Una mujer mirando de frente al sol.
Con la llegada del verano son miles las personas que aprovechan el buen tiempo y las vacaciones para practicar deportes al aire libre o en el agua. Sin embargo, esta temporada también trae consigo un
repunte de problemas oculares que, si no se previenen adecuadamente, pueden comprometer la visión a corto y largo plazo. “El verano multiplica los factores de riesgo para la salud ocular: radiación ultravioleta, cloro, sal, viento, cuerpos extraños o traumatismos por impacto”, alerta Carlos Martín, oftalmólogo de la red de clínicas
Miranza. Según el especialista, estos agentes pueden provocar desde molestias leves hasta l
esiones graves que afecten al rendimiento deportivo e incluso a la visión permanente. Así, entre los síntomas que deben hacer saltar las alarmas, se encuentran el dolor ocular, enrojecimiento, sensibilidad a la luz, lagrimeo excesivo,
visión borrosa o sensación de arenilla en los ojos.
Actividades de riesgo para la vista
La natación, el surf, el waterpolo o el rafting son algunas de las actividades más practicadas durante el verano, pero también las que más riesgos entrañan para los ojos. “El cloro de las piscinas puede causar conjuntivitis irritativas e incluso facilitar infecciones corneales”, explica Martín. A esto se suma el riesgo en aguas abiertas, donde la sal y los microorganismos pueden inflamar la conjuntiva. Además, un hábito especialmente peligroso es
bañarse con lentillas. “El contacto con el agua puede favorecer infecciones graves como la queratitis por Acanthamoeba, que, si no se trata a tiempo, puede provocar daños visuales irreversibles”, advierte el oftalmólogo. Otro diagnóstico frecuente es e
l pterigion, conocido popularmente como “el ojo del surfista”: una
alteración ocular que provoca el crecimiento anormal de tejido sobre la córnea debido a la exposición prolongada al sol y al viento. En casos avanzados, puede requerir cirugía.
El ciclismo, el running, la vela o el senderismo también suponen riesgos para los ojos si no se adoptan las precauciones adecuadas. “La exposición directa a la
radiación solar, y especialmente su reflejo en superficies como el agua o la arena, puede producir queratitis actínica, cataratas prematuras o incluso tumores en los párpados o en la conjuntiva”, indica Martín. Actividades de alta montaña como el alpinismo o el esquí de verano multiplican este riesgo debido a la intensidad de la radiación UV reflejada por la nieve. Las consecuencias van desde quemaduras corneales hasta ojo seco, cataratas y lesiones más complejas como la
fotoqueratitis.
Por otro lado, los deportes de impacto —como el pádel, el tenis o el rugby— no se quedan atrás. En estos casos, los golpes pueden generar traumatismos oculares severos: fracturas en la órbita ocular, lesiones en párpados o córnea, cataratas traumáticas o incluso
desprendimiento de retina. Cada lesión ocular, aclara el especialista, debe ser valorada individualmente. “En función de la gravedad, se puede optar por
tratamientos con colirios, lágrimas artificiales o incluso intervención quirúrgica”, señala Martín.
Cómo proteger tus ojos este verano
La clave está en la prevención. Para disfrutar del deporte sin poner en peligro la visión, Martín recomienda lo siguiente:
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Usar gafas de sol homologadas con filtros UV. Para deportes con sol intenso, se aconsejan lentes de categoría 3, mientras que la categoría 4 es adecuada para nieve o alta montaña.
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Evitar el uso de lentillas en el agua. En su lugar, utilizar gafas acuáticas, preferiblemente graduadas.
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Utilizar gafas deportivas protectoras en actividades de contacto o con riesgo de impacto.
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Lubricar los ojos con lágrimas artificiales sin conservantes, especialmente en ambientes secos o tras largas exposiciones al sol.
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No frotarse los ojos, ya que esta acción puede provocar microlesiones que aumentan el riesgo de infección.
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