Pese a las inconsistencias, estos roedores prevén seguir siendo el sujeto predilecto de estudio en los laboratorios

Los sesgos que hacen tambalear la base de la investigación: "Es grave"
Lluís Montoliu, biólogo e investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología.


SE LEE EN 6 minutos
La investigación biomédica moderna depende en gran medida de los ratones de laboratorio. Son el modelo más utilizado para estudiar desde el cáncer hasta el alzhéimer, pasando por vacunas, Inmunología y Genética. Sin embargo, un reciente análisis publicado en la revista Nature ha encendido las alarmas, revelando que el 47 por ciento de las cepas de estos animales no coincide genéticamente con lo que dicen ser, presentando inconsistencias entre su identidad real y la información registrada en sus etiquetas o bases de datos. Así, Lluís Montoliu, biólogo e investigador del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, afirma en Redacción Médica que este hallazgo "es muy grave" porque "socava la confianza que tiene la comunidad científica y la sociedad en el uso de los modelos animales" al no ser capaces de garantizar su pureza genética.

Y es que, en algunos casos, estas discrepancias en los resultados pueden ser lo suficientemente relevantes como para alterar los resultados de un experimento completo. Las consecuencia varían: estudios difíciles de reproducir, conclusiones sesgadas y decisiones científicas basadas en modelos biológicos incorrectos. 

¿Son fiables los estudios con ratones?


Por lo tanto, el estudio también plantea una cuestión de fondo: si los experimentos con ratones siguen siendo fiables. Para Montoliu, la respuesta es clara, pero matizada. "Claro que siguen siendo fiables y necesarios", afirma. Los modelos animales, asegura, forman parte de una cadena científica que va desde estudios celulares hasta ensayos clínicos en humanos. Pero el problema no es su uso, sino su control.

"Lo que tenemos que hacer es verificar que los ratones son los que dicen ser antes de utilizarlos ", insiste. Por lo tanto, no basta con confiar en la información que acompaña a los animales: es necesario confirmar su autenticidad genética antes de iniciar cualquier experimento.

Para ello, existen distintas herramientas. Entre ellas, menciona "chips de genotipado como MiniMUGA, secuenciación masiva o análisis de microsatélites". Estas técnicas permiten comprobar si una cepa pertenece realmente al linaje que dice representar. Sin embargo, Montoliu advierte de otro problema clave: "Estos controles no se hacen con la sistematicidad que deberíamos".

Según el investigador, si se hubieran aplicado de forma rutinaria, se habría detectado que una parte muy significativa de los ratones disponibles en repositorios presenta variaciones genéticas no registradas. Esto compromete directamente la reproducibilidad científica. 

Así, el debate también se amplía hacia las alternativas al uso de animales. La Comisión Europea está impulsando los llamados NAMs (Metodologías de Nuevo Enfoque), que incluyen "cultivos celulares, organoides y modelos computacionales". Sin embargo, Montoliu es claro: aunque estas técnicas avanzan rápidamente, aún "no sustituyen" completamente a los modelos animales.

"Seguimos necesitando sistemas complejos que reproduzcan lo que ocurre en un organismo vivo", explica. Especialmente en campos "como la Inmunología o el desarrollo de vacunas", los modelos animales siguen siendo imprescindibles. Aun así, reconoce que el futuro apunta hacia "una reducción progresiva" del uso de animales, combinando distintas metodologías.

Una responsabilidad que depende 


En este contexto, Montoliu es prudente con la idea de introducir auditorías genéticas obligatorias en los laboratorios. Aunque reconoce su utilidad, advierte de sus limitaciones. "Yo creo que debería ser una recomendación muy fuerte", señala, pero no necesariamente una obligación universal.

La razón principal es económica. "Los análisis genéticos no son nada baratos", explica. Obligar a todos los laboratorios a realizarlos podría limitar la capacidad de investigación en centros con menos recursos. Sin embargo, sí considera imprescindible que "los repositorios y bancos de animales certifiquen genéticamente las cepas que distribuyen".

En su opinión, "los primeros responsables deberían ser los repositorios". Estos centros son los encargados de "conservar y distribuir líneas de ratones a nivel internacional", por lo que garantizar su autenticidad genética sería clave para evitar "errores en cascada". Aun así, Montoliu subraya que la responsabilidad también recae en investigadores e instituciones, que deberían contar con "financiación suficiente" para realizar controles básicos.

La 'prisa' de la carrera científica


El estudio también abre otro debate: la presión por publicar en el sistema científico. Montoliu reconoce que este factor influye en el problema: "No me cabe duda de que la presión por publicar está causando muchísimos problemas". En algunos casos puede llevar a "atajos metodológicos o a trabajar con modelos no suficientemente verificados", lo que incrementa el riesgo de errores.

En cuanto a la situación en España, el investigador considera que los centros disponen de "tecnologías adecuadas para verificar la trazabilidad genética". El problema no es la falta de herramientas, sino "de financiación para utilizarlas de forma sistemática".

La investigación no cuestiona la utilidad de los ratones como modelo, pero sí la forma en que se controlan. Las cepas pueden acumular mutaciones a lo largo del tiempo, sufrir cruces accidentales o derivar genéticamente si no se mantienen condiciones estrictas de control. Esto significa que un ratón que conserva el mismo nombre de cepa en dos laboratorios distintos puede no ser exactamente el mismo organismo desde el punto de vista genético.

Montoliu señala que el problema no es únicamente técnico, sino estructural. En biomedicina, explica, las consecuencias de una modificación genética dependen del fondo genético del animal. "No todas las cepas van a presentar los mismos síntomas, igual que no todas las personas reaccionan igual a una enfermedad", señala. Por eso, la uniformidad genética es clave para obtener resultados comparables.

El problema surge cuando esa uniformidad se pierde sin que los investigadores sean conscientes. Según Montoliu, muchas veces se da por hecho que el ratón recibido de otro laboratorio o de un repositorio mantiene exactamente la genética esperada. "Ahí está el problema: asumir como cierto lo que dice la etiqueta", advierte.

Esa falta de verificación puede tener consecuencias directas sobre los resultados experimentales. Un mismo tratamiento contra el cáncer, por ejemplo, podría parecer eficaz en un grupo de ratones y no en otro simplemente porque su fondo genético no es idéntico. "Podemos tener resultados imprevisibles", resume.
Las informaciones publicadas en Redacción Médica contienen afirmaciones, datos y declaraciones procedentes de instituciones oficiales y profesionales sanitarios. No obstante, ante cualquier duda relacionada con su salud, consulte con su especialista sanitario correspondiente.