Elida Grande, estudiante de Medicina.
Elida Grande recorre las inmediaciones de la Facultad de Medicina de la
Universidad Complutense de Madrid junto a unas compañeras. Están tomándose un respiro antes de volver a la biblioteca para prepararse los exámenes finales del curso, y aprovecha estos minutos para conversar con
Redacción Médica. Actualmente cursa primero de carrera y convive con la
ataxia de Friedreich, una enfermedad neurodegenerativa que dificulta su movilidad,
pero no sus aspiraciones. Es consciente de los retos que tendrá que afrontar en el futuro, pero tiene claro su objetivo: convertirse en una neuróloga excepcional para ayudar a los pacientes con patologías similares a que vuelvan a ser los protagonistas de sus historias.
En un principio Grande no quería entrar a Medicina. Ya pasaba suficiente tiempo en los hospitales a causa de su enfermedad para, encima, trabajar dentro de un centro hospitalario. La opción inicial que más le llamaba la atención
era Psicología, por esa importancia en la salud mental de los pacientes.
"Yo llevo una vida normal, dentro de mis limitaciones, y creía que siendo psicóloga podría ayudar a las personas a que no llevaran este tipo de enfermedades tan mal como para no salir de casa", ha explicado a este periódico, y añade que se sentía con la empatía suficiente para lograrlo, ya que
lleva estando en el otro lado de la mesa durante toda su vida. "Pensaba que les podría entender de verdad y, por tanto,
mejorar su visión del mundo", ha incidido.
Entrar a Medicina con ataxia de Friedreich
Sin embargo, cuando cursaba segundo de Bachillerato, se apuntó a una optativa de Psicología y no le terminó de convencer la formación. Así, tras esa decepción,
tomó la decisión de entrar a Medicina. "Me gustaba también Biomedicina y Neurociencia, pero estas dos opciones están más enfocadas al laboratorio y, aunque me gustaría investigar, también quiero tener contacto con el paciente", ha aclarado.
Actualmente, Grande se encuentra cursando primero de Medicina y, debido a su enfermedad,
se debe desplazar en silla de ruedas y tiene algunas limitaciones tanto en las clases teóricas como en las prácticas. Aun así, reconoce que, por ahora, no tiene ninguna queja con la universidad, ya que la considera muy bien adaptada. Lo que sí echa en falta es una mejor
distribución de las aulas y de cómo están colocadas las mesas. "Eso debería mejorar", incide, pero la propia dirección es consciente y que, cuando lo necesita, le colocan una mesa aparte en el piso más bajo de la sala para que pueda estar cómoda.
Dificultades de estudiar Medicina con ataxia de Friedreich
La enfermedad de Grande es neurodegenerativa y afecta a la motricidad de sus articulaciones. Se le hace difícil escribir y, por tanto, le han adaptado los exámenes. "Muchos de ellos me los hacen de forma oral, aunque también me entregan un ordenador y los puedo
hacer con un sistema de dictado por voz. Eso sí, en un aula distinta para que no me escuchen mis compañeros”, ha relatado.
Quizá el punto más complicado para esta estudiante de Medicina
son las prácticas. Actualmente acude a las de Anatomía y le es prácticamente imposible utilizar el bisturí con su motricidad actual. "No puedo cortar porque lo haría a lo loco", comenta riéndose. Sin embargo, tiene unos compañeros "fabulosos" que han estado ‘encima’ de ella para ayudarla en todo lo necesario. "Creo que no hay otra carrera en la que haya más conciencia que en esta", ha aseverado.
Prácticas en Medicina y el MIR con ataxia de Friedreich
Por ahora, los obstáculos a los que Grande se ha enfrentado los ha ido sorteando. No obstante, es consciente de que el futuro presentará ciertos retos y que habrá especialidades en las será complicado su desempeño. "Creo que mi enfermedad es bastante limitante con las cirugías. Y luego, en las más generales, tendré que elegir una en la que no necesite usar mucho mi pulso", ha reconocido.
A pesar de estos impedimentos, Grande tiene claro, o por lo menos de momento, que su futuro profesional está alineado con la Neurología. Además, no pierde la esperanza de que se
encuentre una cura y poder mejorar su estado actual. "Eso me ayudaría mucho en mi formación como futura especialista", ha afirmado, aunque también aclara que, si no llegaran a encontrar una solución, seguiría sin titubear su camino para convertirse en una excelente neuróloga. "
No voy a limitar mi vida más que me la limita mi enfermedad", ha indicado.
Las investigaciones para lograr tratamientos y frenar esta enfermedad no cesan, y en España se ha aprobado recientemente ‘
Skyclarys’ (omoveloxolona), que ralentiza la progresión de esta patología neurodegenerativa. Esto
alimenta la esperanza de casi 3.000 personas que padecen en España esta enfermedad para que, en un futuro, puedan recuperar la movilidad total y cumplir sus sueños marcados.
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