El primer reto con el que se topó la fase de ampliación del hospital fue, tal y como afirma Izquierdo en Redacción Médica, “lidiar con la propia ubicación del espacio físico donde se estaba realizando la obra, situada dentro del propio centro hospitalario”. Después de destruir los pabellones originales del centro, que conformaban 4.000 metros cuadrados, se empezó a erigir un edificio de más de 31.000 metros cuadrados: “Fue todo un reto hacer esta obra de ingeniería sin alterar el día a día del paciente. Existen muchos lazos asistenciales dentro del centro con el Hospital de Día, Urgencias o Farmacia Hospitalaria, aunque se logró mantener el circuito de forma ininterrumpida”.
Para convertir a la institución catalana en un centro capacitado para hacer frente a nuevos retos sanitarios, la especialista destaca la creación de una UCI nueva totalmente equipada con “materiales de alta tecnología, aumentando enormemente su capacidad de pacientes y la calidad de su tratamiento”.
La UCI, conformada por 18 boxes, tiene dos salas que permiten ofrecer presión de aire positiva o negativa dependiendo de quién entre: “Si ingresa un paciente con enfermedades infecciosas, se le administrará presión negativa, y si entra un inmunodeprimido, presión positiva. Este cambio ofrece mucha flexibilidad para el tratamiento”. Además, la UCI ya cuenta con su propio equipo de rayos “para hacer intervenciones cardiovasculares o poner un marcapasos en el mismo box”, afirma Izquierdo.
Otra gran innovación con la que ya cuenta el centro es la zona de endoscopias, donde se han llegado a unir hasta tres Servicios diferentes: “La mejora de los circuitos ha permitido trabajar con mejores flujos y procesos a nivel general. Se ha juntado en un mismo Servicio a especialistas de Endoscopia Digestiva, Neumología y Neurología, con diferentes boxes e implementando sistemas de retransmisión 3D”. Además, también se han erigido dos salas de Radiología “para hacer todos los procesos de endoscopia de forma mucho más ágil y precisa”.
Anteriormente, estos pacientes no podían tratarse en el propio Servicio de Endoscopia Digestiva, por lo que “tenían que bajar a otra planta y compartir un equipo de Radiología con otros pacientes. Ahora, todas esas intervenciones ya se pueden hacer en el propio Servicio, ofreciendo flexibilidad y potenciando un área que tiene una demanda muy alta, sobre todo las endoscopias digestivas”.
Las enseñanzas que dejó la pandemia de coronavirus fueron implementadas en la ampliación del Hospital del Mar, y todos los boxes ligados a las endoscopias “cuentan con conexiones y gases para que no solamente sean salas de recuperación, sino que se puedan convertir cuando sea necesario en UCIs. En todas las plantas de hospitalización, como mínimo hay dos habitaciones para poner presión positiva o negativa”.
Entre los procesos que podrán beneficiarse de toda esta tecnología, se encuentran la radioterapia guiada por resonancia magnética para tumores cerebrales, los tratamientos guiados por resonancia magnética, estudios de perfusión cerebral en ictus isquémico antes de realizar trombectomía mecánica, la planificación de intervenciones neurovasculares complejas y las terapias oncológicas intraarteriales en tumores cerebrales, entre otras.
A nivel de innovación hospitalaria, uno de los grandes cambios que experimentó el hospital fue en el almacenamiento de fármacos. Según Izquierdo, “se instauraron cubos modulares, como un cubo de Rubik, para crear almacenes logísticos de medicamentos. Este sistema es único a nivel mundial, ya que el resto de los centros usa los típicos carruseles”. Este cambio no es el único que sufrió el Servicio de Farmacia Hospitalaria, ya que también logró ser pionero en automatizar de punta a punta en el proceso del medicamento. Con todas estas innovaciones, la especialista está convencida de que el Hospital del Mar “encarará con fuerza la medicina del futuro, que ya está llamando a la puerta”.