Redacción Médica
26 de septiembre de 2018 | Actualizado: Miércoles a las 14:40
Martes, 09 de julio de 2013, a las 19:29

Con la celebración de la Cena de Verano de la Sanidad Española, que alcanza su XII edición, el sector echa el cierre a un curso político y profesional que no ha visto despejarse casi ninguno de los problemas con los que comenzó y, encima, ha añadido otro más, derivado de un debate latente, que ya se ha producido en otras épocas, que siempre regresa y que cuando lo hace genera aún más controversia que la última ocasión: la colaboración público-privada, bien sea para la gestión de centros ya existentes, bien para posibilitar la construcción y puesta en funcionamiento de otros nuevos.

La crisis económica ha seguido marcando la agenda del sector, desde las más rutilantes, incluyendo las del Ministerio y las consejerías, hasta las más sencillas, como las de miles y miles de médicos y farmacéuticos, que están viviendo en sus carnes los efectos de una progresiva -y parece que imparable- descapitalización de la sanidad. Así, la deuda y los impagos han seguido cortando la respiración de diversos colectivos, especialmente los farmacéuticos, sobre todo los de algunas autonomías que están sobrepasados con un problema al que no saben cómo hacerle frente. Sí es preciso subrayar aquí que el mal no es generalizado, y lo reconocen los mismos profesionales; así, sin ánimo de señalar a nadie, hay servicios de salud que han resuelto sus problemas de liquidez y otros no. Al margen de explicaciones macroeconómicas, algo de mérito debe de haber en esas administraciones que han sabido acotar y enjugar la deuda que, en el caso de las que no lo han logrado, se tiene que convertir por fuerza en demérito.

Si los servicios de salud no tienen fondos suficientes para pagar a sus proveedores, tampoco pueden caer en alegría alguna para con sus empleados, empezando por los médicos. La situación general de los profesionales que trabajan por cuenta ajena se ha deteriorado enormemente en estos últimos nueve meses, y sus condiciones laborales son objetivamente peores, con menos salario, más jornada y casi nulas perspectivas profesionales.

Puede que el Sistema Nacional de Salud sea hoy más viable que hace un año, gracias a los ahorros generados por el Real Decreto 16/2012, pero cabe hacerse seriamente la pregunta de si es más sostenible. Y ahora, el problema, aunque persista, no parece que sea tanto el crecimiento imparable del gasto sanitario (no, desde luego, el farmacéutico, a la baja desde hace muchos meses) como las condiciones muy complicadas en las que los profesionales sanitarios están ejerciendo su labor. Seguir por ese camino puede llevar a los servicios de salud a cuadrar sus cuentas en un plazo relativamente corto, pero el precio que pagarán en perjuicio a sus trabajadores puede que sea tan elevado que la sostenibilidad del sistema vuelva a quedar en entredicho, aunque no sea esta vez por razones estrictamente económicas.

En este panorama tan turbio, se ha colado un debate igual de polémico, cíclico, que no deja a casi nadie indiferente y que ha elevado la temperatura del sector a unos niveles que hacía tiempo no se veían. La colaboración público-privada para gestionar centros o para construirlos es una discusión abierta y latente en la sanidad, pero este curso ha vuelto por sus fueros, como hace años, tras la decisión de la Comunidad de Madrid de externalizar la gestión de seis de sus hospitales y adjudicarla a empresas privadas. El proyecto, a punto de cristalizar, ha causado un profundo cisma en la sanidad madrileña y ha provocado un rechazo casi unánime en sus detractores, muchos y de muy diverso signo, tanto profesional como político. Sin embargo, el consejero Fernández-Lasquetty ha aguantado los embates, a modo de huelgas, movilizaciones y recursos, y ya tiene prácticamente a punto el que, sin lugar a dudas, va a ser el proyecto que va a marcar, para bien o para mal, su trayectoria política en la sanidad.

El enconado debate madrileño, al producirse en una autonomía tan importante, ha funcionado como caja de resonancia y se ha extendido a otras regiones: no ha habido consejero que no haya tenido que posicionarse al respecto en estos últimos meses, pese a que la nueva gestión no formara parte de sus prioridades o necesidades en su acción de gobierno.

Estos y otros temas serán parte de las conversaciones y comentarios de los asistentes a la XII Cena de Verano de la Sanidad Española, que organiza Sanitaria 2000, editora de Redacción Médica, y que estrena este año lugar de celebración (el Museo del Traje, en Madrid) y configuración (menos público, y más personalidades relevantes del sector). Se mantiene el acto de entrega de los Premios a la Administración Sanitaria Española, que ya van indisolublemente unidos a la Cena de Verano, y en un momento tan complicado en lo político, seguro que los altos cargos y consejeros nominados, y aún más los premiados, recibirán el reconocimiento del sector como el mejor empujón para dar lo mejor de sí mismos en el curso que comienza en septiembre.