14 dic 2018 | Actualizado: 21:45
Por Pere Camprubí i García, decano del Colegio Oficial de Biólogos
Lun 23 febrero de 2015. 20.06H
Biólogos y Salud
De entrada, quiero dejar claro que queda para otro momento el grueso de la reivindicación de los aspirantes a BIR, que son (1) el escaso número de plazas, sesgado en su contra por los servicios demandantes de las mismas, una situación que produce el agravio de un elevadísimo grado de exigencia en el nivel de suficiencia de los biólogos que obtienen plaza de las especialidades de Laboratorio Clínico en relación a la exigencia exigida a los médicos y farmacéuticos que también la obtienen; (2) el desaprovechamiento de las plazas de Laboratorio Clínico abandonadas por los médicos, y (3) la efectiva traslación del concepto de troncalidad a las pruebas de acceso a las especialidades de Laboratorio Clínico.

Dicho esto, al hilo del fiasco causado por el nuevo sistema informático de evaluación de las recientes pruebas de Interno Residente del pasado 31 de enero de 2015, y la consiguiente duda sobre la veracidad de su efectiva solución o su apaño, en la plataforma ForoBir, y en concreto en El muro de las lamentaciones, los biólogos que se han presentado a las pruebas BIR recogen otras quejas, de las que me permito dar publicidad, con la finalidad de que sean estudiadas y, en la medida de su razonabilidad, se corrijan las causan que las generaron.

A la Dirección General de Ordenación Profesional, ellos le plantean lo siguiente:

1 – Necesidad de justificación pública de las resoluciones relativas a las impugnaciones de las preguntas del examen BIR. Alternativamente, se solicita la publicación de un listado de la bibliografía de referencia del equipo evaluador, que permita la comprobación de las resoluciones por los afectados.

2 – Conveniencia de aumentar el número de preguntas de reserva, con objeto de evitar la sospecha de que se desestiman las impugnaciones cuando el número de preguntas que deberían ser anuladas supera el número de preguntas de reserva, que actualmente son diez.

3 – Elevado número de preguntas con doble posible respuesta correcta. Ciertamente, el asunto es diabólico en el caso de los BIR, puesto que el escasísimo número de plazas conlleva que, para aspirar a una de ellas, haya que superar 200 respuestas correctas sobre 225. En principio, quienes responden correctamente aquella tipología de preguntas demuestran conocer bien las materias sometidas a examen; pero esto es solamente en principio, porque, y ahí está lo diabólico de la situación, la escasez de plazas promueve en algunos examinandos la estrategia de “de perdidos, al río”, esperando que el azar en la elección de la respuesta dudosa entre dos posibles les pueda beneficiar, en detrimento de quienes prudentemente eligen la estrategia de asegurar la corrección de la respuesta y, por tanto, se abstienen de tirar la moneda al aire.

4 - Homogeneización del grado de dificultad del examen de unos años respecto de otros. A mayor dificultad en el examen, es menor el “peso” del expediente académico en la puntuación final. No se enjuicia ni como positivo ni como negativo que el examen sea más o menos difícil y, por tanto, que el expediente académico tenga menor o mayor repercusión en la nota final; solamente se pide que el criterio de dificultad, el que sea, sea el mismo año a año.

5 – Homogeneización de la dificultad de las preguntas. En este año, las preguntas de Fisiología han sido bastante más difíciles que las preguntas del resto de materias.

6 – Sorprende que no haya habido preguntas científicas relacionadas con problemas sanitarios de actualidad, por ejemplo el Ébola o la Hepatitis C.
A los centros que preparan apuntes o temarios para el examen BIR, ellos le piden:

7 – Mejora de sus materiales. No obstante, se comprende que la escasez de clientes en comparación con los de otras titulaciones no favorece el esmero y rigor que deben presidir la confección de los materiales que ofrecen a su mercado.

En mi opinión, de las siete propuestas que he recogido en el aludido Foro, las dos primeras deben ser consideradas favorablemente sin dilación, si queremos que, de verdad, nuestra Administración sanitaria sea transparente.