Redacción Médica
16 de julio de 2018 | Actualizado: Lunes a las 14:55
Jueves, 14 de febrero de 2013, a las 00:37

 

A la sanidad privada le ha acompañado tradicionalmente un halo de queja permanente no exento de cierta melancolía por lo que pudo ser y nunca termina de ser. Estando orgullosa de su papel en el Sistema Nacional de Salud, nunca ha ocultado su vocación por ganar mayor espacio de colaboración y por construir una relación de igual a igual con las administraciones, y no a golpe de necesidad perentoria. En definitiva, por ser un protagonista reconocido en el bienestar del conjunto de los ciudadanos y no sólo de los que pueden permitirse contratar un seguro de salud.

Esta semana la privada ha vuelto a levantar la voz para hacer pública su contrariedad por la subida del IVA en materiales y productos sanitarios. La sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea se traducirá en mayores costes y peores resultados económicos en clínicas y hospitales, así como primas más altas en los seguros de salud. Por no hablar del efecto sobre el empleo, que podría alcanzar a 20.000 profesionales del sector.

Más que un IVA reducido, la privada necesitaría un Impuesto de Comprensión Añadida que gravara las conciencias de los legisladores, de los políticos y, en última instancia, de los ciudadanos. Comprensión para aceptar que el sector sanitario privado, sus hospitales, sus clínicas y sus compañías aseguradoras, llevan años contribuyendo -y en ocasiones, hasta sosteniendo- a la vertebración y funcionamiento del Sistema Nacional de Salud; comprensión para entender que los conciertos no son un cheque en blanco para los empresarios de la sanidad y sí una opción indispensable para que los servicios públicos de salud cumplan sus compromisos asistenciales, comprensión, en fin, para admitir que la privada también invierte en tecnología, que crea riqueza y empleo y que su único propósito no es, pese a lo que algunos repitan y repitan, hacer negocio con la salud.

Ahora la comprensión se dirige hacia intentar lograr un IVA más asumible, ya que no parece posible reclamar el mantenimiento del tipo reducido. La privada quiere estudiar y valorar con las instituciones competentes una manera favorable de aplicar la sentencia. Pero su reivindicación, como es habitual, no se queda ahí. Porque en realidad, su lamento trasciende esta o aquella fiscalidad y se dirige hacia la esencia misma del modelo y su encaje, visibilidad y reconocimiento dentro del SNS.

Como en otros muchos sectores del país, por no decir la práctica totalidad, la privada también está sintiendo los rigores de la crisis. Obtener ayudas o facilidades en el tratamiento fiscal (no solo en el IVA, sino en la legendaria desgravación del seguro privado) significaría un gran avance en la consideración de los poderes públicos hacia este sector, que sí se da en otros como la automoción o el financiero. De momento, la repercusión de este nuevo S.O.S. no ha sido la necesaria ni seguramente la esperada, aunque la privada ya está curada de espanto. Sabe que su larga travesía en busca de comprensión política y social no empieza ni mucho menos acaba en el IVA.