Amaya Prado Piña, psicóloga / Imagen de Amaya Prado Piña
La falta de acceso a una vivienda, un problema de salud pública que agudiza patologías físicas y mentales: "Es devastador"
Redacción Médica habla con una psicóloga, una médica y una persona que ha sufrido un desahucio para conocer el impacto en la salud de este problema
Es tal el nivel de angustia que no hace falta indagar mucho para conocer su origen. Elsa, médica de Familia en un barrio madrileño y miembro del Sindicato de Inquilinas, conoce de primera mano el desgaste emocional que está produciendo el difícil acceso a una vivienda en España. Lo ve en su consulta, a la que acuden pacientes con cuadros de ansiedad “bastante importantes”, tal y como traslada a Redacción Médica. También Amaya Prado Piña, psicóloga educativa y sanitaria; quien advierte del aumento de patología asociada y considera que hay que elevar el problema a una cuestión de salud pública; o David, que ha visto cómo su propia salud se ha deteriorado al tener que afrontar un desahucio en primera persona.
“La vivienda funciona como un factor protector, con lo cual, da estabilidad psicológica. Si existe vivienda estable, existe un hogar en el que descansar, donde organizar nuestra vida, donde mantener nuestras relaciones, donde educar a nuestros hijos, donde proyectar nuestro futuro… Cuando esto desaparece, muchas de estas funciones se vienen abajo”, ilustra Amaya, miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Madrid.
Bien lo sabe Elsa, que atiende a los pacientes cuando su vida se tambalea por falta de un techo. “Llegan con sentimiento de culpa y vergüenza por las amenazas que reciben de los caseros. O, simplemente, porque creen que han fallado como personas al no poder permitirse una vivienda y están de alquiler”, relata la facultativa, que participa en la acampada que estos días se ha desplegado en la Puerta del Sol. “Estar en el sindicato me ha permitido tener herramientas para bajar a tierra esos argumentos y decirles que no es culpa suya sino un problema estructural, y que ahora los alquileres son el foco de la especulación”, añade.
Muchos de estos pacientes, relata la médica de Familia, llegan sin cita, es decir, acuden al centro de salud con síntomas claros de una crisis de ansiedad. Ya en consulta, Elsa les pregunta qué tal se encuentran y qué ha pasado. “Como están a flor de piel, rápidamente te lo sueltan”, relata la facultativa.
"Llegan con sentimiento de culpa y vergüenza por las amenazas que reciben de los caseros. O, simplemente, porque creen que han fallado como personas al no poder permitirse una vivienda y están de alquiler"
Desde su experiencia, la derivación a los Servicios de Salud Mental desde Atención Primaria es “inabordable” dada la lista de espera. “Donde yo ejerzo no hay capacidad de poder tener apoyo psicológico privado, porque yo también intento explorar esa posibilidad. Tanto por problemas de vivienda como a nivel laboral, yo derivo al sindicato o a asociaciones gratuitas que tengan esa capacidad de organización colectiva. Allí, a veces, encuentran un remanso de paz porque se ven reflejados en otras personas”, destaca la médica, quien considera que los lazos que se establecen entre personas con situaciones parecidas, aunque no solucionen el problema, sí alivian en cierto modo el malestar que provoca.
Abordaje multidisciplinar del malestar que genera la vivienda
“Dentro de las asambleas del sindicato lo que hacemos es colectivizar los conflictos y que la gente tenga su espacio un poco acotado para que todos puedan hablar”, relata Elsa. “Hay gente que dice ‘no te preocupes, yo he estado en esa situación, lo que hacemos es esto, estás acompañada’. No es que haya un abordaje personal de cada conflicto, pero sí que al final el grupo hace que sea algo terapéutico”, subraya la médica, que se acercó al sindicato tras asistir a una de sus reuniones.
Por su parte, Amaya, que trabaja en Servicios Sociales, destaca que la intervención “debe ser necesariamente coordinada e interdisciplinar”. “Una parte fundamental de la solución no está en la Psicología o en el ámbito emocional, sino en el ámbito social, en el económico, en el jurídico, en el residencial”, reseña.
