La Atención Primaria resiste en Ceuta: "El colapso aquí no es real"

Sanidad hoy

"Lo que está ocurriendo en Ceuta está repercutiendo muy gravemente en la salud mental de los médicos"

La coordinadora médica del centro de salud de Otero, Mercedes Laserna, alerta sobre el impacto psicológico de una ciudad fracturada

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Casi cuarenta días después de la crisis que alteró el pulso sanitario de Ceuta, los centros de salud actúan como diques de contención frente a una población asustada. Desde el centro de salud de Otero, la coordinadora médica Mercedes Laserna diagnostica el impacto psicológico de una ciudad fracturada, mientras sostiene que la primera línea asistencial mantiene intacta su operatividad gracias al esfuerzo del personal y a la madurez forzosa de los MIR y EIR.

Traspasar las puertas del ambulatorio supone hoy un aislamiento terapéutico frente a la tensión que respira el trazado urbano. Las horas de guardia generan una barrera protectora para los profesionales, quienes encuentran en la dinámica de extracciones y diagnósticos una vía para desconectar de la crisis exterior. Sin embargo, la dura realidad de la calle penetra inevitablemente en el consultorio a través de los propios ceutíes.

Laserna detalla a Redacción Médica cómo los pacientes entran por la puerta con diversas dolencias que rápidamente derivan hacia problemas crónicos de insomnio, estrés y miedo. Médico y enfermo comparten de este modo un mismo diagnóstico vital ante una circunstancia insólita. El arraigo local provoca que el trauma colectivo repercuta fuertemente en la salud mental de una plantilla que sufre exactamente las mismas preocupaciones que escucha al otro lado de la mesa.

Mercedes Laserna, coordinadora médica del centro de salud de Otero, narra la frustración que siente por la situación que padece su ciudad.

Mercedes Laserna, coordinadora médica del centro de salud de Otero, narra la frustración que siente por la situación que padece su ciudad. /Imagen de Pablo Álvarez

Normalidad operativa

Frente al discurso de alerta que proyectan ciertos sectores sobre la caída inminente del sistema, la trinchera sanitaria desmiente la catástrofe organizativa. La coordinadora rechaza tajantemente la existencia de un colapso en el primer nivel asistencial y aclara que el centro de salud mantiene intactas sus agendas, la atención domiciliaria y las salas de curas. "Aquí en Primaria realmente el colapso no es real", sentencia la doctora.

Atribuye el uso intencionado de ese término a intereses de carácter personal o político, estableciendo una frontera clara entre el funcionamiento ordenado de su ambulatorio y la evidente saturación de los servicios de urgencias. Esta última presión externa responde a las miles de personas que deambulan por las calles del municipio, una presencia masiva que sobrecarga las emergencias pero que no paraliza la labor estructural de los médicos de Familia.

Imagen del servicio especial instalado en el Centro de Salud de Otero para el cribado de migrantes.

Imagen del servicio especial instalado en el Centro de Salud de Otero para el cribado de migrantes. /Imagen de Pablo Álvarez

Guardias prematuras

El sostenimiento de esta estabilidad clínica descansa en gran medida sobre el compromiso de las nuevas generaciones de facultativos. La ausencia puntual de médicos titulares por bajas o vacaciones empuja a los MIR a asumir el timón para evitar fisuras en la atención diaria. La especialista pone como ejemplo el caso de un residente de cuarto año de Medicina de Familia que habitualmente compartía el espacio de trabajo con su adjunto y que, ante el descanso vacacional de su tutor, ha pasado a gestionar sus consultas. Estos jóvenes profesionales aceleran su madurez y asumen responsabilidades de mayor peso para garantizar que el eslabón básico de la sanidad no ceda.

Uniformes sin coraza

El resguardo que ofrece la bata blanca desaparece en el instante en el que finaliza el turno laboral. La perspectiva de la doctora como ciudadana – “de Ceuta de toda la vida”- ilustra la severa degradación de la convivencia en unas avenidas por las que antes resultaba completamente seguro transitar a cualquier hora del día o de la madrugada.

Laserna califica su vivencia personal actual de "fatal", acompañada de un sentimiento constante de sobresalto e incomodidad. Hace pocos días, narra a este diario, mientras caminaba acompañada por sus dos hijos, sufrió un episodio de hostigamiento gratuito cuando un grupo de personas inmigrantes le alzó las manos gritando "españoles racistas". Tras denunciar la gravedad de este clima de inseguridad, la médica lamenta la mordaza ideológica que impera en el tejido social ante la rápida instrumentalización de cualquier queja vecinal. "Que si dices esto ya te califican de un partido o de otro político me parece cuanto menos frustrante", remata desde las puertas de su centro de salud que sigue curando el miedo.

Estado en el que se encontraba la Playa del Trampolín, Ceuta, este miércoles.

Estado en el que se encontraba la Playa del Trampolín, Ceuta, este miércoles. /Imagen de Pablo Álvarez.