Los ingenieros hospitalarios esperan empezar las negociaciones el año que viene; pero Sanidad todavía no ha fijado fecha

Francisco Reguera cuenta los avances realizados en la aprobación del Ingeniero Interno Residente
Juan José Pérez Blanco y Francisco Jesús Reguera.


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La tecnología de los equipos sanitarios es cada vez más avanzada. A su vez, las necesidades asistenciales de la población se han transformado con respecto a las de hace unas décadas, como consecuencia del cambio demográfico. Este nuevo escenario exige no solo modernizar, sino también garantizar el correcto mantenimiento de infraestructuras y equipamientos sanitarios. Sin embargo, el contexto actual evidencia ciertas carencias para asegurar este objetivo en el marco del Sistema Nacional de Salud (SNS). Ante esta situación, los ingenieros hospitalarios llevan años reclamando la creación de la figura del Ingeniero Interno Residente (IIR), misión para la que buscan el apoyo del Ministerio Sanidad para su aprobación. Han fijado el año 2027 como horizonte temporal para iniciar la negociación, aunque el departamento de Mónica García no cierra, por el momento, ninguna fecha.

Ministerio de Sanidad e ingenieros hospitalarios se han reunido recientemente en varias ocasiones y su unión este año se va a centrar en la promoción y divulgación del sector. Según han explicado fuentes del departamento que lidera Mónica García a Redacción Médica, "ninguna de estas actividades hablan del acuerdo para el IIR". 

Por su parte, fuentes del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid (COIIM) señalan a este medio que efectivamente, el acuerdo firmado con Sanidad está enfocado en la promoción del sector, sobre todo centrado en actividades de divulgació. "Entonces, el 2026 se van a centrar sobre todo en esta parte dejando apartado un poco lo del IIR, pero con la previsión de empezar las negociaciones para introducirlo en el marco de ación de cara a 2027 con Sanidad", indican estas mismas fuentes. 


El proceso de creación del IIR


"Al fin y al cabo, nosotros, de forma indirecta, también tratamos con pacientes. De ahí la necesidad de esa formación en residencia", explica Francisco Jesús Reguera en una entrevista con Redacción Médica. Él es ingeniero técnico industrial en el Hospital Universitario de Jerez y destaca la necesidad de tomar acción en este sentido. Además, también explica los avances realizados sobre esto en los últimos meses.

Fue en junio de 2025 cuando vio la luz la llamada Comisión Estratégica del Ingeniero Interno Residente (Ceinir), que nació con el objetivo de promover la creación del INIR, un sistema de formación reglada y supervisada para ingenieros sanitarios, similar al modelo MIR en Medicina. Ahora, más de medio año después del inicio de su andadura, Reguera hace un balance “muy positivo” de esta primera etapa y asegura que “se está trabajando bastante bien”. “Es una comisión muy transversal y heterogénea, y eso siempre enriquece y facilita el propósito”, subraya. El grupo supone un paso más para conseguir algo clave: que la idea empiece a resonar en todo el SNS.

Esto ya se ha conseguido. Las reuniones con el departamente de García se han saldado con una alianza para el impulso del sector. "Se ha firmado un convenio impulsado por la Dirección General de Salud Pública y el Ingesa para hacer actividades con el colegio de ingenieros", explican a este medio desde el Ministerio de Sanidad. No obstante, advierten que nada de esto tiene que ver con el IIR. Así, desde el COIIM matizan que este año la actividad del acuerdo va a centrarse en la divulgación y calculan que las conversaciones para incluir la aprobación del IIR en este marco se empezarán a realizar, previsiblemente, en 2027. Este es su deseo, pero todo depende de las negociaciones de la Ceinir con Sanidad.

“Esto es una carrera de fondo. Es muy complejo y hay que armonizar intereses desde la administración, las universidades y también desde los organismos profesionales”, explica Reguera. Por el momento, el proyecto se encuentra en una fase inicial, en lo que el define como “los albores de la implantación de este tipo de figuras”. 

Son conscientes de que el proceso va a ser largo y de que no pueden prever una fecha exacta para la aprobación del Ingeniero Interno Residente. “Es una cuestión realmente muy novedosa y nosotros sabíamos desde el primer momento que no iba a ser una cosa ni de medio plazo siquiera, esto es a largo plazo”, afirma. Con todo, defiende la importancia de poner en valor el camino andado. “Al menos ya se está planteando que algo hay que hacer. Esto puede cristalizar en este tipo de figura o en otras alternativas, pero el debate ya está abierto”, sostiene.


La propuesta formativa para el Ingeniero Interno Residente


Reguera insiste en que el contexto sanitario es muy específico. Por ello, es muy importante prestar una formación concreta para quienes se van a encargar de levantar y mantener las infraestructuras y los equipamientos sanitarios. “Hay un trasfondo de salvaguarda de la vida y de mejora de la salud”, afirma.

Por el momento, se propone articular una estructura formativa similar a la ya existente en disciplinas como Enfermería, Medicina o Farmacia. En este escenario, se contempla la aprobación de entre cinco y seis especialidades. Tres de ellas corresponderían a los ámbitos clásicos presentes en todos los centros sanitarios, tales como instalaciones industriales y mantenimiento, el área de proyectos y obras y el equipamiento electromédico.

Junto a estas, se estudia la incorporación de otras especialidades vinculadas al avance tecnológico y a la transformación del modelo asistencial, como la ingeniería biomédica; las tecnologías de la información y la comunicación; y la ingeniería de procesos y calidad. Sin embargo, el ingeniero insiste en que el debate sobre el número definitivo de especialidades sigue abierto. Con todo, reitera que el foco debe situarse en los beneficios que esta iniciativa puede aportar al sistema de salud.

“La formación siempre contribuirá a mejorar la atención al paciente: mejores instalaciones, mejores equipos, procesos asistenciales más eficientes y un tratamiento más seguro de los datos. Todo ello tendría un impacto muy relevante en la calidad del servicio, en la prestación sanitaria y en la seguridad del paciente”, concluye.
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