13 dic 2018 | Actualizado: 14:30

"Nunca habrá un marcador biológico del TDAH"

Javier Blumenfeld, endocrinólogo del Hospital de El Escorial de Madrid, ensalza el papel del clínico en el diagnóstico

Javier Blumenfeld, endocrinólogo del Servicio de Pediatría del Hospital de El Escorial de Madrid.
"Nunca habrá un marcador biológico del TDAH"
mié 14 diciembre 2016. 16.50H
@JavierBarbado
El endocrinólogo del Hospital de El Escorial de Madrid Javier Blumenfeld lo tiene claro: nunca habrá una prueba para diagnosticar el TDAH como existe, por ejemplo, la que desenmascara una neumonía o cualquier otra alteración biológica medible. Algo que eleva la importancia de la habilidad del clínico para discernir qué le sucede al niño, adolescente o incluso adulto.

Y esto es así porque, tal como reseña el propio manual diagnóstico de enfermedades mentales estadounidense en su última edición, el DSM-V, para dar fe del trastorno resulta imprescindible que haya “pruebas claras” de bajo rendimiento académico y de problemas de comportamiento social y familiar, todo lo cual exige una evaluación subjetiva por parte de padres, profesores y profesionales sanitarios.

Blumenfeld ha alertado de la higiene de sueño como un factor fundamental para proteger a los niños del TDAH del fracaso escolar, entre otros impedimentos que dañan su vida de forma importante. “A partir de las ocho de la tarde, se recomienda bajar el tono de actividades y predisponer el organismo al descanso”, ha recomendado durante una ponencia pronunciada en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid en el contexto de la jornada 14ª Jornada sobre Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad.

Este endocrinólogo también ha mencionado una hormona, la ecdisona, que segrega el propio organismo a partir de la actividad física, lo que refuerza el argumento de aconsejar el deporte tanto como el descanso nocturno.

“Además, ese ejercicio debe ser social y a ser posible con los padres antes que apuntar al niño a una actividad extraescolar más”, ha razonado citando algunos estudios que demuestran que el consumo calórico del cerebro del niño es mucho mayor si interviene en actividades solitarias que si lo hace en colectivos o en familia. Es decir, funciona mucho mejor el metabolismo cerebral en las relaciones con los demás, incluso deportivas o similares.

Déficit de sustancias y el peligro de los aditivos

En cuanto al déficit de hierro, en concreto, ha advertido de que la anemia ferropénica no debe escaparse en ningún caso en un niño con TDAH, o incluso otras carencias como la de vitamina D o de magnesio. “Si se detectan, es mucho más fácil tratar el problema de base”, ha explicado.

Asimismo, Blumenfeld ha mencionado la presencia de aditivos en los alimentos como una causa indirecta de sintomatología similar al TDAH, algo que no está probado pero de lo que ha habido, en un momento dado, algunos indicios.

En cuanto a la enfermedad celiaca, “no existe evidencia en el caso de TDAH de asociarla; otra cosa distinta es que, en casos puntuales, una celiaca desencadene síntomas similares y la retirada del gluten los remita”, ha revelado.

El especialista también ha citado un estudio sobre hábitos alimentarios y su relación con las capacidades cognitivas: “Hay menos TDAH en personas que respetan sus hábitos de sueño y de comida, en concreto con una dieta mediterránea; en vez de fijarnos en una sola sustancia, debemos corregir los malos hábitos alimenticios en general, que incluyen estar en familia y socializar con ella, por ejemplo”. Desde su punto de vista, aquí reside la clave para controlar la sintomatología del TDAH o incluso prevenirlo.

Alteración de la hormona tiroidea: mejor no hacer cribado

Por último, preguntado por el auditorio acerca de si recomendaría a las autoridades sanitarias implantar un cribado sistemático de algunos elementos a veces relacionados con algunos síntomas similares al TDAH, caso de la hormona tiroidea, Blumenfeld ha desaconsejado hacerlo en el caso de esta última, pero no así con otras sustancias fácilmente identificables en un hemograma simple como, por ejemplo, la cantidad en sangre de ferritina y de zinc, cuyas carencias no deben pasar desapercibidas en ningún caso.
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