La intervención psicológica puede ayudar a contener la ansiedad, a valorar factores de riesgo, a fortalecer la capacidad de afrontar el problema y a proteger a los menores que están en esa situación de vulnerabilidad. “Pero no podemos pedir a una persona que gestione mejor sus emociones cuando la causa objetiva de una angustia continúa todavía sin resolverse”, argumenta, señalando que “es fundamental la coordinación entre todos los recursos y todos los agentes”.
" No podemos pedir a una persona que gestione mejor sus emociones cuando la causa objetiva de una angustia continúa todavía sin resolverse"
En este sentido, señala a servicios sociales, recursos de vivienda, profesionales jurídicos, atención sanitaria, entidades sociales y, cuando corresponda, a asociaciones y plataformas que puedan acompañar a estas personas afectadas. Según su propia experiencia en intervención social, es muy importante ‘conectar’ a las personas que sufren problemas de vivienda con trabajadores sociales y apoyos comunitarios. Y advierte: “El acompañamiento no debería terminar el día del lanzamiento. Ese momento puede ser psicológicamente muy duro o intenso, pero las consecuencias continúan después. Dónde duerme la familia, cómo se reorganiza, qué va a ocurrir con esos niños...”.
No obstante, la psicóloga llama a la prudencia ante la pregunta de si se ha constatado un aumento de tentativas de suicidio asociadas a los desahucios. “Es importante no establecer una relación causal”, recalca. Pese a ello, sí señala que hay estudios que indican que casi la mitad de las personas participantes habían presentado algún nivel de riesgo suicida. “Lo clínicamente importante es detectar el riesgo individual. No asumir que toda persona que afronta un desahucio tendrá una conducta suicida”, advierte.
Cuando la vivienda (o su ausencia) no te deja dormir
Tanto Amaya como Elsa han constatado cómo la situación de la vivienda cada vez tiene más protagonismo en las consultas. “Aparece cada vez con más frecuencia, con un enorme peso dentro de las problemáticas familiares que atendemos. Muchas veces no es el motivo inicial o por el que demandan atención al llegar a Servicios Sociales, pero acaba apareciendo como uno de los factores que agravan la situación en la que se encuentran”, relata.
Este sufrimiento psicológico se traduce en una variada sintomatología, reseña la experta. Desde la ansiedad o el pensamiento obsesivo hasta el insomnio o la irritabilidad. “A veces encontramos cuadros depresivos, muchísima sensación de pérdida de control, a veces desesperanza y agotamiento emocional. Además de un componente psicológico brutal que es la incertidumbre. Porque no es solamente 'no tengo dinero para pagar', que eso ya es bastante”, relata Amaya, sino no saber dónde se va a vivir en unos meses, si los hijos podrán continuar en el mismo colegio o si será necesario mudarse de municipio y empezar de cero.
Bien lo sabe David, desahuciado de su casa el mismo día que Maricarmen, la anciana de 87 años que perdió su hogar, tras más de 70 años viviendo allí, al ser adquirido por un fondo. La ejecución, en el caso de David, se produjo en el madrileño barrio de Vallecas y en unos pisos de obra social que se quedan sin protección tras el vencimiento de los contratos: "Todavía no soy consciente al 100 por 100 de lo que ha pasado. Es como cuando te haces una herida y no duele, pero cuando se enfría dices '¡uf!'... estoy en ese proceso".
"Todavía no soy consciente al 100 por 100 de lo que ha pasado. Es como cuando te haces una herida y no duele, pero cuando se enfría dices '¡uf!'... estoy en ese proceso"
Días después del lanzamiento, y acogido en casa de una vecina, David atiende a Redacción Médica. "Me levanto mejor, tengo ciertos problemas de sueño, pero ahora, una vez ejecutado el desahucio, estoy intentando buscar un espacio de descanso para empezar de cero. A nivel de estado de salud, el deterioro es importante tanto a nivel físico como mental. Es una losa que está ahí", traslada al otro lado del teléfono.
