400 profesionales sanitarios han analizado la encrucijada a la que se enfrenta la gestión sanitaria española



1 nov. 2015 21:07H
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Redacción. San Sebastián
“La despolitización de la gestión y la transparencia son prioritarias, de forma que el perfil de directivo debe establecerse como el de un profesional de la gestión, un cargo sometido a una evaluación objetiva basada en resultados asistenciales, económicos, de participación profesional y de liderazgo social, dentro de un código de buena gestión directiva”. Con estas palabras se ha expresado Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa) en las VIII Jornadas Nacionales que la organización ha realizado en el País Vasco con 400 profesionales.

De izquierda a derecha: Joaquín Estévez, presidente de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (Sedisa); Iñaki Betolaza, director de Farmacia del Gobierno Vasco; Jon Guajardo, gerente de la OSI Barrualde Galdakao; y Manuel Huerta, director gerente de la Agencia Sanitaria Bajo Guadalquivir.


En este encuentro, los directivos de la salud han analizado la encrucijada a la que se enfrenta la gestión sanitaria, con la eficiencia y la excelencia como referentes, y el camino a seguir en las decisiones a tomar. Asimismo, han puesto sobre la mesa las expectativas de los ciudadanos, en un entorno donde han cambiado los niveles de salud de la población; su visión sobre su estado físico y psíquico, y donde la aparición de nuevas tecnologías sanitarias; el cambio demográfico y la aparición de nuevas enfermedades han hecho que la calidad de los servicios sanitarios sea una preocupación de enorme magnitud.

“Este contexto obliga a todos los actores implicados a llegar a consensos, aportar soluciones y tomar medidas apoyados en una gestión profesional e innovadora, en busca de la mejora de los resultados en salud”, explica Estévez. En este marco, el presidente de Sedisa hace hincapié en la importancia de que, pese al panorama de cambio político importante en el que nos encontramos, con cambios de gobierno, “implementar una forma de gestionar los procesos asistenciales para aportar resultados en salud, ser eficiente, fomentar la calidad, profesionalizada y transparente, independientemente del partido político que gobierne, debe ser una prioridad para todas las comunidades autónomas”.

La situación de la gestión sanitaria en el País Vasco

Por su parte, Jon Guajardo, gerente de la OSI Barrualde Galdakao, es “complicado de cambiar teniendo en cuenta la rigidez de los sistemas sanitarios públicos, por lo que hemos de analizar si debemos ir adaptando el modelo o realizando de inicio una transformación en profundidad”.

En este sentido, el País Vasco, que cuenta con seis centros hospitalarios y una Atención Primaria realizada a través de 153 centros de salud y 157 consultorios para atender a una población de 2.166.043 personas. “Destaca por ser pionera en la transformación del sistema sanitario en los últimos años, con un modelo sanitario centrado en el paciente y en la continuidad de cuidados para una buena gestión de los enfermos crónicos, en torno a la implantación de una Estrategia de la Cronicidad iniciada hace ya años”, explica Jon Guajardo. A ello ha ayudado, según Guajardo, la estabilidad de los equipos directivos y las políticas sanitarias, “que no se han modificado en gran medida a pesar de los cambios políticos, lo que ha hecho posible trabajar con perspectivas y estrategias a largo plazo”.

Esto conlleva la definición y evaluación de objetivos evaluables, lo que supone medir resultados y compararlos. Y es que, si bien en la actualidad en España se miden los resultados, Jon Guajardo destaca que “medimos con poca transparencia y solo aquellos factores relacionados con la actividad realizada y el coste que supone dicha actividad, pero no se analiza de forma estandarizada si lo que estamos haciendo tiene resultados en salud y si son los resultados a los que queríamos llegar”.

Esta situación responde, asimismo, a la falta de indicadores de salud que deberían estar basados en unos objetivos concretos, que, junto al modelo sanitario deben evolucionar. En palabras del presidente de Sedisa, “no es posible transformar el modelo sanitario si no se cambian los objetivos asistenciales y, en este sentido, éstos siguen siendo prácticamente los mismos hoy que hace diez años. En definitiva, los objetivos deben evolucionar y completarse desde la asistencia reparadora (curación) a una atención en la que hay que cuidar, acompañar y ayudar a vivir mejor”.

Segunda  transformación en esta comunidad

La transformación del modelo sanitario en el País Vasco se fundamenta en el compromiso con las personas, “en tanto en cuanto nuestra misión consiste en mejorar los resultados de salud de nuestra población”, explica Iñaki Betolaza, director de Farmacia del Gobierno Vasco.

“En este sentido, partimos de tres premisas básicas: tenemos un compromiso total con el mantenimiento y la garantía de los principios que caracterizan a nuestro sistema de salud (universalidad, solidaridad, equidad, calidad de los servicios y participación ciudadana); debemos gestionar con prudencia estos cambios, ya que en la comunidad, el 89,4 por ciento de nuestra población hace una valoración positiva del funcionamiento de nuestro sistema sanitario, y consideramos que el sistema sanitario es generador de riqueza y que la sanidad debe ser valorada como una inversión y no sólo como un gasto”.

Si bien el País Vasco ha sido pionera en transformar el modelo sanitario, el director de Farmacia del Gobierno Vasco tiene claro cómo debe ser ese proceso. “No se debe hacer a través de la aprobación de Decretos-Ley en Consejo de Ministros (Real Decreto Ley 16/2012), sino que los procesos de transformación requieren de los oportunos consensos políticos y sociales tal y como se hizo cuando se aprobó la Ley General de Sanidad en el año 1986”.

Tras una primera transformación 18 años después de la creación de Osakidetza, con la aprobación de la Ley de Ordenación Sanitaria, en la actualidad, en  la región se está desarrollando una segunda transformación, manteniendo, en palabras de Iñaki Betolaza, “nuestro compromiso con las personas y tratando de dar respuesta al nuevo paradigma social para mejorar los resultados de salud de nuestra población y garantizando la sostenibilidad de nuestro sistema de salud”.

Dicha transformación gira en torno a tres líneas de actuación: un concepto de salud más amplio de sanidad, el desarrollo de una estructura centrada en el paciente y un nivel de cuidados acorde con los problemas de salud.

Las organizaciones sanitarias, obligadas a aliarse

Durante jornadas, punto de encuentro, análisis y actualización en torno a la gestión sanitaria, se están evaluando, además, otros asuntos: cómo gestionar la innovación, la importancia de la colaboración entre las organizaciones sanitarias y los factores más relevantes para garantizar la sostenibilidad del sistema. A este respecto, Manuel Huerta, director gerente de la Agencia Sanitaria Bajo Guadalquivir, en Sevilla, apunta que “las organizaciones están obligadas a aliarse. Se trata de un camino sin retorno en el que es imposible seguir avanzando si cada institución abarca todo de forma aislada”. Y añade: “Lo que debemos hacer ahora es ver de qué manera se producen estas alianzas para que sean algo útil”.

En el caso de Andalucía, este experto indica que existen iniciativas al respecto ya instauradas y con resultados desde hace años. “Es el caso de las Unidades de Gestión Clínica, con un funcionamiento transversal, intercentros, los laboratorios centrales, las plataformas de compra centralizada y el área de diagnóstico por imágenes, que hace posible que los radiólogos puedan estudiar cualquier prueba realizada independientemente del centro en el que se haya realizado”.
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