Isolina Riaño, doctora en Medicina y especialista en Endocrinología y Nutrición del HUCA.
El abordaje de la
diabetes tipo 1 está experimentando una revolución que promete cambiar la experiencia de los pacientes desde sus inicios. Según explica a
Redacción Médica Isolina Riaño, doctora en Medicina y especialista en Endocrinología y Nutrición en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), este avance es fundamental porque "la detección precoz permite a los médicos identificar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas y antes de que se produzca una descompensación metabólica grave". Al adelantarse al diagnóstico clínico,
se minimiza drásticamente una de las situaciones más temidas: "La reducción de la cetoacidosis diabética al debut, una complicación potencialmente grave que todavía sigue siendo una de las formas de presentación de la enfermedad".
Más allá del indudable beneficio clínico, adelantarse al
diagnóstico transforma radicalmente el impacto emocional en el entorno del paciente. Tradicionalmente, como señala la experta, "muchas familias recuerdan el debut como una situación inesperada, vivida con
miedo, incertidumbre y sensación de urgencia". Sin embargo, la identificación temprana ofrece un tiempo esencial para comprender lo que ocurre: "Cuando conocemos el riesgo previamente, podemos acompañar, informar y prepararnos juntos".
Para que este cambio de paradigma sea realmente efectivo, el sistema sanitario debe ir más allá de la simple prueba analítica. Tal y como advierte Riaño sobre la implementación de estos circuitos, "
un programa de cribado no termina cuando se detectan los autoanticuerpos". "En realidad, ahí es donde empieza", puntualiza.
No obstante, la consolidación de estas estrategias debe superar el gran reto de la equidad territorial. El Observatorio de Resultados en Salud impulsado por la
Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) alerta sobre las diferencias actuales entre comunidades autónomas, advirtiendo que "estas diferencias pueden traducirse en
desigualdades en las oportunidades de detección precoz y seguimiento". Ante esto, la facultativa subraya una premisa innegociable a nivel asistencial: "El lugar donde vive una persona no debería condicionar ni el acceso a la detección precoz ni la calidad de la atención que recibe", defiende.
¿Qué beneficios clínicos tiene la detección precoz de la diabetes tipo 1?
La detección precoz nos permite identificar la enfermedad antes de que aparezcan los síntomas y antes de que se produzca una descompensación metabólica grave. El beneficio más evidente es la reducción de la cetoacidosis diabética al debut, una complicación potencialmente grave que todavía sigue siendo una de las formas de presentación de la enfermedad.
Pero hay otros beneficios igualmente importantes. Las familias tienen tiempo para comprender qué está ocurriendo, aprender a reconocer síntomas y prepararse progresivamente para una enfermedad crónica. Esto reduce el impacto emocional del diagnóstico y facilita una transición mucho más ordenada hacia la diabetes clínica.
Además de evitar la cetoacidosis, la detección precoz cambia completamente la experiencia del diagnóstico. Muchas familias recuerdan el debut como una situación inesperada, vivida con miedo, incertidumbre y sensación de urgencia. Cuando conocemos el riesgo previamente, podemos acompañar, informar y prepararnos juntos. Eso también es un beneficio clínico, aunque a veces sea más difícil de medir.
Por último, abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a retrasar la progresión de la enfermedad y permite desarrollar una atención más preventiva y personalizada.
Desde el punto de vista del sistema sanitario, ¿qué elementos clave debe incorporar un programa de cribado precoz en diabetes tipo 1 para que sea eficaz, implementable de forma ordenada y genere valor en salud?
Un programa eficaz debe contemplar mucho más que la determinación de autoanticuerpos. Debe incluir una definición clara de la población diana, protocolos homogéneos de cribado y seguimiento, laboratorios acreditados, circuitos asistenciales coordinados entre Atención Primaria y Atención Hospitalaria, equipos multidisciplinares, sistemas de información y evaluación de resultados.
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"Un programa de cribado no termina cuando se detectan los autoanticuerpos"
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Pero hay una idea fundamental: un programa de cribado no termina cuando se detectan los autoanticuerpos; en realidad, ahí es donde empieza.
Si no existe un circuito claro de seguimiento, educación terapéutica y apoyo emocional, el cribado pierde gran parte de su valor. La educación terapéutica no debería comenzar cuando aparece la diabetes clínica. Puede y debe iniciarse en las fases presintomáticas, ayudando a las familias a comprender la enfermedad y a afrontar el proceso con serenidad.
El verdadero valor no está únicamente en detectar antes, sino en garantizar que toda persona identificada reciba un seguimiento adecuado y un acompañamiento proporcionado a sus necesidades.
