Fernanda Da Silva, Cristina Solé, Diana Fernandes y Josefina Cortés-Hernández, investigadoras del VHIR.

Fernanda Da Silva, Cristina Solé, Diana Fernandes y Josefina Cortés-Hernández, investigadoras del VHIR.

Catalunya

Vall d'Hebron apunta a finales de 2027 para probar en humanos un nuevo fármaco tópico contra el lupus

Cristina Solé, investigadora del VHIR, destaca el impacto psicológico y social de unas lesiones que pueden dejar cicatrices permanentes, mientras el nuevo tratamiento busca actuar directamente sobre la piel y evitar sus secuelas

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El Vall d’Hebron prevé empezar a finales de 2027 los primeros tratamientos en humanos de una crema de talidomida para pacientes con lupus eritematoso discoide que no responden a otros tratamientos, según explica en Redacción Médica Cristina Solé, investigadora del Instituto de Investigación de este centro (VHIR). Los resultados obtenidos hasta ahora en ratones son especialmente prometedores -nueve de cada diez lesiones desaparecieron en menos de diez días y no se detectó talidomida en sangre tras un mes de aplicación diaria- pero para Solé el objetivo va más allá de eliminar esas heridas: si la crema consigue evitar que evolucionen hasta convertirse en manchas o cicatrices permanentes, podría reducir también la importante carga psicológica y social que la enfermedad supone para los pacientes.

El proyecto TopiDLE, desarrollado por los equipos de Reumatología, Dermatología y Nanomedicina del Vall d’Hebron, busca completar el desarrollo preclínico de TopiTali, una formulación tópica de talidomida diseñada para actuar directamente sobre las lesiones cutáneas. La investigación pretende mantener la eficacia del fármaco limitando su absorción sistémica y, por tanto, sus efectos adversos. Antes de llegar a las personas, el equipo deberá confirmar su comportamiento en tejido humano y completar los estudios de farmacodinámica y seguridad necesarios para iniciar un ensayo clínico.

Una alternativa para pacientes sin respuesta a otros tratamientos

El proyecto se centra en un grupo concreto de pacientes con lupus cutáneo: aquellos que presentan lesiones discoides o crónicas que no responden a los tratamientos disponibles. Aunque existen tratamientos tópicos, como los corticoides, pueden ser suficientes para lesiones leves, mientras que los casos más resistentes suelen requerir medicamentos sistémicos, administrados por vía oral o intravenosa.

El problema, según Solé, es que estos tratamientos actúan sobre todo el organismo. "Solo tienes una lesión muy localizada y no sería necesario dejar a la persona inmunodeprimida", explica la investigadora, que señala que la inmunosupresión puede aumentar la exposición a infecciones.

La talidomida es precisamente uno de los fármacos que puede resultar eficaz en estos casos, pero su utilización prolongada está limitada por sus efectos adversos. Entre ellos se encuentran problemas neurológicos como la neuropatía periférica, además de otros efectos secundarios y su conocido riesgo durante el embarazo.

La propuesta de Vall d’Hebron consiste en utilizar el mismo principio activo, pero administrado directamente sobre la lesión. La formulación, TopiTali, busca mantener el fármaco localizado en la piel y evitar que circule por el resto del organismo.

La estrategia también busca comprender mejor qué ocurre en la piel cuando se administra el fármaco y qué mecanismos explican su efecto antiinflamatorio. Para ello, el proyecto incorpora herramientas como la transcriptómica espacial y el análisis de microARN, que podrían ayudar a identificar biomarcadores de respuesta.

El reto: demostrar que el fármaco no llega a la sangre

Los primeros resultados se han obtenido en ratones hembra y son los que han impulsado el desarrollo del proyecto. "De cada diez lesiones, se resuelven nueve intactas en menos de diez días", señala Solé, que destaca que se trata todavía de resultados en animales y que el siguiente paso es comprobar si la formulación se comporta de la misma manera en piel humana. Para ello, el equipo ya está trabajando con explantes procedentes de biopsias de pacientes, en los que puede observar hasta dónde penetra el principio activo.

Los primeros resultados de estos experimentos apuntan a que la molécula "permanece principalmente en la epidermis y no alcanza las capas más profundas de la piel". Pero ya en los experimentos con ratones, el equipo analizó mediante HPLC la presencia del fármaco en sangre. El resultado, según Solé, fue que no detectaron talidomida en ninguno de los animales, pese a que la crema se había aplicado diariamente durante un mes.

La investigadora reconoce, sin embargo, que este resultado no permite dar por cerrada la cuestión. La piel del ratón es diferente de la humana y, además, durante un ensayo clínico el uso del producto puede ser menos controlado. "Cuando le das a un paciente no sabe si la crema a veces se la pone mucho más de lo que dice", apunta.

El objetivo no es solo eliminar la lesión, sino evitar la cicatriz

El proyecto tiene una duración prevista de tres años y el objetivo es que, durante su último año, pueda darse el paso hacia la investigación clínica. "Estaríamos pensando que a finales del año que viene ya empezar con los tratamientos en humanos", señala Solé. Una previsión que situaría el inicio del primer estudio piloto en fase I a finales de 2027, siempre que los resultados de los estudios preclínicos y los requisitos regulatorios lo permitan.

Además, el interés del proyecto va más allá de conseguir que desaparezca la inflamación. Las lesiones discoides pueden mantenerse durante meses y terminar dejando manchas, cicatrices o pérdida permanente de cabello, especialmente cuando afectan a zonas visibles como la cara o el cuero cabelludo. Si todo va bien, el objetivo sería que las lesiones pudieran resolverse en aproximadamente dos o tres semanas, evitando que evolucionen hacia una secuela permanente.

Así, la investigadora destaca especialmente el impacto psicológico. Una lesión facial visible o una cicatriz puede convertirse en un "recordatorio permanente de la enfermedad" y presionar al paciente "a explicar repetidamente su origen". Por ello, considera que una terapia localizada podría tener un efecto que va "más que a nivel estético" y mejorar también la carga psicológica y social asociada a la enfermedad.