La Atención Primaria resiste en Ceuta: "El colapso aquí no es real"
La soledad de Urgencias en el Hospital de Ceuta: "Prácticamente nadie bajó a ayudar"
El subdirector médico del centro, Francisco Lázaro Durán, lamenta que los especialistas de otras áreas no respondieran al llamamiento de la gerencia para reforzar las guardias
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La sala de espera del Hospital Universitario de Ceuta respira una calma clínica que oculta la peor crisis que ha vivido la ciudad en los últimos años. Redacción Médica pisa el terreno para documentar un desgaste silencioso donde la presión asistencial ha duplicado la carga en la puerta de urgencias, desatando un agotamiento psicológico que ha terminado por fracturar la cohesión interna del centro. Francisco Lázaro Durán, subdirector médico del hospital, asume la gestión en plena tormenta y asiste al declive del compañerismo frente a un flujo migratorio que no ha podido desbordar la red pública gracias al esfuerzo de los profesionales sanitarios.
El desgaste de los profesionales sanitarios trasciende el esfuerzo físico para convertirse en una losa mental que recorre las distintas áreas del complejo. Lázaro detalla la proliferación de un profundo malestar y cuadros de ansiedad que aíslan a los trabajadores de primera línea ante el incesante goteo de asistencias. Para aliviar esta asfixia operativa, la gerencia lanzó un llamamiento pidiendo a los especialistas de otras plantas que cubrieran guardias voluntarias en los boxes, pero la respuesta retrata la cruda realidad del sistema. "No ha venido prácticamente nadie", lamenta el veterano gestor con más de 40 años de experiencia a sus espaldas. El directivo atribuye este vacío al instinto de ‘supervivencia’ de unos médicos que rechazan abandonar su zona de confort para someterse a la extrema dureza del triaje.
Francisco Lázaro confiesa que en sus más de 40 años de experiencia nunca ha visto una situación así.
Dos realidades
Mientras la solidaridad retrocede ante la fatiga diaria, el volumen de pacientes dibuja un escenario hospitalario dividido. La hospitalización ordinaria soporta el embate con un repunte controlable que promedia unos ocho ingresos, pero la auténtica emergencia sigue en el servicio de Urgencias. La dirección ha improvisado consultas rápidas para agilizar el diagnóstico de unos jóvenes que, por regla general, presentan patologías leves y reciben el alta con celeridad. El problema organizativo radica en que los médicos asignados a este dispositivo exprés no siempre están disponibles por falta de personal, empujando a los titulares a absorber un impacto continuado sin relevos.
Exteriores del Hospital Universitario de Ceuta.
Tristeza estructural
Con la edad de jubilación sobrepasada desde hace tiempo, el subdirector permanece en su despacho por circunstancias personales. Desde esa amplia perspectiva, aclara que esta coyuntura migratoria que vive Ceuta supera cualquier desafío previo que él haya visto y la enmarca en una dimensión distinta a los meses de pandemia global. Contemplar el trasiego masivo de personas por unas instalaciones tan tensionadas le produce una profunda tristeza que empaña cualquier expectativa de recuperación.
El espacio médico sigue operando a pleno pulmón sin llegar a su límite de capacidad y con la mitad de las camas aún disponibles, pero Lázaro reconoce que el hospital carece del margen logístico necesario para encajar un nuevo repunte demográfico en la frontera sur. Lázaro asume su propio pesimismo frente a la vulnerabilidad del sistema de salud local y zanja el diagnóstico de la crisis con una advertencia innegociable: "Si ahora hubiera otra entrada de personas, no sé lo que pasaría".
Uno de los puntos fronterizos entre la ciudad de Ceuta y Marruecos.