Según un estudio de la UVa que ha contado con la participación de 404 menores de entre 5 y 10 años

La banda espectral BW2, "potencial biomarcador" de apnea del sueño en niños
Adrián Martín, investigador del Grupo de Ingeniería Biomédica (GIB) de la Universidad de Valladolid.


09 mar 2022. 13.50H
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Un equipo investigador de la Universidad de Valladolid hallan tres bandas espectrales para evaluar la apnea obstructiva del sueño en niños. Las bandas son la BW1, BW2 y BW3 y, en concreto, la segunda es la que se presenta como un “potencial biomarcador de resolución" al presentar las informaciones más valiosas, según las conclusiones presentadas en la revista científica Sleep, de la Sleep Research Society. Para llevarlo a cabo, el equipo investigador  ha empleado datos hospitalarios para detectar patrones relevantes en las señales eléctricas del corazón en menores con apnea de sueño.

“La apnea obstructiva del sueño pediátrica es más común de lo que se piensa. Es una enfermedad que esta infradiagnosticada, mucha gente lo padece y no lo sabe. Afecta en torno al 5 por ciento de los niños.", declara Adrián Martín, investigador del Grupo de Ingeniería Biomédica (GIB) de la Universidad de Valladolid. Una enfermedad respiratoria que lleva estudiándose desde tiempo atrás, pero principalmente se ha enfocado en adultos.

En general, según explican los investigadores, "las mediciones han sido siempre realizadas en unas bandas de variabilidad de la frecuencia cardiaca genéricas o a través de la actividad del corazón percibida mediante los electrocardiogramas". Por ello, desde el GIB han comenzado a orientar sus investigaciones sobre esta enfermedad al panorama infantil. Lo que les ha llevado a descubrir la existencia de tres bandas espectrales de las que también se puede encontrar información relevante para caracterizar este trastorno pediátrico.

Sobre la detección de la apnea obstructiva del sueño


Existen diversas maneras de estudiar la enfermedad, sin embargo, en la mayoría de ellas se debe pasar una noche en el hospital conectado a diferentes sensores que registran los parámetros. “Es un método demasiado intrusivo para los niños porque duermen fuera de casa, tienen muchos aparatos en su cuerpo y, en definitiva, no descansan bien. Con estos estudios se trata que, con un conjunto reducido de esas señales, se ven qué consecuencias tienen en las distintas mediciones biomédicas pero con un análisis más llevadero", explica Martín.

En el estudio participaron un total de 404 menores de entre cinco y diez años y todos ellos presentaban la enfermedad al inicio de este. El siguiente momento clave se situó siete meses después de la investigación cuando se midió a través de las bandas frecuenciales sugeridas por el Grupo de Ingeniería Biomédica de la UVa si ha habido resolución o no de la enfermedad. En este punto, el investigador añade que "no hay constancia de trabajos anteriores en los que se hayan utilizado estas bandas lo que supondría que son los pioneros en determinar que la banda espectral BW2 sí establece relación sobre si se ha superado o no la la enfermedad, así como su gravedad". Esta franja “está relacionada con la repetición de los eventos de apnea, es decir, esas pausas de respiración que se van produciendo de una forma cíclica durante la noche y que altera de forma característica el corazón", aclara Martín.

¿Cómo se produce la apnea del sueño en niños?


Cuando se habla de apnea obstructiva del sueño pediátrica se hace referencia al momento en el que las vías respiratorias del menor se cierran de manera completa o parcialmente mientras descansan. Cuando se produce un episodio de esta enfermedad, los niños que están durmiendo dejan de respirar. Al cabo de un tiempo, el cerebro vuelve a enviar la señal al cuerpo para que se reanude su actividad respiratoria. El corazón, por tanto, cambia sus ritmos cardiacos normales lo que produce que el sueño no sea reparador. Aparte de los problemas cardiovasculares que estas situaciones puedan generar, existe una gran diferencia en las consecuencias que produce esta enfermedad en edades infantiles y adultas.

Los menores, al estar en su pleno desarrollo, pueden sufrir problemas cognitivos, es decir, grandes dificultades en el aprendizaje, una de las principales razones por las que los investigadores inciden en la importancia de un diagnóstico anticipado. Existen otro tipo de apneas como la central, relacionada con el sistema nervioso y el cerebro o mixta que combina la obstrucción de las vías respiratorias con los problemas que acarrea esta última.

Los tratamientos que se aplican a menores para lidiar con la apnea obstructiva del sueño son la amigdalectomía, que consiste en la extirpación de las amígdalas, o la espera vigilante con cuidados de apoyo. En adultos, estos procedimientos son distintos, por ejemplo, un método que proporciona aire a una presión lo suficientemente alta para que las viás respiratorias no se cierren. Esta técnica se valora en ocasiones para los casos más graves infantiles. Independientemente del procedimiento que se haya empleado, lo importante es saber qué niños tienen la enfermedad para evitar posibles complicaciones. Para investigaciones futuras se plantea analizar cómo afectan cuestiones como la edad o el sexo en relación con esta enfermedad respiratoria.
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