Cada vez hay más patologías en las que se están ampliando los rangos de edad para los cribados. En el caso de la diabetes tipo 1, ¿cuál es la horquilla que recomienda la evidencia científica?
La evidencia actual y el reciente consenso español SEEP-SED-SEEN recomiendan, en familiares de primer grado de personas con diabetes tipo 1, realizar el cribado a los 2 años y repetirlo entre los 6 y 8 años y nuevamente entre los 10 y 12 años.
En adultos de entre 18 y 45 años con antecedente familiar de primer grado se propone una determinación única de autoanticuerpos si el resultado inicial es negativo.
Es probable que en los próximos años estas recomendaciones evolucionen a medida que dispongamos de más evidencia procedente de programas poblacionales y de estudios de coste-efectividad. Estamos en un momento de cambio en el que cada vez conocemos mejor la historia natural de la enfermedad y las oportunidades que ofrece la detección precoz.
Para contextualizar, ¿qué es el Observatorio de Resultados en Salud de la Diabetes Tipo 1 Autoinmune impulsado desde Sedisa y qué necesidad busca cubrir dentro del sistema sanitario?
El Observatorio es una iniciativa multidisciplinar que reúne a clínicos, gestores, pacientes y responsables institucionales con el objetivo de analizar cómo mejorar la atención a las personas con diabetes tipo 1 autoinmune desde las fases más tempranas de la enfermedad.
Su principal aportación es impulsar la medición de resultados en salud y generar conocimiento sobre el impacto real de las estrategias de detección precoz, seguimiento y atención integral.
Busca responder a una pregunta muy sencilla, pero fundamental: ¿estamos mejorando realmente la salud y la vida de las personas? Para responderla necesitamos indicadores homogéneos, información compartida y una visión que incorpore no solo resultados clínicos, sino también calidad de vida, experiencia de pacientes y equidad.
En definitiva, pretende crear un sistema de información y soporte a la decisión que ayude a transformar la atención desde una lógica de gestión basada en valor.
¿Considera importante empezar a medir resultados en salud específicamente en diabetes tipo 1 autoinmune desde una lógica de gestión basada en valor? ¿Por qué?
Es imprescindible. Durante años hemos medido actividad asistencial, pero no siempre hemos medido aquello que realmente importa a las personas. Si queremos impulsar un nuevo paradigma basado en la detección precoz, necesitamos demostrar que mejora los resultados clínicos, pero también que mejora la experiencia de pacientes y familias.
Debemos saber si disminuye la cetoacidosis, si mejora la evolución metabólica, si reduce ingresos hospitalarios, si disminuye la carga emocional y si las familias se sienten acompañadas durante el proceso.
La incorporación de indicadores reportados por pacientes y familias (PROMs y PREMs) nos permite comprender mejor el impacto real de nuestras intervenciones y avanzar hacia una atención más centrada en la persona.
¿Qué argumentos sustentan que la detección precoz de la diabetes tipo 1 es una inversión eficiente y contribuye a la sostenibilidad del sistema sanitario?
La detección precoz permite prevenir complicaciones agudas graves, especialmente la cetoacidosis diabética, que con frecuencia requiere hospitalización e incluso ingreso en unidades de cuidados intensivos. Pero la eficiencia no debe entenderse únicamente en términos económicos. También aporta valor porque reduce la carga emocional que supone un diagnóstico brusco, disminuye la necesidad de atención urgente y ofrece a las familias la oportunidad de comprender y afrontar la situación de forma gradual.
Además, favorece una mejor planificación asistencial, facilita una educación terapéutica progresiva, mejora la adaptación familiar y prepara al sistema sanitario para incorporar nuevas estrategias terapéuticas dirigidas a modificar la evolución de la enfermedad. Cuando prevenimos complicaciones y mejoramos la experiencia de las personas estamos generando valor para pacientes y sostenibilidad para el sistema sanitario.
¿Qué indicadores son clave para evaluar el impacto real de los programas de detección precoz en diabetes tipo 1 desde una perspectiva de valor en salud?
La evaluación debe incluir al menos cuatro dimensiones. En primer lugar, resultados clínicos como la tasa de cetoacidosis al debut, la evolución del control metabólico, la preservación de la función beta pancreática o las hospitalizaciones relacionadas con la enfermedad. En segundo lugar, resultados reportados por pacientes y familias, incluyendo calidad de vida, carga emocional o ansiedad asociada al riesgo de progresión.
En tercer lugar, la experiencia asistencial: cómo valoran las familias la información recibida, la accesibilidad al sistema y la calidad del acompañamiento.
