El presidente de la Organización Médica Colegial  (OMC), Tomás Cobo.

El presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Tomás Cobo.

Opinión

Ceuta: cuando la dignidad humana también es una cuestión de salud

Tomás Cobo es presidente de la Organización Médica Colegial (OMC) y ha estado en Ceuta conociendo de primera mano la situación sanitaria

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Estos días en Ceuta me han dejado una sensación difícil de explicar. He podido conocer de cerca la realidad que viven los profesionales sanitarios y acercarme también a algunos de los lugares donde se concentra una parte de las personas que llegan a la ciudad en situaciones de extrema vulnerabilidad. Lo que he visto y, sobre todo, lo que he escuchado, no puede dejarnos indiferentes.

Lo primero que quiero hacer es expresar mi agradecimiento a todos los profesionales que están sosteniendo esta situación. A los médicos, por supuesto, pero también a nuestras profesionales de Enfermería, a los técnicos, celadores, trabajadores sociales y al conjunto de profesionales sanitarios. Están atendiendo situaciones que desbordan muchas veces lo estrictamente asistencial y que tienen un enorme impacto emocional. Algunos me han hablado con lágrimas en los ojos. Quien ha visto la muerte de cerca sabe que determinadas imágenes permanecen para siempre.

El segundo elemento de preocupación es la dimensión de salud pública. Hacinamiento, falta de condiciones higiénico-sanitarias adecuadas, personas cuya situación clínica y vacunación se desconoce y una presión asistencial que no deja de crecer. No estamos hablando únicamente de inmigración. Estamos hablando de una emergencia humanitaria que tiene también una dimensión sanitaria y que requiere una respuesta organizada, suficiente y sostenida.

Y hay un tercer problema que me preocupa especialmente: los menores. No podemos acostumbrarnos a ver a niños y adolescentes viviendo en condiciones de extrema vulnerabilidad, expuestos a riesgos que pueden comprometer su integridad y su futuro. Su protección no puede quedar atrapada entre administraciones ni depender de la capacidad coyuntural de una ciudad como Ceuta. Detrás de cada menor hay un ser humano con derechos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos nos recuerda que la dignidad pertenece a todas las personas, sin excepción. Pero proteger esa dignidad no significa olvidar tampoco los derechos y la seguridad de los ceutíes, que llevan años soportando una situación extraordinariamente compleja.

Ceuta necesita una respuesta del Estado, coordinada, estable y a la altura del problema. Y necesita que esa respuesta coloque en el centro algo que debería ser irrenunciable: la dignidad humana.

Porque cuando la salud, la infancia y la dignidad están en juego, mirar hacia otro lado nunca puede ser una opción.