17 nov 2018 | Actualizado: 13:45
Mié 09 abril. 19.06H
Siempre cómodo en su rol público, el presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), Juan José Rodríguez Sendín, está elevando el tono de sus mensajes en las últimas semanas, dotándolos de una evidente carga política y lanzándolos contra administraciones y partidos de todo signo. Lejos queda aquel Rodríguez Sendín ufano y conciliador que firmó el Pacto por la Sostenibilidad y la Calidad del Sistema Nacional de Salud (SNS) con el presidente Rajoy y la ministra Mato. Ahora toca uno más incisivo, polémico y categórico, según se pudo comprobar hace unos días durante su intervención en el Fórum Europa y hoy mismo en la reunión del Consejo Social de la OMC.

Rodeado de representantes de la sociedad civil (pacientes, mayores, consumidores y discapacitados), Rodríguez Sendín ha expuesto una visión muy crítica de la labor de los responsables del SNS y, por extensión, de los representantes de los poderes públicos. De partida, se ha cargado de un plumazo un lema muy sanitario: el café para todos. Esta circunstancia, que es la que dirige las políticas sanitarias –y la que guió en su día hasta las transferencias-, no es del agrado del presidente de los médicos: “No es posible tratar a todos por igual. Hay que tratar igual las necesidades, no a los pacientes”. Dicho así, del tirón, puede resultar hasta escandaloso, pero bien pensado es lo que seguramente suscriba cualquier profesional cansado de los tres minutos invariables de consulta y angustiado por no poder hacer una discriminación positiva en la asistencia.

En esta ocasión, sus alusiones al copago han sido directas y no precisan desmentidos: “Es un profundísimo disparate”, ha dicho Rodríguez Sendín, que oye tambores de guerra cuando escucha a los expertos del comité para la reforma fiscal proponer más participación del usuario en el coste de los servicios públicos, lo que nos lleva directos al temido copago asistencial. Su propuesta va en la dirección contraria, es decir, blindar algunas enfermedades y, en concreto, su tratamiento, para que sea gratis en todo caso y circunstancia.

Al hablar de listas de espera, se ha acordado de las autonomías, empezando por las transferencias, que ha defendido por lograr lo que perseguían en un principio: acercar los servicios a los ciudadanos, descentralizar los dispositivos sanitarios y llevarlos también donde no hay ni rastro de poderes económicos. Lamentablemente, en el lote también venía la inútil competencia entre servicios de salud por tener todas y cada una de las prestaciones, y aún más, tenerlas mejor que las del vecino, sin dejar el mínimo resquicio a la necesaria cooperación institucional.

Pero si en alguna denuncia ha estado especialmente atinado, por su originalidad, ha sido en el peligro real que, a su juicio, afronta el SNS: no es el que sigue en boca de políticos y gestores, la insostenibilidad financiera, sino más bien la deslegitimación social, que sobrevendría progresivamente, al ir comprobando muchos ciudadanos cómo el sistema no resuelve sus problemas sanitarios, y deben buscar otras alternativas, si es que tienen medios para pagarlas, o directamente esperar a ser atendidos. “Si el SNS resulta inservible para una parte creciente de la población, comenzará a estar cuestionado y, después, deslegitimado para cumplir con la función que le ha caracterizado hasta ahora”.

El modelo es bueno, sigue siendo bueno, opina Sendín, pero está en trance de empeorar, y si lo hace, la gente no aceptará de buen grado que sus impuestos se utilicen en parte a financiar algo que no cumple su cometido. Al hilo de esta intervención, los demás representantes del Consejo Social de la OMC han cerrado filas en torno a un sistema sostenible y público, sin rastro de iniciativa privada y contrario, cómo no, a la dichosa privatización. Cabe preguntarse cuál es el lugar que el presidente de los médicos le otorga a la aseguradoras de salud, a las clínicas privadas y a las concesionarias de hospitales públicos en un SNS que, aunque algunos no lo quieran ver, debería agrupar todos los recursos disponibles, todos, para combatir la enfermedad de los ciudadanos y promover su salud, cada cual desde su ámbito de responsabilidad.

Más pensando en los ciudadanos que en los médicos, Sendín eleva por tanto el tono de sus críticas en sintonía con el momento político, dirigido a partir de ahora a la confrontación de pareceres ante la inminencia de un nuevo ciclo electoral.