Una enfermera con 4 años de experiencia en cruceros revela cómo se actúa en estos casos

Una enfermera de crucero, ante el hantavirus: así es el protocolo a bordo
Patricia, enfermera en cruceros.


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El brote de hantavirus en un crucero en el Atlántico ha reabierto una pregunta recurrente: ¿Qué pasa realmente cuando surge una enfermedad contagiosa a bordo de un barco? Lejos de la sensación de caos o emergencia que a veces se traslada a la población, según Patricia, enfermera con cuatro años de experiencia en cruceros internacionales, asegura en Redacción Médica que la situación es mucho más estructurada: "Hay protocolos muy estrictos. Primero de prevención y luego de contingencia si aparece un caso".

Aunque es cierto que todos los barcos no son iguales y cada plan de actuación siempre "depende de su tamaño", explica. En los cruceros más grandes, el equipo médico puede incluir médicos, enfermeras, paramédicos y personal administrativo. A esto  se suma una figura menos conocida pero clave: el oficial de salud pública, responsable de supervisar la higiene general del barco, la seguridad alimentaria y el cumplimiento de los protocolos sanitarios en todos los niveles operativos.

Además, todos están sometidos "a una normativa marítima común" y la clave está en la entrada acada país: las autoridades sanitarias "pueden pedir una serie de reportes" antes de autorizar el atraque por ejemplo en casos de enfermedades como por ejemplo gastroenteritis, gripe Covid-19.

Detectar, aislar si es necesario y reportar


Entonces, cuando aparece un posible caso contagioso, no existe una respuesta automática predeterminada, aunque sí "hay síntomas que ya se consideran de alarma en un barco", dice Patricia. Así, el primer paso es hacer una valoración clínica individual, teniendo en cuenta síntomas, gravedad y riesgo de transmisión.

A partir de esa evaluación se deciden las medidas a seguir. El aislamiento, por tanto, no es la primera medida por defecto, peri sí una herramienta que se aplica únicamente si la situación lo requiere, del mismo modo que ocurriría en un entorno hospitalario. El paciente, ya sea pasajero o tripulante, permanece en su camarote o es atendido en el centro médico, según la gravedad. A partir de ahí, se establece un seguimiento "hasta que cumple los criterios para salir". "El aislamiento funciona como en un hospital: puede ser de contacto, respiratorio… y se les proporciona el material necesario para cumplirlo", detalla.

En paralelo, se activa la comunicación con autoridades sanitarias en función del número de casos y, en casos menos habituales -como enfermedades poco comunes en una región concreta-, se consulta con equipos externos de salud pública para diseñar un plan específico.

Desinfección total y equipos especializados


Tras detectar un caso, entra en acción un equipo específico de limpieza, conocido como hit squad, encargado de desinfectar todos los espacios por los que ha pasado el paciente. "Si ha estado en la Enfermería, se limpia todo el centro médico. Luego se le acompaña a su habitación y se desinfectan todas las zonas por las que ha pasado", subraya. Estas operaciones se realizan con equipos de protección y protocolos adaptados al tipo de riesgo.

Pero el control no se limita a los pacientes. "Toda la tripulación recibe formación desde su llegada al barco y está obligada a reportar síntomas en un determinado periodo de tiempo", revela Patricia. Este sistema permite detectar rápidamente posibles contagios y actuar antes de que se conviertan en un problema mayor.

¿Es necesario evacuar un crucero?


La evacuación de un barco entero ante un brote es, en la práctica, "muy poco frecuente". "En cuatro años nunca he vivido una", asegura Patricia. Este tipo de actuación se limita, en todo caso, a pacientes graves que no pueden ser atendidos a bordo: "Si alguien está en una situación crítica, como necesitar cuidados intensivos, se intenta trasladar". Lo que sí puede ocurrir es que un puerto deniegue el atraque: "Si hay muchos casos de una enfermedad contagiosa, pueden no dejar desembarcar". 

Y es que el principal desafío de un crucero es su propia naturaleza: un espacio cerrado donde muchas personas conviven durante días o semanas. "Es más fácil que una enfermedad se propague, incluso una gripe", reconoce. Pero esa misma condición ha llevado a desarrollar controles más estrictos que en muchos entornos en tierra.

De hecho, Patricia insiste en relativizar el riesgo: "Estamos expuestos a enfermedades contagiosas todos los días, en el metro o en la calle".

A bordo, la estrategia es clara: "Prevenir, detectar rápido y  aplicar los protocolos necesarios adaptados a casa caso". Y aunque el caso del hantavirus ha generado preocupación, la experiencia apunta a que estos sistemas están diseñados precisamente para evitar escenarios descontrolados. "Siempre se intenta prevenir antes que curar. Y si aparece un caso, se actúa", resume.
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