Y finalmente, indicadores de equidad, porque un programa de cribado solo puede considerarse exitoso si ofrece las mismas oportunidades de detección y seguimiento independientemente del código postal.
¿De qué manera influyen las diferencias entre comunidades autónomas en el diagnóstico precoz de la enfermedad?
Influyen de manera importante, de modo que actualmente constituyen uno de los principales retos identificados por el Observatorio. Existen diferencias en disponibilidad de profesionales especializados, acceso a programas de educación terapéutica, recursos diagnósticos y organización de los circuitos asistenciales.
Estas diferencias pueden traducirse en desigualdades en las oportunidades de detección precoz y seguimiento. El lugar donde vive una persona no debería condicionar ni el acceso a la detección precoz ni la calidad de la atención que recibe. Por eso uno de los grandes retos es avanzar hacia modelos más homogéneos que respeten la organización de cada comunidad autónoma, pero garanticen unos estándares mínimos comunes.
¿Cuál está siendo la experiencia del Hospital Universitario Central de Asturias en el cribado de familiares de primer grado de personas con diabetes tipo 1 y qué resultados clínicos se han obtenido?
Quizá uno de los aspectos más valiosos de nuestra experiencia ha sido que el proyecto nació desde el principio como un trabajo compartido entre endocrinología pediátrica y endocrinología de adultos. Antes de iniciar el cribado dedicamos mucho tiempo a construir juntos el proceso asistencial, porque entendíamos que no estábamos creando únicamente una estrategia diagnóstica, sino un modelo de atención.
Consensuamos criterios de cribado, circuitos de derivación, seguimiento clínico y estrategias de información y acompañamiento. Esto nos ha permitido hablar el mismo lenguaje, compartir criterios y ofrecer una continuidad asistencial real.
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"La diabetes tipo 1 no entiende de fronteras entre edades. Los niños, niñas y adolescentes identificados hoy serán adultos mañana"
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La diabetes tipo 1 no entiende de fronteras entre edades. Los niños, niñas o adolescentes identificados hoy serán adultos mañana, y es importante que exista una continuidad asistencial coherente desde las fases presintomáticas.
Nuestra experiencia confirma que el cribado familiar es factible, bien aceptado y clínicamente útil. Hemos identificado personas en fases tempranas de la enfermedad, lo que ha permitido establecer programas de seguimiento individualizados y reducir el riesgo de debutar con cetoacidosis.
Pero probablemente el aprendizaje más importante es que el valor del cribado no está solo en detectar autoanticuerpos, sino en ofrecer un acompañamiento estructurado desde el primer momento. Detectar antes solo tiene sentido si somos capaces de cuidar mejor.
La detección precoz conlleva el aumento de diagnósticos en fases presintomáticas. ¿Cómo debe adaptarse el sistema sanitario a este escenario?
El principal cambio es asumir que la diabetes tipo 1 comienza mucho antes de la aparición de los síntomas. Si aceptamos esta realidad biológica, también debemos adaptar nuestra organización asistencial.
Necesitamos circuitos específicos para personas en fases presintomáticas, una coordinación fluida entre Atención Primaria, endocrinología pediátrica y endocrinología de adultos, programas de educación terapéutica desde etapas tempranas y apoyo emocional accesible para las familias.
Pero también debemos evitar que la detección precoz convierta innecesariamente a un niño sano en un paciente permanente. El reto es acompañar sin invadir, vigilar sin generar alarma y proteger la vida cotidiana de niños, niñas, adolescentes y sus familias. La detección precoz no consiste únicamente en diagnosticar antes, sino en acompañar mejor durante todo el proceso.
Para terminar, ¿qué mensaje le gustaría trasladar a profesionales sanitarios y decisores sobre la importancia de actuar antes y medir mejor en diabetes tipo 1?
Durante muchos años hemos lamentado que demasiados niños debutaran con una cetoacidosis que probablemente podría haberse evitado. Hoy tenemos la oportunidad de cambiar esa realidad. No debemos contemplar el cribado como una simple prueba diagnóstica, sino como una oportunidad para prevenir complicaciones, reducir sufrimiento evitable y ofrecer una atención más humana y más equitativa.
Pero para conseguirlo necesitamos medir resultados. No solo resultados clínicos, sino también la experiencia de pacientes y familias, la calidad de vida y el impacto real de nuestras intervenciones. Detectar antes es importante, pero el verdadero reto es que todas las personas, independientemente de dónde vivan, tengan acceso al mismo nivel de acompañamiento, seguimiento y cuidados. El éxito no será simplemente saber antes. El éxito será cuidar mejor desde el primer momento.
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