Redacción Médica
20 de agosto de 2018 | Actualizado: Lunes a las 17:40
Opinión > Salud, dinero y gestión

Perversión: los objetivos por encima de los valores

Por Carlos Alberto Arenas, vicepresidente de la Fundación Economía y Salud; miembro del Comité de Innovación y Sostenibilidad de Sedisa y gerente del Área IX Salud en Murcia.
Jueves, 19 de abril de 2018, a las 12:40
Estamos en época de acuerdos de gestión. Los objetivos y programas que negocian los servicios de salud con las instituciones sanitarias a su cargo. Antes se llamaron Contratos Programa en época INSALUD. Pero varios hicimos notar que no eran contratos, puesto que no había capacidad contractual posible con tus propias instituciones en la gestión directa. Mejor llamarlos acuerdos pues, aunque en muchos sitios se siguen llamando contratos de gestión.

En la mayoría de ellos se explicitan y piden muchos objetivos. Curiosamente en casi ninguno se explicitan lo que da origen a los objetivos, la razón de ser ultima de lo que hacemos: la misión, la visión y los valores. Y es que parece que hablar de esto es algo naif, soft, light. Es decir algo a lo que no hay que dar mucha importancia, puesto que se “presupone”, como el valor.

Pues no. Hay que insistir en la misión, visión y valores todos los días, tenerlos en la cabeza siempre como guía de nuestros actos.

Porque en el ambiente directivo parece que se valora más la “orientación a resultados” que la “ética gestora” y eso tiene un nombre cuando se lleva al extremo. Maquiavelismo.

El maquiavelismo se produce cuando conseguir el resultado y los objetivos está por encima de los propios principios éticos y morales en que se basan la necesidad de cumplir los objetivos. Eso lleva a la ecuación de que el fin justifica los medios.

Sin embargo el maquiavelismo tiene consecuencias nefastas para las organizaciones ya que e supedita todo, incluido las personas, los principios, la ética y la moral al cumplimiento del objetivo, siendo todo lo demás accesorio, prescindible y usable para el fin. El maquiavelismo ve a las personas y a las organizaciones desde una óptica muy reduccionista como objetos sometidos al poder para alcanzar unos fines.

Se perpetra así la perversión de que los objetivos están por encima de los valores y la ética, y eso significa que es aceptable saltarse los valores y la ética con tal de cumplir os objetivos. Y eso desgraciadamente lo vemos todos los días, no en nuestra organización solo sino en toda la sociedad, el los partidos políticos, en empresas, en instituciones públicas y privadas. Nadie si libra del virus, de esa tentación de ensalzar os objetivos por encima de todo, ya que además metemos el dinero de por medio, (la carrera del infierno que decía mi abuela), y así incentivamos con dinero cuando se cumplen los objetivos.

Algunos argumentarán que a veces es necesario cumplir os objetivos para sobrevivir. Es decir que si no se cumplen se producirá el caos, la hecatombe y la debacle. La verdad es que yo opino que es mejor vivir que sobrevivir. Sobrevivir quizá no merezca la pena si por el camino tienes que pagar el precio de perderse a uno mismo, tu dignidad, tu decencia, tu bonhomía.¿Está mal visto que los directivos tengan también su ética y unas líneas rojas que quieren traspasar? ¿No se buscan en algunos casos para directivos a personas con pocos escrúpulos para conseguir el objetivo, y lo que haga falta con cualquier medio? Y no lo digo por nuestro sector sólo sino en nuestra sociedad en general.

Y ojo,no estoy diciendo que no haya que cumplir los objetivos, claro que hay que hacerlo, pero sin usar métodos que supongan quebrar nuestro valores y torcer nuestra misión.
En sanidad es muy paradigmático que se establezcan objetivos de actividad e incentivos a la misma (por ejemplo pago por acto) que hace que se produzca una inflación de actos, de los cuales un porcentaje significativo pueden ser innecesarios y evitables. La sociedad está hipermedicalizada en general y con nuestros acuerdos de gestión a veces la medicalizamos más. Es por eso tan importante introducir objetivos y acuerdos no basados en actividad o productos intermedios, sino en resultados en salud, en adecuación de la prescripción, de la indicación y en uso razonable y prudente de los medios que tenemos a nuestro alcance. Las estrategias “no hacer” son un buen ejemplo, pero nadan a contracorriente. Socialmente no hay una conciencia de que es necesario moderar el esfuerzo terapéutico, según las situaciones, para garantizar la calidad de vida, que no todo es necesario, y que no hacer lo que no aporta valor supone liberar dinero y recursos de la sanidad pública, para poner en otras áreas donde hay escasez y necesidad, como puede ser la atención sociosanitaria, o la propia atención primaria, que vive con los presupuestos congelados varios años.

Objetivos sí, por supuesto, pero siempre sin torcer la misión, el porqué hacemos las cosas: para ganar salud y calidad de vida en la población, y cómo lo queremos hacer, con que valores: igualdad, accesibilidad, proporcionalidad, justicia, eficiencia…

Por eso este año en los acuerdos de gestión de nuestra área he puesto primero la misión, visión y valores en los que se basan, pero desgraciadamente por esa visión y valores que tenemos en nuestra sociedad actual, en lo que lo importante es el objetivo, la mayoría no les hacen mucho caso.