Lorenzo Armenteros (Semg), La ministra de Sanidad, Mónica García y María Dolores Gallego (Semergen).
El
30 por ciento de las mujeres de 16 años o más residentes en España ha sufrido algún tipo de violencia por parte de su pareja o expareja en algún momento de su vida. Así lo reflejan los datos de la última
Macroencuesta de Violencia contra la Mujer. Además, 2026 se perfila como el peor inicio de año en violencia machista desde 2020, con 23 mujeres asesinadas hasta la fecha. En este contexto, el
Ministerio de Sanidad aprobó recientemente la distribución de 172,4 millones de euros para
reforzar la Atención Primaria y Comunitaria, una inversión que contempla, entre otras medidas, el impulso de la detección precoz de la
violencia de género.
Desde el departamento que dirige
Mónica García explican a este periódico que esta línea de actuación, incluida en el
Marco Estratégico de Atención Primaria, persigue mejorar la atención temprana mediante la aplicación del instrumento de cribado aprobado por el
Pleno del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, así como reforzar los mecanismos de coordinación y respuesta cuando se detecta que una persona se encuentra en riesgo de sufrir violencia de género. La iniciativa llega, además, a las puertas del verano, un periodo especialmente crítico en esta materia: cerca del 30 por ciento de los feminicidios se cometen durante estos meses, según datos del
Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género. En este escenario, el médico de familia se erige como una figura clave en la lucha contra esta lacra. "Debemos convertirnos en ese referente que acompañe a las mujeres en estas situaciones", afirma Lorenzo Armenteros, responsable del Área de Salud de la Mujer de la
Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
Detección temprana de violencia de género en Atención Primaria
Para favorecer la detección temprana de la violencia de género, Sanidad centra su estrategia en dos grandes ejes. Por un lado, busca la implantación progresiva de un
instrumento estandarizado en los servicios sanitarios y, por otro, apuesta por un
plan de formación específica para los profesionales. Precisamente, estas son las dos principales necesidades que señalan los profesionales de
Atención Primaria cuando se les pregunta por las
carencias del sistema.
"Es fundamental que estas herramientas se implanten en todas las comunidades autónomas y en todas las historias clínicas electrónicas para que el
cribado pueda realizarse de forma universal y en las fases más precoces", explica Armenteros. "Además, debemos invertir en el
acompañamiento de la mujer. Cuando exista una sospecha fundada, los profesionales tienen que tener muy claros los pasos a seguir y los
recursos disponibles en cada territorio, evitando la
dispersión de información que existe actualmente", añade.
Por su parte,
María Dolores Gallego, médica de Familia y miembro del Grupo de Trabajo de la Mujer de la
Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), insiste en que la prioridad debe ser la
formación del personal que va a trabajar en los circuitos de actuación. "No diagnosticamos lo que no conocemos. Este problema, como cualquier otro problema de salud,
hay que conocerlo para poder detectarlo" señala.
No obstante, la especialista también pone el foco en la necesidad de disponer de
tiempo suficiente en las consultas para atender a las mujeres una vez son identificadas como posibles víctimas. "Las
consultas de Atención Primaria tienen tiempos muy reducidos por paciente, lo que dificulta abordar adecuadamente situaciones complejas que requieren generar confianza, explorar aspectos emocionales, valorar factores de riesgo
y coordinar recursos sanitarios, sociales y judiciales. La existencia de herramientas informáticas o protocolos no garantiza por sí sola una detección efectiva si el profesional carece del tiempo necesario para aplicarlos", afirma.
Con todo, y aunque Gallego considera que la medida impulsada por el Ministerio es "positiva y necesaria", también matiza que "difícilmente puede considerarse suficiente por sí sola". "La mejora real exige una estrategia integral que combine el refuerzo de las plantillas, la reducción de pacientes por cupo asistencial, la
formación continuada del personal sanitario y administrativo que recibe a la mujer, el fortalecimiento de la atención psicológica y una mayor coordinación y
disponibilidad de recursos sociales especializados", insiste.
¿Cómo gestionar la violencia de género desde el médico de Familia?
"Desde Atención Primaria tenemos el deber de acompañar a las mujeres en todo momento. Ese
vínculo de confianza que siempre ha caracterizado a este nivel asistencial debe ser el elemento conductor ante una situación de este tipo. La mujer debe saber que somos la persona a la que puede dirigirse para que actuemos como
elemento coordinador con todas las estructuras que pueden ayudarla, protegerla o atenderla cuando sea necesario", explica Armenteros. Tanto él como su compañera subrayan la necesidad de acompañar, informar y cuidar, y para ello hay algo que es fundamental: no minimizar.
"Uno de los principales errores es
restar importancia a lesiones que pueden parecer leves, pero que forman parte de una situación mucho más compleja. También es un error carecer de la empatía necesaria para comprender la gravedad del problema o intentar derivar la responsabilidad a otros profesionales en lugar de asumir el papel que corresponde", insiste. En este punto, su compañera enumera las fases a seguir: primero, elaborar el
parte de lesiones e informar a la mujer sobre el mismo, "dedicando tiempo a comprobar los datos y el teléfono de contacto para que sea ella, y no otra persona o el agresor, quien reciba la llamada del juzgado de guardia o del equipo de
valoración de la mujer".
A partir de ahí, se mantiene el seguimiento y acompañamiento de la paciente hasta que se encuentre preparada para denunciar. Además, destaca la importancia de que la
documentación clínica sea suficiente. "La
historia médica puede adquirir posteriormente una enorme relevancia asistencial, social o judicial. Por ello, es esencial reflejar de forma objetiva y detallada las manifestaciones de la paciente, las lesiones observadas, la
evolución clínica y las actuaciones realizadas", relata. "La atención a la
violencia de género requiere coordinación con enfermería, trabajo social,
salud mental, servicios especializados, fuerzas y cuerpos de seguridad y recursos judiciales cuando proceda. La
intervención multidisciplinar suele ser determinante para ofrecer una respuesta eficaz", concluye.
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