17 nov 2018 | Actualizado: 10:10

La actitud vital pesimista se confirma como factor de riesgo cardiovascular

El optimismo, en cambio, no protege del evento coronario

La actitud pesimista ante la vida influye en la salud más de lo que se pensaba, según desvela un estudio finlandés.
La actitud vital pesimista se confirma como factor de riesgo cardiovascular
jue 17 noviembre 2016. 14.10H
Redacción
El temperamento pesimista contribuye al riesgo de sufrir una cardiopatía coronaria (CHD). Así de tajante se muestran los autores de uno de los pocos estudios que relacionan esa clase de personalidad con la patología cardiovascular, y que acaba de difundir BMC Public Health.

En concreto, investigadores del Departamento de Psiquiatría del Hospital Central de Päijät-Häme, en Finlandia, han descubierto que las personas con alto grado de pesimismo registra un mayor riesgo de mortalidad inducida por CHD, incluso después de ajustar los factores de riesgo fisiológicos conocidos, mientras que el optimismo no parecía ejercer efecto alguno relacionado con en ese riesgo.

Para comprobarlo, se recurrió a una muestra de  2.267 hombres y mujeres finlandeses de mediana edad y mayores.

El autor principal del trabajo, Mikko Pänkäläinen, ha revelado que “los altos niveles de pesimismo se han relacionado previamente con factores que afectan a la salud cardiaca, como la inflamación, pero los datos sobre la conexión entre el riesgo de muerte por CHD y el optimismo y el pesimismo como rasgos de personalidad son relativamente escasos”.

Y ha añadido, asimismo que “los niveles de pesimismo se pueden medir con facilidad y el pesimismo puede ser una herramienta muy útil junto con otros factores de riesgo conocidos como la diabetes, la hipertensión o el tabaquismo para determinar el riesgo de mortalidad inducida por CHD”.

Hasta 2,2 veces más de riesgo de muerte

Los investigadores se dieron cuenta de que los 121 hombres y mujeres que murieron de CHD durante el periodo de seguimiento de 11 años del estudio, se habían mostrado más pesimistas al inicio de la investigación que las personas que todavía estaban vivas durante el seguimiento.

Sin embargo, no hubo diferencias entre los grupos de optimismo, lo que sugiere que sólo el pesimismo media en el efecto sobre la mortalidad por cardiopatía coronaria. Si se comparan los cuartiles más altos y más bajos del pesimismo, las personas en el más elevado padecieron un riesgo 2,2 veces mayor de morir por CHD que las del cuartil más bajo.

Estudio ‘Good Aging in Lahti Region’

Para investigar las posibles asociaciones entre optimismo, pesimismo y mortalidad por cardiopatía coronaria, los científicos utilizaron datos basales, recogidos en 2002 como parte del estudio GOAL (Good Aging in Lahti Region), en 2.267 hombres y mujeres finlandeses que, al comienzo del periodo de análisis, tenían entre 52 y 76 años.

Los datos de GOAL proporcionaron información sobre el estatus socioeconómico, los antecedentes psicosociales y el estilo de vida, así como datos de salud incluyendo los niveles de glucosa en sangre, la presión arterial, el uso de medicación para la hipertensión o la diabetes y diagnósticos previos de CHD.

Al inicio, los sujetos del estudio también completaron la versión revisada del Test de Orientación de Vida (LOT-R, por sus siglas en inglés), un cuestionario que incluye seis declaraciones, tres de las cuales indican optimismo –por ejemplo: “En tiempos de incertidumbre, normalmente espero lo mejor” –, y tres que indican pesimismo –por ejemplo: “Si algo puede salir mal para mí, saldrá mal”.

Se pidió a los encuestados que indicaran cómo les describían estos enunciados en una escala de cero (nada) a cuatro (mucho más).

Estudios observacionales como éste desvelan posibles vínculos entre el riesgo de muerte por enfermedad coronaria y pesimismo, pero no delimitan la causa y el efecto porque otros factores desempeñan también su papel.

El trabajo, además, se limita al uso de datos proporcionados por los propios participantes, por lo que no se descartan inconsistencias entre las respuestas de la gente y la realidad de algunos factores de riesgo fisiológicos, como los hábitos de fumar o el uso de medicamentos.
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