Marc Jeschke y Kaitlin Jeffrey (Imágenes de Hamilton Health Sciences)
El
primer tratamiento con exosomas en una paciente con quemaduras graves, con resultados "absolutamente notables" en la recuperación del rostro, ha sido realizado por el Hamilton Health Sciences. La intervención se llevó a cabo en el Hamilton General Hospital, uno de los dos centros regionales de quemados de Ontario, en Canadá,
en una joven de 18 años que sufrió lesiones profundas en la cara, el cuello, las manos y un brazo tras un incendio en una fiesta universitaria.
La paciente,
Kaitlin Jeffrey, estudiante de la Western University, fue trasladada al hospital canadiense después de que los profesionales sanitarios comprobaran la gravedad de sus quemaduras. El doctor Marc Jeschke, cirujano especializado en quemados y director médico del programa regional de quemaduras, lideró un plan terapéutico con un objetivo claro: evitar, en la medida de lo posible, los injertos de piel en la cara y el cuello.
Según explica el centro, las quemaduras faciales de Jeffrey
eran de espesor parcial profundo a espesor total, lesiones que habitualmente pueden requerir injertos cutáneos. En el caso del cuello, las quemaduras eran de espesor total, con destrucción de todas las capas de la piel. Aunque el injerto cutáneo sigue siendo el tratamiento estándar para muchas quemaduras profundas, esta cirugía puede dejar cicatrices visibles y un aspecto irregular en la piel.
Kaitlin Jeffrey, el antes y el depsués del tratamiento.
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Ante este escenario, Jeschke planteó a la paciente y a su familia una alternativa experimental:
el uso de inyecciones de exosomas como tratamiento biológico para favorecer la reparación tisular. Los exosomas son pequeñas partículas liberadas por las células que transportan señales entre ellas y pueden participar en procesos de cicatrización, reparación de tejidos y control de la inflamación.
El procedimiento se realizó
tras una solicitud urgente a Health Canada por motivos compasivos y después de no recibir objeciones por parte de la autoridad reguladora. Los exosomas utilizados procedían de Estados Unidos y, de acuerdo con la información facilitada por Hamilton Health Sciences, la paciente recibió dos tratamientos separados por varios días, con un total de un billón de exosomas.
El tratamiento consistió en desbridar las heridas, es decir,
retirar tejido muerto o dañado para reducir el riesgo de infección y facilitar la recuperación, e inyectar posteriormente los exosomas en las zonas lesionadas. "Los tratamientos con exosomas son extremadamente seguros y los resultados fueron absolutamente notables", afirma Jeschke en la información difundida por el hospital.
Además de los exosomas,
Jeffrey recibió plasma rico en plaquetas (PRP) aplicado de forma tópica sobre las heridas. Esta estrategia se utilizó como apoyo en caso de que la terapia con exosomas no alcanzara el efecto esperado. La paciente evitó los injertos en la cara y el cuello, aunque sí precisó injertos en las manos y el brazo derecho.
El Dr. Marc Jeschke examina el cuello de Kaitlin Jeffrey, el cual todavía presenta cicatrices activas.
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La paciente: "Estaba aterrorizada"
El hospital señala que
la evolución fue especialmente positiva en el rostro, hasta el punto de que Jeschke sostiene que no se aprecia que la paciente hubiera sufrido quemaduras en esa zona. No obstante, el cuello todavía presenta cicatrización activa, por lo que Jeffrey continúa acudiendo al centro regional de quemados para recibir tratamientos con PRP y láser.
La joven ha destacado el impacto físico y psicológico del accidente, pero también la importancia de los resultados obtenidos en su recuperación.
"Estaba aterrorizada ante la posibilidad de quedar desfigurada de por vida", relata. Ahora, tanto la paciente como su familia y el equipo médico esperan que, con más investigación, esta aproximación pueda estudiarse como una opción para otros pacientes con quemaduras graves.
Por el momento, Jeschke ha compartido sus hallazgos en un informe de caso y lo ha enviado
para su publicación en revistas científicas. El propio centro subraya que se trata de una experiencia en una sola paciente, por lo que serán necesarios nuevos estudios antes de considerar esta terapia como un posible estándar asistencial.
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