Carlos Rodrigo, médico y presidente de SanitatSolsUna
Mié 11 septiembre de 2019. 11.25H
Firmas
Sin dinero, sin recursos, sin refuerzos, sin gestores, sin ganas… Éste podría ser el resumen de un verano desastroso para profesionales y pacientes de la sanidad valenciana.

Empezamos septiembre, y después de un agosto plagado de problemas en la sanidad valenciana, con denuncias de listas de espera interminables, aires acondicionados que no funcionan, TACs que se estropean y que nadie espera que se arreglen con celeridad, sin refuerzos ni en zonas de playa ni en las ciudades (ahora dicen que llegarán a final de año… increíble) parece necesario un hacer balance un poco más específico de lo que está siendo este verano, que ya toca a su fin.

Todo el que puede se va de vacaciones, pero los medios de comunicación no cierran y este verano, una vez más, se han convertido en el mejor altavoz de profesionales y pacientes afectados por la caída en picado de la calidad y la rapidez en la sanidad valenciana. Si nos atenemos a las noticias publicadas, desde SanitatSolsUna, como asociación que defendemos una asistencia sanitaria excelente, lamentablemente tenemos que calificar la situación actual como un auténtico caos. Una vez más. Ha habido falta de previsión, de actuación, de reacción y de búsqueda de soluciones.

De forma reiterada se han denunciado situaciones de colapso en diferentes servicios hospitalarios de urgencias por falta de recursos. Más de seis horas de esperas, dos semanas o más para conseguir cita con el médico de  familia, sin recursos para las Urgencias en el interior o en los centros de la costa…

Durante estos meses ha ido creciendo de forma continua la lista de espera quirúrgica en toda la comunidad, a pesar del autoconcierto  y de derivar cada vez más pacientes a la privada -privada, no a las concesiones-, llegando a plantear de forma inusitada el desplazar pacientes de una provincia a otra para ser intervenidos. Hasta el Síndic de Greuges tuvo que llamar la atención a la Consejería de Sanidad tras derivar más de 60 kilómetros a un paciente de su hospital de referencia. 16 meses de espera en Neumología en el Hospital de Vinarós, 14 meses para una colonoscopia, año y medio para conseguir cita con el neurólogo en la sanidad pública; más de 100 días de espera para operarse en Castellón. Y son solo algunos ejemplos.

Pero los problemas no solo se han producido en atención hospitalaria. También ha habido problemas para obtener una cita con el médico de Familia o cualquier otro especialista, otros provocados por la falta de mantenimiento, la ausencia total de previsión en las sustituciones y la nefasta planificación de servicios. Los únicos que se dejan la piel para intentar paliar las consecuencias de tan desastrosa gestión son los profesionales, con un esfuerzo titánico para atender lo mejor y lo antes posible a sus pacientes, a pesar de su precaria situación, de no facilitar sustituciones por vacaciones ni refuerzos. Lo último que hemos sabido es que hay hasta una comunicación oficial de los responsables de los quirófanos advirtiendo que la falta de personal provocará un descenso de las intervenciones entre octubre y diciembre. Consecuencia: más listas de espera.

A los problemas derivados de la falta de recursos, se añaden los ocasionados por el deficiente mantenimiento de equipos e infraestructuras, siendo frecuentes las averías en climatización, en diferentes centros, lo que ha obligado a la suspensión de pruebas en alguna ocasión. En otras, los aparatos, como el TAC de Vinarós, se paran por falta de mantenimiento, sin más. Lo último, un techo del Arnau que se ha desplomado y una fuga de agua que ha obligado a cerrar la UCI del Hospital de Llíria. Desastre tras desastre por no invertir en lo importante.

Estos días hemos leído que incluso el XVI informe de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) cataloga de “deficientes” los servicios médicos de la Comunidad Valenciana y la opinión ciudadana sobre los servicios que recibe es de las peores del país.

Como colofón tenemos un hospital, que antes de su reversión estaba considerado vanguardista y puntero, que cuando era una concesión no tenía listas de espera y estaba situado entre los mejores, pero que hoy nadie quiere dirigir, que se ve obligado a derivar pacientes a clínicas privadas, con unas listas de espera que crecen si parar a pesar de haber incrementado el gasto por parte de la administración de forma alarmante (se calcula que más de un 70%). Sí, nos referimos al Hospital de La Ribera.

La Sanidad necesita gestores. No se puede improvisar, esperando que los problemas los resuelva el paso del tiempo. Si seguimos, así vendrá otro verano aun peor, así como otro invierno malo con los picos de gripe… y seguiremos improvisando, moviendo profesionales de un lugar a otro sin sentido, con contratos precarios e incluso sin la titulación prevista. 

Desde SanitatSolsUna pensamos que sobran políticos y se precisan gestores, que se ocupen en primer lugar mejorar las condiciones de los profesionales, y de evaluar seriamente las necesidades existentes, planificar con antelación suficiente, dotar las plantillas de forma adecuada y poner en el centro de la atención al paciente. Porque el paciente debe ser lo primero siempre.