Francisco José Sáez Martínez, responsable del Grupo de Salud Laboral de SEMG y
Guillermo Martín Carballo, vicepresidente de Atención Primaria de la AEP.
Con alivio es como han recibido los profesionales de
Medicina Familiar y Comunitaria y Pediatría la decisión del Gobierno de intentar
prorrogar la jubilación activa en una Atención Primaria con
infradotación de plantillas. Sin embargo, los límites temporales establecidos resultan insuficientes a ojos de estos profesionales, para los que dicha modalidad debería mantenerse activa,
como mínimo, hasta 2030, teniendo en cuenta la
curva ascendente de jubilaciones que se prevé hasta la fecha.
Este modelo, constituido en 2022, permitirá a los profesionales de ambas especialidades alargar su
tiempo en activo hasta los 70 años -cobrando el 75 por ciento de su pensión- al menos durante un año, siempre y cuando el Ejecutivo consiga aprobar su
reforma de las pensiones. Una ventaja efímera para los facultativos, para quienes resulta un "problema" que se trate de una medida "puntual" o y no de algo"estable" en el marco normativo sanitario. "Dentro de un tiempo va a pasar lo mismo. Con lo cual, lo lógico, es que esto tenga un carácter continuo", arguye Francisco José Sáez Martínez, responsable del Grupo de Salud Laboral de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
En un primer momento, esta iniciativa se planteó como una
herramienta temporal para
subsanar la escasez de médicos que aquejaba el primer asistencia. Sin embargo, los buenos resultados obtenidos, con más de
1.200 profesionales acogidos a esta medida durante los dos últimos años, ha llevado al Ejecutivo a plantear un nuevo horizonte, más allá de 2025, como fijaba el texto inicial.
Falta de relevo generacional
Aunque la
cifra de MIR a punto de terminar su
residencia de Familia es abultada, no será, sin embargo suficiente para paliar el alto número de plazas que dejarán vacantes los médicos que, se espera,
cuelguen la bata en los próximos tres años. "Va a ser una crisis tremenda", vaticina el facultativo, quien no entiende que, a pesar de estos cálculos, a nivel político se quiera quitar" este
modelo de jubilación activa.
Afines a esta posición se mantienen, de igual forma, los pediatras, conscientes de que aunque no es el escenario ideal, al menos hoy por hoy "se necesitan manos" ante el actual "
desajuste de plazas que hay sin cubrir". "Si sobrara personal, como hace muchos años cuando yo empecé en esto, pues lógicamente no tendrían esta jubilación activa", argumenta Guillermo Martín Carballo, vicepresidente de Atención Primaria de la Asociación Española de Pediatría (AEP), a favor, también de una medida estable que sustituya a esta especie de 'parche'.
Recertificación como aval
En cualquier caso, Sáez Martínez niega que la solución a este déficit de facultativos sea "buscar otro profesional" y que o bien "sean las
enfermeras las que hagan esas cosas" o se opte por "
contratar a médicos que no son de Familia, los cuales no tienen la formación adecuada" como para ejercer dentro de la especialidad. "A nadie se le ocurriría que alguien que no tiene capacidad para ser abogado pudiera ejercer como tal. Eso es lo que no tiene sentido", advierte el médico, en referencia a la
contratación de médicos sin MIR presente en algunos sistemas de salud autonómicos.
Un supuesto, a todas luces, más temeroso que el hecho de alargar hasta los 70 años la vida laboral de estos profesionales. Lo cierto es que ninguna de las dos especialidades detecta una posible laguna de
seguridad en el hecho de alargar unos años más el ejercicio de los profesionales, amén de los controles que ya se desarrollan en los distintos sistemas autonómicos para garantizar tanto el adecuado estado de
salud física y mental de los profesionales como la actualización permanente de sus conocimientos.
De hecho, aquellos médicos que quieren optar a este modelo deben someterse a un
reconocimiento médico en los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales y aportar un certificado que avale sus capacidades para "seguir cumpliendo con la labor que va a tener asignada", sostiene Martín Carballo. Todo dependerá "un poco de cómo esté ese profesional", añade el pediatra, puesto que "hay personas que, a lo mejor con 60 años, tienen problemas físicos que les dificultan su tarea habitual y hay otras que con
70 años están espléndidas".
Son, en este caso, las gerencias regionales, las encargadas de realizar la valoración y el proceso de recertificación, según detalla el médico de Familia, para constatar que dicho profesional "sigue siendo necesario" y es un candidato óptimo a la jubilación activa según sus circunstancias. "Lo que no tiene sentido es que no se haga de esa forma, tampoco que sea de
una forma automática, y que al pedir la jubilación activa ya se incorpore, sino que es algo que se está haciendo de manera transversal e individualizada", aclara.
"Tengo una compañera que lleva tres años prolongando y que cumple perfectamente con su trabajo como cumplía antes y, en ese sentido, hay ninguna pega. Otra cosa distinta pues es que te quedes a pasar el rato y se te tolere porque entonces no ayudas nada", ejemplifica Martín Carballo.
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