Ángel López Hernanz, médico de Atención Primaria en el centro de salud de Cañada Rosal (Sevilla).
Ángel López Hernanz, médico de Atención Primaria en un pequeño municipio andaluz, ha decidido retrasar su jubilación para seguir atendiendo a sus pacientes en el centro de salud de Cañada Rosal (Sevilla)
por el gran vínculo emocional que mantiene con ellos después de tantos años. Y es que, a punto de cumplir la edad de retiro, cuenta en
Redacción Médica que se ha acogido a
una prórroga que le permite continuar en activo. Una decisión que no solo responde a que se encuentra bien física y mentalmente, sino también a la falta de personal sanitario en su pueblo: "Ahora estoy yo solo".
La situación que vive refleja un problema más amplio en la
Medicina rural: la
falta de relevo generacional. "Cuesta trabajo que haya médicos jóvenes en los pueblos. Por eso, algunas prórrogas de jubilación pueden ser una solución parcial", reconoce. Esta carencia
se combina con la presión asistencial: "Estamos pasando por una situación dura en Atención Primaria, donde hay mucha demanda, mucha presión, no hay sustituciones de los que se jubilan, no hay sustituciones de las vacaciones, entonces muchas veces acumulamos grupos de otros médicos y
vemos muchos más pacientes de los que realmente tenemos que ver".
Una prórroga por sus pacientes
Cada año trabajado con prórroga se computa un 20 por ciento más para la pensión, que puede recibirse al final del año o acumulada para el cobro posterior. Sin embargo, López Henanz enfatiza que
no tomó esta decisión por dinero.
"La verdad es que tenemos una buena pensión de jubilación, pero lo hago porque me encuentro mentalmente y, sobre todo, físicamente bien", explica. Además, señala que
el vínculo con sus pacientes es el principal motivo: "Todavía aquí la gente me guarda un cierto cariño y aún tengo un vínculo con mis pacientes, porque llevo aquí muchos años. Entonces es el motivo por el que quiero continuar".
Así, afirma que el contacto diario con los pacientes y
la vida en el mismo pueblo marcan la diferencia frente a los centros urbanos. "Aquí no solo veo a mis pacientes en la consulta. Los veo en la calle, en la panadería, en actos sociales... No es lo mismo que en Madrid, donde
la relación es menos estrecha porque hay muchísima más gente", opina.
Consultas extraordinarias
Ahora, hace
"consultas normales y algunas extraordinarias por la tarde" después de que tomara otra decisión importante anteriormente:
dejar de hacer guardias. Algo que ya contó a este periódico y que para él ha supuesto un cambio significativo en su bienestar.
En este contexto, las consultas extraordinarias son básicamente telefónicas y administrativas, "de 5 a 8 de la tarde una vez por semana más o menos", y forman parte de las jornadas llamadas Pascofix, que también suponen
un plus económico. El facultativo participa en ellas
para ayudar a reducir listas de espera: "Antes había 90 o 100 citas por paciente, ahora ya nos limitan a 45 o 50 aunque vemos urgencias".
"Desde que las he dejado de hacer guardias hace seis o siete meses, estoy mucho mejor. Tengo más tiempo con mi familia y duermo en casa", revela López Hernanz, que actualmente trabaja las 7 u 8 horas diarias "y ya está", lo que le permite mantener ese
equilibrio entre la vida laboral y personal.
¿Hasta cuándo?
Cuando le preguntan por
su retirada definitiva, el facultativo tiene clara su regla: "Mientras me encuentre mentalmente y físicamente bien, intentaré seguir". "Sobre todo, mientras mis pacientes quieran verme, visitarme, me busquen y estén contentos conmig
o, yo estaré ahí si me lo permite la normativa vigente, claro", asegura.
Sobre la relevancia de su caso para el relevo generacional en el medio rural,
reconoce que es una solución parcial: "Depende de como esté cada uno y de cómo viva su trabajo, su situación familiar y económica. Pero si a los que estamos en los pueblos nos gusta y estamos a gusto, tenemos esa opción". "Hoy día,
la calidad de vida ha aumentado y con 65 años todavía nos encontramos bien", concluye.
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