El hombre, de 52 años, ha visto cómo su salud ha ido empeorando desde hace siete años, cuando empezaron los problemas con su vivienda y, además, tuvo que hacer frente a una intervención cardiaca. "Yo tengo una patología cardíaca, una valvulopatía, y me operaron a mediados de 2019, justo antes de la pandemia, y ahí se empezó a complicar todo. Intenté tomarme las cosas con mucha más filosofía, porque al final no deja de ser una operación un poco compleja. A mí me sustituyen la válvula aórtica por una biológica, y me hacen una plicatura en la mitral y una anuloplastia en la tricúspide. Es decir, me tocan tres de las válvulas. Una vez que paso eso, ya tuve noticias de que las circunstancias de las viviendas de la promoción estaban cambiando, con subidas y no renovaciones, dejaban de ser de carácter social. Entonces, me acerqué al Sindicato de Inquilinas de Madrid", rememora.
Desahucios y salud mental
En los casos en que la imposibilidad de acceder a una vivienda desemboca en un proceso de desahucio, la situación emocional se vuelve “especialmente intensa”, señala Amaya. “El problema deja de ser una preocupación abstracta o incluso un tipo de ansiedad generalizada, y realmente se convierte en una amenaza concreta e inmediata. O sea, ves que entra el león ya por ahí”, ilustra la especialista.
La persona que está en esta situación suele experimentar ansiedad muy intensa, insomnio, hipervigilancia, pensamientos recurrentes y obsesivos sobre el futuro. “También suelen aparecer pues sentimientos de fracaso, de culpa, y sobre todo como una sensación como de pérdida de control. También puede aparecer irritabilidad, deterioro en las relaciones sociales. Y en familias con hijos, este impacto puede multiplicarse y se puede desbordar. Porque los padres están sometidos a una enorme presión y los niños pues normalmente perciben esa angustia, aunque los adultos intenten protegerlos, pero es que es inevitable”, relata la psicóloga madrileña, que hace hincapié en que “no se debe esperar a que aparezca un trastorno psicológico para intervenir”.
“La prevención tiene que comenzar cuando aparece la amenaza de esa pérdida de la vivienda. Ahí es donde realmente se debería atender lo que está pasando, tanto a los padres como a los niños, así como a todas las personas que se encuentran en esa situación”, sentencia.
"Y en familias con hijos, este impacto puede multiplicarse y se puede desbordar. Porque los padres están sometidos a una enorme presión y los niños pues normalmente perciben esa angustia"
En el caso de David, la situación se agudizó hace un año y medio, cuando la Audiencia Provincial dio por extinguido el contrato, y fue entonces cuando esa preocupación abstracta que comentaba Amaya, se volvió una amenaza real. "A partir de esa situación, a nivel de ansiedad y de estrés, empiezan los miedos y la inseguridad. Intento siempre mantener una actitud positiva en la vida, soy una persona con sentido del humor. Pero claro, hay mucha presión... las tardes y las noches en casa, en algunos momentos, son difíciles. Estaba viviendo con mi hijo, que ha superado la mayoría de edad durante el proceso, y dices 'oye, ¿qué va a pasar?'. Lo más importante ha sido organizar colectivamente una lucha vecinal, porque al final se han visto afectados el resto de vecinos. Para mí ha sido muy importante ese apoyo", relata David.
"A finales de julio supe que la fecha del desahucio iba a ser el 23 de septiembre... En agosto tenía ya un nivel de ansiedad bastante alto, empezaban de nuevo las taquicardias, yo padezco ansiedad desde los 19 años. Ya en septiembre recibimos la desestimación de los recursos. Todo este mes de septiembre, física y mentalmente, me ha desgastado muchísimo. Ha sido mucho cansancio preparando todo, sacando cosas de casa, y al tiempo saber que iba a ser inevitable. He tenido problemas de somnolencia", detalla David, que también ha sufrido lumbalgia.
Y es que los problemas de acceso a la vivienda en general, y los desahucios en particular, pueden llegar a tener consecuencias "catastróficas" en la salud, advierte Elsa. "Cuando tienes una enfermedad crónica, como pueden ser procesos oncológicos, al final tu espacio mental también está ocupado en las citas, en recuperarte. Mucha parte de tu vida se dedica a tu bienestar. Entonces, el desahucio es un elemento bastante ansiógeno que hace que te olvides de tu propia recuperación. Y eso puede acarrear complicaciones", explica la médica.
