Enrique y Andrea se conocieron de manera online en 2020; actualmente son pareja y comparten especialidad y hospital MIR

Enrique y Andrea se conocieron de manera online en 2020; actualmente son pareja y comparten especialidad y hospital MIR
Enrique Font y Andrea Poveda, R1 de Psiquiatría del HUVA y pareja sentimental.


11 mar. 2024 19:00H
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La asignación de plazas MIR puede ser un arma de doble filo. Y es que, en algunos casos, acceder a la especialidad médica soñada implica hacer las maletas a otra ciudad y dejar toda la vida atrás, al menos durante los cuatro años de residencia. Pero también hay historias positivas en las que el amor se abre camino y es precisamente esa mudanza la que permite 'vencer' la distancia y cambiar la pantalla por la convivencia diaria en pareja, tanto en casa como en el hospital. 

Como estudiantes de Medicina, Enrique Font y Andrea Poveda no tenían mucho entretenimiento disponible en marzo de 2020 más allá de sus apuntes, dado el confinamiento que se instauró por el coronavirus. Sin embargo, las redes sociales permitieron a estos dos alumnos de universidades diferentes conocerse de manera online y sentir un flechazo, aunque fuese de forma telemática.

Durante la preparación del MIR, saber que la recompensa sería vivir juntos hizo más fáciles las cosas. "Conozco a muchas parejas en las que uno de los dos es médico que rompieron durante el estudio del MIR, pero que tu pareja estudie contigo no solo te da un compañero de estudio, también entiende que estés casi un año sin apenas tiempo libre", destaca Enrique. De manera generalizada, él ha comprobado que "el hecho de que tu pareja sea médico ayuda a que entienda cómo de absorbente es la profesión". 


"Que tu pareja estudie contigo no solo te da compañía, también te garantiza que entienda cómo de absorbente es la Medicina"



Tras acabar el examen de FSE, ambos se enfrentaban al momento de elegir su vacante de residencia. "Fue un momento tenso", recuerda Enrique, puesto que había muchos 'requisitos' a cumplir para que todo saliera acorde al plan que ellos mimos habían trazado. "Ya de base es difícil poder elegir la misma ciudad que tu pareja, pero en nuestro caso además era la misma especialidad en el mismo hospital", explica. Pero tenían un as bajo la manga, dado que "para bien o para mal" sus resultados en el examen fueron "muy parecidos" y, por ende, pudieron cambiar las listas de manera simultánea según avanzaba el proceso. 

"Por suerte ninguno tuvo que ceder y los dos pudimos coger lo que nos gustaba, pero fue una situación muy compleja", detalla el ahora residente. Él dudaba entre Pediatría, Endocrinología o Psiquiatría, mientras ella se inclinaba por esta última aunque sin una preferencia excesivamente tajante. De hecho, los dos tuvieron presente qué parte era la más importante al tomar una decisión definitiva: "Ambos teníamos claro que la prioridad era estar juntos, el sitio era completamente secundario".


"Ambos teníamos claro qeu la prioridad era estar juntos, el sitio era completamente secundario"



Finalmente, Enrique y Andrea accedieron a dicha rama en el Hospital Universitari Arnau de Vilanova (HUAV), en Lleida, aunque también valoraron elegir ciudades diferentes pero cercanas y vivir en un lugar intermedio, ya que la cuenta atrás avanzaba y no tenían nada claro. "No supimos qué hospital poner el primero en nuestras listas hasta la tarde anterior a la elección", asegura Enrique. 

Día a día de una pareja coR en el MIR


Una vez que encontraron la manera de terminar con la distancia y construir una vida juntos, ambos se mudaron y pudieron traspasar la pantalla, tanto en casa como en el trabajo. El resto de su Servicio conoce su situación, y hace lo posible para que el 'encaje de bolillos' que suponen para ellos cuadrar horarios sea un poco menos complejo.

"Al estar ambos en el mismo Servicio y ser coR nunca estamos de guardia los dos a la vez. Para coger vacaciones esto complica un poco la situación, pero es factible, en gran parte gracias a nuestras dos coR y a nuestras residentes mayores", remarca Enrique. Ellos no son los únicos en esta situación. En su propio hospital hay otras dos parejas más de R1 que también tomaron la decisión de hacer la especilaidad en el mismo centro sanitario. 

Por norma general, ambos intentan colocar sus respectivas guardias en fines de semana para librar juntos los lunes. "Si uno quiere, se puede", sentencian. Una vez que terminen la residencia, esperan volver a trabajar en el mismo hospital como médicos adjuntos e incluso "pasar unos años en el extranjero trabajando al acabar el MIR", concluyen.
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