Rubén García Sánchez, del Consejo Rector del Paime, explica que la tendencia ha variado en los últimos años

Rubén García Sánchez, miembro del Consejo Rector del Paime.


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Los médicos son los profesionales que cuidan de la salud de los demás, pero a veces pasan por alto sus propias necesidades. En muchas ocasiones, en lugar de acudir a una cita médica, deciden comentar sus dolencias a sus compañeros de hospital entre turnos: "Los médicos somos muy malos pacientes porque, si tenemos una lumbalgia, se lo contamos al compañero de urgencias en el ascensor, o si tenemos una gripe nos cuesta reconocerlo. Pues imagínese un trastorno tan estigmatizante como puede resultar la salud mental", afirma Rubén García Sánchez, secretario del Colegio de Médicos de Salamanca, miembro del Consejo Rector del Programa de Atención Integral al Médico Enfermo (Paime) y docente de la Fundación Galatea.

No solo se refiere a problemas como la ansiedad o la depresión; las adicciones también forman parte del día a día de algunos facultativos y resultan difíciles de comentar abiertamente, especialmente en el entorno laboral. Desde el Paime ofrecen apoyo a estos profesionales con el foco puesto en la confidencialidad, ya que consideran que, si esta no estuviera asegurada, muchos no habrían pedido ayuda: "Si al confesar un alcoholismo o un consumo de cocaína el médico tuviera el más mínimo resquicio de duda de que se va a enterar todo el hospital, ninguno daría el paso. Por tanto, todos los filtros que existen para garantizar esa confidencialidad son fundamentales", expresa el miembro del Consejo Rector del programa.

García Sánchez incide en que el acceso al Paime es siempre voluntario, aunque existen matices: "En torno al 70 por ciento son médicos que dan el paso de manera espontánea. Más de un 20 por ciento es voluntario, pero inducido por un familiar o por un compañero que se lo da a conocer", especifica. Una parte minoritaria, alrededor del 5 o 6 por ciento de los casos, procede de comunicaciones de un facultativo al colegio de médicos para poner en conocimiento la conducta de algún compañero y su preocupación. Desde el Paime tratan con delicadeza el asunto, contactando con la persona sin revelar la fuente para ofrecer sus servicios. "El caso más complejo, y afortunadamente el de menor porcentaje -menos de un 0,5 por ciento-, es el que se origina por la denuncia de un paciente", expone.

El miedo al estigma de los facultativos


El secretario del Colegio de Médicos de Salamanca percibe que el médico se ve a sí mismo, de alguna forma, como "invulnerable", bajo la premisa de que no puede contraer una gripe y, mucho menos, padecer una adicción. "Hay mucho miedo a la estigmatización y a la pérdida de crédito ante la sociedad o los propios pacientes. Imagínese un médico con consulta privada que tema que su paciente se entere y deje de acudir a él", ejemplifica García Sánchez.

A pesar de que estos casos persisten, el responsable del programa afirma que en la actualidad existe una mayor concienciación sobre la necesidad de que los médicos mantengan sus facultades físico-psíquicas en perfecto estado. "De hecho, uno de los lemas actuales es que el autocuidado del médico es un deber ético-deontológico. Es decir, es un instrumento para garantizar la calidad asistencial adecuada; si el instrumento está desafinado, no dará bien la nota", alega.

El 90 por ciento vuelve a ejercer su profesión


Si entre las preocupaciones de un facultativo con adicciones se encuentra la imposibilidad de retomar su trabajo, desde el Paime lo desmienten: el 90 por ciento vuelve a ejercer su profesión. "Hay un 60 por ciento que necesita revisiones, sobre todo en adicciones, para monitorizar el riesgo de recaídas; en ocasiones se realizan controles de tóxicos", explica. Aunque las cifras son positivas, un 10 por ciento de los médicos se consideran "irrecuperables" y requieren una incapacitación. También menciona que un 25 por ciento de los usuarios no solo requiere tratamiento ambulatorio, sino que, al presentar cuadros más severos, precisa de un ingreso hospitalario en las clínicas habilitadas para estos pacientes.

Una tendencia observada en el acceso al Paime es que la media de edad en los casos de salud mental ha descendido progresivamente. "Antes de la pandemia se situaba en 49 años y ahora ronda los 40. De hecho, donde más se han incrementado los casos es en los médicos de menos de 35 años", apunta, añadiendo que actualmente 9 de cada 10 personas que contactan con el servicio son residentes. "Las nuevas generaciones también son algo más vulnerables; toleran peor la frustración", concluye García Sánchez.
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