Eduardo Murias, radiólogo intervencionista de la Seram, miembro de la SENR y del GeNI y especialista del Hospital Universitario Central de Asturias.
Las trombectomías contra el ictus se disparan en España: cuatro veces más en la última década
Seram, SENR y GeNI destacan el papel de la imagen médica en el diagnóstico y tratamiento del ictus y reclaman reforzar las plantillas de Neurorradiología Intervencionista
España ha multiplicado por más de cuatro el número de trombectomías mecánicas realizadas para tratar el ictus durante la última década. Este procedimiento, que permite extraer mediante un catéter el coágulo que obstruye una arteria cerebral, depende de la imagen médica tanto para el diagnóstico como para la intervención. Así lo destacan la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram), la Sociedad Española de Neurorradiología (SENR) y el Grupo Español de Neurorradiología Intervencionista (GeNI) con motivo del Día Mundial del Ictus.
Las tres sociedades científicas ponen el foco en el papel de las técnicas de imagen, que no solo permiten identificar qué está ocurriendo en el cerebro, sino también determinar qué pacientes pueden beneficiarse del tratamiento y guiar el procedimiento. "La imagen médica no es solo una fotografía del cerebro. Es la información que nos ayuda a decidir a quién tratar y el mapa que nos guía hasta el trombo", explica Eduardo Murias, radiólogo intervencionista de la Seram, miembro de la SENR y del GeNI y especialista del Hospital Universitario Central de Asturias.
Según los datos presentados por Alejandro González, del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla, durante el Congreso Anual de GeNI 2026, celebrado en Bilbao, España registró 9.271 trombectomías mecánicas en 2025, frente a las 2.121 realizadas en 2015. Estas cifras reflejan un incremento de 4,37 veces en diez años, lo que equivale actualmente a unas 25 intervenciones diarias.
Sin embargo, pese al crecimiento acumulado durante la última década, la actividad nacional apenas experimentó variaciones entre 2024 y 2025. En concreto, pasó de 9.228 a 9.271 procedimientos, un incremento de apenas el 0,5 por ciento. Esta evolución plantea la necesidad de analizar el acceso al tratamiento, los tiempos asistenciales y los recursos disponibles, más allá del volumen de intervenciones.
El papel de la imagen médica en el tratamiento del ictus
Las distintas técnicas de imagen desempeñan funciones complementarias en el abordaje del ictus. La tomografía computarizada (TC) cerebral permite detectar posibles hemorragias y valorar la lesión cerebral, mientras que la angio-TC facilita la visualización de las arterias y la localización de la obstrucción. En determinados pacientes, los estudios de perfusión o la resonancia magnética (RM) completan la evaluación y proporcionan información sobre el tejido cerebral que todavía puede salvarse mediante el tratamiento.
Cuando está indicada una trombectomía en un ictus isquémico, provocado por la obstrucción de una arteria mediante un coágulo, el neurorradiólogo intervencionista introduce un catéter y lo hace avanzar por el interior de las arterias hasta alcanzar el trombo. Una vez localizado, utiliza dispositivos de extracción o aspiración, bajo control de imagen, para intentar retirar la obstrucción y restablecer la circulación sanguínea sin necesidad de abrir el cráneo.
No obstante, las sociedades científicas recuerdan que este procedimiento no está indicado para todos los ictus, por lo que resulta imprescindible identificar previamente a los pacientes que pueden beneficiarse de la intervención.
Los datos expuestos durante el Congreso de GeNI también reflejan una reducción de los tiempos necesarios para realizar la trombectomía. Según la serie del registro ARTISTA correspondiente al nodo Sevilla-Huelva, el tiempo transcurrido desde la punción arterial hasta la recanalización, es decir, la reapertura de la arteria, se redujo de 31 minutos en 2017-2018 a 21 minutos en 2024-2025.
Esta disminución, cercana a un tercio, corresponde exclusivamente a los datos de esta serie y no representa una media nacional. Además, hace referencia a una fase concreta del procedimiento, sin incluir el tiempo total transcurrido desde el inicio del ictus hasta el tratamiento.
De hecho, el mismo análisis no identifica una mejora global clara en el tiempo comprendido entre la aparición de los síntomas y la recanalización. Por ello, la reducción de los tiempos durante la intervención debe acompañarse de una detección precoz de los síntomas, traslados rápidos y una adecuada coordinación de los circuitos hospitalarios.
Más especialistas y atención urgente las 24 horas
Ante esta situación, la Seram, la SENR y GeNI consideran necesario reforzar las plantillas de Neurorradiología Intervencionista y garantizar redes asistenciales capaces de ofrecer diagnóstico y tratamiento urgente las 24 horas del día, los 365 días del año.
Para ello, destacan la importancia de una respuesta coordinada entre los servicios de emergencias, Urgencias, Neurología, Radiología, Anestesiología y Enfermería, con el objetivo de facilitar el acceso al tratamiento a los pacientes que lo necesiten.
"No basta con disponer de la tecnología. Necesitamos que cada paciente que pueda beneficiarse encuentre a tiempo un equipo preparado para tratarlo, viva donde viva. El objetivo no es hacer más procedimientos por sí mismos, sino reducir las secuelas del ictus", subraya Murias.
Las sociedades científicas también insisten en la importancia de reconocer los primeros síntomas del ictus y actuar con rapidez. La aparición repentina de dificultades para hablar o comprender, desviación de la boca, pérdida de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo o pérdida brusca de visión son algunas de las señales de alerta.
En este sentido, recuerdan la recomendación del Ministerio de Sanidad de llamar inmediatamente al 112 ante la sospecha de un ictus, sin esperar a comprobar si los síntomas desaparecen. La identificación precoz de estas manifestaciones constituye el primer paso para acceder a tiempo al diagnóstico y al tratamiento.