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Organizaciones integradas de salud: el futuro de la sanidad

Por Carlos Alberto Arenas, gestor sanitario y vocal de Sedisa
Martes, 17 de diciembre de 2013, a las 17:30

Hace apenas un mes, en Zaragoza y gracias a la Asociación de Gestores Sanitarios de Aragón y a Sedisa, tuve la oportunidad de hablar de este tema que desarrollamos en el Informe 2013 de la Fundación Economía y Salud que tiene por título Evolucionando hacia un modelo sociosanitario de Salud

Que la salud está muy relacionada con los aspectos sociales, ambientales y los estilos de vida se sabe desde hace mucho aunque aún no se presta suficiente atención a la mejora de estos aspectos que quedan fuera de la asistencia sanitaria tradicional, que absorbe frecuentemente más del 90% del presupuesto en salud. Por otra parte, otro gran determinante de salud que es la biología despliega toda su potencia a edades más avanzadas de la vida como las que llegamos actualmente en los países desarrollados.

No hay más que pasearse por cualquier hospital de los que llamamos de agudos, ahora en invierno, para ver sus urgencias repletas de pacientes mayores con procesos crónicos agudizados que ingresan y se quedan bastantes días, cuando si tuviésemos una suficiente atención domiciliaria, potente y desarrollada, junto con un soporte social, podrían superar la crisis aguda en horas o pocos días y seguir la convalecencia en sus casas con muchos menos riesgos para la salud y un entorno más amigable que el hospital. Países como Suecia están apostando por este tipo de atención y en España muchas comunidades autónomas también pretenden girar el sistema de cuidados hacia la atención a la cronicidad, que es el verdadero reto de nuestros sistemas de salud, junto con la mayor integración de la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad.

Las organizaciones sanitarias integradas (OSIs), donde trabajan unidos la salud pública, la atención primaria, la atención hospitalaria y la atención sociosanitaria, pretenden responder al reto de ofrecer atención sanitaria integrada, ajustada a las necesidades de cada grupo poblacional, ya sea población sana a través de educación para la salud y promoción de salud como a pacientes crónicos y pluripatológicos y a los que tengan problemas sociales.

He tenido la suerte de gestionar áreas de salud integradas entre ellas, la última en Orihuela, donde hicimos una integración funcional hasta el nivel de salud pública. La diferencia de funcionalidad con respecto a áreas tradicionales de gerencias separadas es muy importante. La dinámica de integración, cuando se basa en el trabajo en equipo y el respeto mutuo de los distintos profesionales, sin sentirse unos superiores a otros sino complementarios, es la clave del éxito para ofrecer una asistencia a la población con el valor añadido de la integración y la continuidad asistencial en la atención a sus procesos.

Casi todas las autonomías están desarrollando gerencias integradas u OSIs. En este sentido, a veces atención primaria puede sentirse amenazada de perder su independencia. Precisamente en los proyectos de integración debe tenerse en cuenta el papel nuclear de la atención primaria y la promoción de la salud. El dueño del proceso asistencial debe ser el médico de atención primaria. Las gerencias integradas deben tener claro que el futuro de la mejora de la salud pasa por potenciar la salud y eso supone no llegar a enfermar. Trabajar transversalmente con otros sectores es clave para atacar los grandes enemigos de la salud que están muy relacionados con los estilos de vida y la situación social como son la alimentación inadecuada, el sedentarismo, el tabaquismo y otros hábitos tóxicos. Es básico mejorar la calidad de vida, sobre todo, a partir de la edad adulta; para ello, el abordaje primero preventivo y, después, de atención a la cronicidad es básico. La integración debe ser un proceso en el que todos sumen y ganen. La reunión de experiencias individuales diversas enriquece mucho la visión global de la organización.

Debemos reflexionar sobre qué sistema de salud queremos, si uno centrado en la gestión de la enfermedad una vez que ocurre (gestión del siniestro) o centrado en mejorar la salud, evitar la enfermedad y mejorar la calidad de vida (gestión de los riesgos). ¿Mediremos nuestra eficiencia por los stent y trasplantes que hagamos (sin menospreciar la absoluta importancia de estas técnicas) o por los que evitamos hacer gracias a conseguir una población más sana? Educar, responsabilizar, mejorar las condiciones sociales y ambientales, empoderar… son actos primordiales, además de la asistencia sanitaria clásica, la teleasistencia, la atención a domicilio y la alta resolución en procesos, consultas y pruebas. Todas son tareas de las nuevas organizaciones sanitarias integradas que pueden suponer un salto cualitativo en la mejora de la salud y la calidad de vida de la población. Pero no nos engañemos, si ello no va unido a medidas intersectoriales de educación para la salud, seguridad vial, protección civil,  tráfico, juventud y deportes, comunicación, etc., no tendrán el recorrido e impacto que pueden tener si involucramos a todos en un cambio social para conseguir más salud.

El papel de los medios de comunicación es básico y ellos también deben ser cada vez más conocedores de su poder para promocionar hábitos saludables y como ello puede influir en adicionar miles de años de vida sanos a la población con el ejercicio físico, la alimentación saludable o la desincentivación de hábitos tóxicos, entre las principales influencias más poderosas.

Es básico un nuevo papel de los servicios de salud más integral e integrador donde se primen las medidas más poderosas para ganar años sanos a la vida. Nuestros esfuerzos se deben centrar en ello, no tanto en publicitar las últimas técnicas médicas carísimas que benefician sólo a unos pocos. No caigamos ni hagamos caer a la población en la fascinación tecnológica obviando que en sus manos y en medidas sencillas está aún la mayor potencialidad de ganancias en salud.