo de problemas de conducta, pero el estudio no mostró los mismos efectos en las niñas, y no hubo diferencias por raza.

“Investigaciones anteriores que examinaron una variedad de exposiciones durante el embarazo (que van desde el estrés a los químicos) han demostrado que los chicos tienden a ser más vulnerables a estas exposiciones en el útero que las niñas”, subraya la investigadora Juliana Deardorff, de la División de Ciencias de la Salud Comunitaria de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de California, Berkeley. “Nuestro estudio extiende este trabajo a la obesidad materna”, apunta.

Y concluye: “Es el primer estudio que documenta las diferencias de género y uno de varios de análisis que demuestra que el bajo peso antes del embarazo, así como la obesidad, puede ser problemático. La investigación futura debe examinar si las diferencias de género detectadas aquí para las edades de 9 a 11 años persisten en la adolescencia o cambian a medida que los niños crecen”.