Lo sabe de primera mano David: "En primavera me dijeron que había habido un pequeño empeoramiento de una de las válvulas, que se estaba generando una nueva insuficiencia. Puedo dar fe de los efectos devastadores que puede tener en la salud".
"Puedo dar fe de los efectos devastadores que un desahucio puede tener en la salud"
Hacinamiento e infecciones por viviendas inadecuadas
Las dos profesionales sanitarias señalan otros problemas de salud derivados de la falta de acceso a una vivienda digna. “A veces, también vemos familias que viven en condiciones de hacinamiento, que comparten vivienda con más familias, que disponen solo de una habitación, o incluso que no pueden acceder a una vivienda adecuada por sus ingresos, en estos casos aparece una sensación de inseguridad y de ansiedad permanente”, relata la psicóloga.
En esas patologías “indirectas” también incide Elsa. “Hay mujeres que viven con sus agresores o familias hacinadas que no pueden hacer nada porque el mercado está como está y no se pueden permitir una casa”, ilustra. “No solamente les afecta la parte de salud mental, también la salud física, porque todos los desperfectos o humedades que no se están arreglando, hay gente que vive sin ventanas...Hay una cronificación de enfermedades por reagudizaciones o por infecciones que van apareciendo de forma frecuente”, relata.
Además, es tal la situación de estrés que termina afectando a las relaciones entre los miembros de la familia y, en muchas ocasiones, hasta a las pautas educativas y en el bienestar emocional de los menores, explica la psicóloga.
Los propietarios de viviendas en alquiler, ¿también tienen ansiedad?
Preguntada por si los propietarios también acuden a consulta, Elsa admite que ha tenido casos del 'otro lado' del problema de la vivienda. Aunque puede entender que haya un elemento de ansiedad, cree que el foco debería estar en abordar el problema de forma global. "Yo al final soy médica y atiendo a todo el mundo. Con neutralidad y objetividad trato la parte de la ansiedad, de cómo lo puede valorar", señala.
También para Amaya, los problemas de vivienda son una cuestión de salud pública. "No significa que todos los problemas de vivienda sean problemas sanitarios, pero sí que las condiciones en las que vive una persona tienen consecuencias a nivel físico, mental y social, y esto va a revertirse en la salud". La psicóloga señala que el Ministerio de Sanidad ya incorpora la vivienda como uno de los determinantes sociales de salud. "En el Plan de Salud Mental 2025-2027 plantea expresamente la importancia de factores como una vivienda adecuada, como la pobreza, la exclusión social y la vulnerabilidad. Y es cierto que la OMS también señala que las políticas de vivienda y de desarrollo urbanístico deben incorporar objetivos de salud, no solo de salud en general, también salud mental, incluyendo la seguridad habitacional, la planificación inclusiva para personas, por ejemplo, con discapacidad", señala.
En cuanto a qué se puede hacer desde las Administraciones, la psicóloga señala que "habría que actuar antes de que la pérdida de la vivienda se convierta en una emergencia social y psicológica". "Se necesitan políticas que aumenten esa disponibilidad de vivienda, que sea asequible y estable, y que haya mecanismos eficaces de prevención de la pérdida de vivienda. Por otro lado, se deben detectar precozmente las situaciones de riesgo". Además, afirma, se debería reforzar la coordinación entre las instituciones que llevan vivienda con servicios sociales, con Atención Primaria y con salud mental... Y es importantísimo proteger especialmente a niños y adolescentes".
"Habría que actuar antes de que la pérdida de la vivienda se convierta en una emergencia social y psicológica"
"La intervención psicológica es necesaria, por supuesto. Pero cuando el origen del sufrimiento está también en las condiciones de vida, la respuesta pues tiene que ser integrada, tiene que ser coordinada, tiene que ser a través de lo social, a través de la salud, a través de la política", sentencia.