Hospital Universitario de Ceuta

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El esfuerzo de los 27 MIR que salva a Ceuta del colapso sanitario: "Atendí a 110 personas en 7 horas"

Josias, MIR de Familia en Ceuta, narra a Redacción Médica la situación a la que se enfrentan diariamente estos profesionales en formación

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La presión migratoria registrada en Ceuta desde finales de julio ha situado a la sanidad local al límite de su capacidad operativa, una quiebra asistencial que la ciudad esquiva diariamente gracias al sobreesfuerzo de los 27 Médicos Internos Residentes (MIR) que desde ese día se están dejando la piel para sacar adelante su labor profesional. Estos profesionales en formación sostienen la primera línea de los centros de salud y las urgencias hospitalarias asumiendo guardias voluntarias masivas, con jornadas extenuantes donde un solo facultativo llega a tratar a más de un centenar de pacientes.

Josias, médico argentino de 44 años y único residente de cuarto año de Medicina de Familia operativo ahora mismo en su promoción, encarna este sacrificio desde el centro de salud de Otero. Destinado al dispositivo especial de atención a migrantes, detalla a Redacción Médica una carga de trabajo inabarcable que escapa a los registros oficiales porque el flujo incesante de pacientes impide documentar curas menores o entregas de paracetamol. "Yo solo atendí 110 personas en siete horas", sentencia el facultativo para ilustrar un ritmo que alcanza los 150 asistidos en turnos de once horas. La maquinaria del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) resiste de forma precaria. "El sistema opera como un motor sin aceite, cuesta arriba y a máximas revoluciones", argumenta para advertir que, de no llegar refuerzos urgentes, "terminará gripando".

Heridas y urgencias

El impacto de esta crisis desborda los ambulatorios y alcanza de lleno a la atención especializada. El representante de los MIR de Familia precisa que una quinta parte de los ingresos recientes en Medicina Interna corresponden a traumatismos que derivan en infecciones severas, celulitis o síndromes compartimentales que exigen una descompresión inmediata. Para aliviar la carga del hospital, los médicos de Familia asumen pequeñas intervenciones que habitualmente corresponderían a un cirujano, tales como incisiones de descarga o drenajes de abscesos. "No voy a mandar 50 de estos casos para que lo vean un cirujano, porque no dan más de sí", argumenta Josias al explicar cómo resuelven patologías complejas ante la falta estructural de especialistas en la zona.

Aprendizaje sacrificado

Para mantener a flote los centros sanitarios, la plantilla de residentes enlaza guardias extraordinarias de manera voluntaria, una reubicación que choca de frente con su programa académico. Los MIR lamentan que la urgencia diaria anula su periodo de aprendizaje, obligándoles a priorizar la tarea puramente asistencial sobre el estudio y las tutorías. Esta anomalía formativa provoca situaciones de alto riesgo que Josias denuncia abiertamente, recordando que existen residentes de primer año asumiendo la consulta de Puerta de Adultos en Urgencias sin la supervisión constante que exige la ley. Se enfrentan solos a diagnósticos complejos porque el tutor asignado debe multiplicar sus funciones y abandonar la estancia.

Desborde emocional

La factura psicológica de este escenario golpea duramente a una plantilla compuesta en su inmensa mayoría por médicos extranjeros procedentes de Latinoamérica y África. Aunque muchos aterrizaron en Ceuta tras trabajar en áreas conflictivas, guerrillas o campos de refugiados, ese bagaje previo no los inmuniza frente al desorden actual. El residente relata cómo el caos y la incertidumbre resucitan el estrés postraumático incluso entre el personal más experimentado. El nivel de presión resulta tan elevado que algunos sanitarios quiebran al terminar su turno y rompen a llorar. Josias recuerda el caso de una compañera, curtida trabajando en entornos de marginalidad penitenciaria y dispuesta a resolver cuadros clínicos que los propios adjuntos esquivaban, que acabó el día entre lágrimas superada por el sufrimiento humano que satura las consultas.

Pese al agotamiento de los sanitarios y la falta endémica de recursos humanos en la ciudad autónoma, el residente mantiene su intención de arraigarse en Ceuta junto a su familia cuando termine la especialidad el próximo mes de mayo. Rehúye el catastrofismo y prefiere observar los últimos acontecimientos como un ensayo de resistencia extrema para los profesionales de la salud pública. "Si de todo esto aprendemos algo, si de todo esto sale algo bueno, habrá valido la pena todo este esfuerzo. Ahora, si de todo esto lo único que sale es desgaste, no", matiza, dejando el veredicto final en manos del tiempo.