13 nov 2018 | Actualizado: 21:20
Lun 30 mayo. 22.40H
Poco, muy poco ha tardado Miguel Ángel Sánchez Chillón en poner el Colegio de Médicos de Madrid al servicio de la Asociación de Facultativos de Madrid (AFEM) para que la institución centenaria sea altavoz del mantra de las privatizaciones que repite la organización sindical. Era de esperar, porque Sánchez Chillón le debe la presidencia ganada en las urnas en mayo a este movimiento que surgió al calor del proceso de externalización que propuso Ignacio González allá por 2012, y que trató de ejecutar sin éxito el exconsejero Javier Fernández-Lasquetty.
 
Mucho ha llovido desde entonces, y mucho ha cambiado el panorama en el Gobierno de la Comunidad de Madrid y en su Consejería de Sanidad. Pero AFEM, lógico desde su lógica (valga la redundancia), quiere hacer pensar que todo sigue igual para restar votos al PP en los próximas elecciones generales. Le interesa revivir el fantasma del 'que viene el lobo’ que le funcionó a medias con las llamadas mareas (no logró influir en los comicios autonómicos de 2015, aunque sí en los colegiales de este año), porque en el fondo es la batalla por su propia subsistencia. Sin avivar ese fuego AFEM no tendría sentido.
 
Y con esa condición seguramente llegó Sánchez Chillón a presidir el Colegio de Médicos. Él, que proclamaba su independencia a todo el que le quería escuchar, ha dejado claras sus afiliaciones a las primeras de cambio. No se alinea con AFEM por la defensa del médico, porque si fuera así se sentaría en la mesa de diálogo que le ha ofrecido la consejería, y que ha rechazado de prisa y corriendo. Lo que le interesa es el ruido, la escenificación. No puede entender la representación profesional como algo más discreto pero efectivo porque quienes le han aupado no se lo permiten.
 
Y si el papel de Sánchez Chillón en todo esto es el que le han asignado, la presencia de Amyts supone la guinda del pastel para AFEM, porque demuestra quién lleva la voz cantante en la representación sindical gremial en Madrid. Si algo permanece de aquellos días de 2012 no es la privatización, sino el desconcierto que para el sindicato de Julián Ezquerra supuso que de la noche a la mañana le adelantasen por la izquierda en lo que en nuestros días la prensa cercana a Podemos tildaría de auténtico ‘sorpasso’.
 
Amyts sigue aún sentada en la mesa sectorial, con cauces oficiales que no se han agotado. Sánchez Chillón no lleva ni seis meses para poder decir que la Consejería le está dando largas. Pero ambos, bien manejados por la influencia de AFEM, se han prestado a unas protestas en las que han puesto en juego su credibilidad entre el colectivo médico.