Oriol Mirallas, oncólogo formado en el Hospital Vall d’Hebron actualmente trabajando en MD Anderson Cancer Center.
La Oncología vuelve a situar en el centro del
debate oncológico a los
linfocitos T reguladores, conocidos como
Tregs, un tipo de
célula inmunitaria tan esencial para la vida como potencialmente peligroso en el contexto del cáncer. Una colaboración de la
Unidad de Fases I del
Hospital Universitari Vall d’Hebron, el
MD Anderson Cancer Center y el
Royal Marsden Hospital, revisa el
estado actual de estas células y abre nuevas vías terapéuticas que aún están siendo exploradas en la clínica con dianas más selectivas, como son la
eliminación directa de los Tregs a través de
anticuerpos, el
bloqueo de su función y la
interferencia en su metabolismo celular. Todos estos caminos tienen un objetivo común, que no es otro que desbloquear el
poder terapáutico de estas células contra el cáncer. En Hematología ya se ha descubierto el enorme potencial que tienen los linfocitos T con la creación de las
CAR-T, y, ahora,
Oncología aspira a redescubrir el papel de los Tregs para conocer todo su potencial.
Para comprender la relevancia de este avance,
Oriol Mirallas, oncólogo formado en el
Hospital Vall d’Hebron actualmente trabajando en
MD Anderson Cancer Center y uno de los autores del estudio publicado en la revista
Annals of Oncology, explica que los “Tregs actúan como
guardianes del equilibrio inmunológico. Evitan que el sistema inmune ataque
tejidos sanos mediante mecanismos complejos como la liberación de
citoquinas antiinflamatorias o la
regulación metabólica del entorno celular. Su actividad está controlada por factores clave como
FOXP3, un factor de transcripción esencial en la identidad funcional de los Treg”.
Sin embargo, ese mismo poder regulador puede volverse en contra del organismo, tal y como explica el oncólogo: “Los tumores son capaces de
secuestrar a estos linfocitos para protegerse. En lugar de frenar una respuesta inmunitaria descontrolada, los Tregs acaban bloqueando la
capacidad del sistema inmune para atacar al cáncer”.
El estudio revisa
décadas de investigación y concluye que la presencia de Tregs en el microambiente tumoral tiene un
impacto desigual en el pronóstico de los pacientes, dependiendo del tipo de tumor. Esta dualidad, que llega a ser beneficiosa en condiciones normales y perjudicial en cáncer, convierte a estas células en un objetivo terapéutico complejo.
Estrategias terapéuticas: avances y límites
En los últimos años, la comunidad científica ha explorado
tres grandes estrategias para modular la acción de los Tregs: su
eliminación directa mediante anticuerpos (como anti-CD25 o anti-CCR8), el
bloqueo de su función (a través de dianas como CTLA-4 o TIGIT) y la
interferencia en su metabolismo celular.
Aunque los
resultados preclínicos han sido prometedores, los ensayos clínicos han mostrado una eficacia variable y, en algunos casos,
efectos secundarios significativos: “El problema radica en el
fino equilibrio del sistema inmune, debido a que eliminar demasiados Tregs puede desencadenar toxicidades graves.”
Mirallas es crítico con ciertas simplificaciones actuales, ya que “se está intentando identificar de forma demasiado básica qué pacientes se beneficiarían de estas terapias, como una
immunohistoquimica de
CCR8 o
FOXP3. La biología es mucho más compleja. Es necesario entender mejor cómo dirigirnos específicamente a los Tregs dentro del tumor, sin afectar la inmunotolerancia periférica”.
En este sentido, el estudio apunta hacia
nuevas dianas más selectivas, como subpoblaciones específicas de Tregs que podrían permitir terapias más precisas.
Un campo en evolución: del laboratorio a la clínica
Uno de los aspectos más destacados del trabajo es su revisión de las
diferentes acciones de desarrollo en este ámbito. A pesar del creciente interés, muchas de estas estrategias aún no han llegado a la práctica clínica y otras siguen en
estudios fase I intentando buscar la dosis óptima: “Se está en una fase muy inicial si se compara con otros avances en
inmunoterapia. Hay mucho desarrollo en curso, pero todavía queda camino para traducirlo en tratamientos estándar”.
Mirando al futuro
El consenso entre los investigadores es claro con respecto al estudio publicado: entender en profundidad la biología de los Tregs será clave para
desbloquear su potencial terapéutico. El reto no es menor, ya que se busca manipular un sistema diseñado para proteger a los pacientes sin romper su equilibrio.
Este estudio no solo
sintetiza el conocimiento actual, sino que también marca los próximos pasos en un campo que podría
redefinir la inmunoterapia en los próximos años. La pregunta ya no es si los Tregs serán una diana terapéutica relevante, sino cuándo y cómo se logrará hacerlo con seguridad y eficacia.
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