18 nov 2018 | Actualizado: 19:00
Mié 13 diciembre. 14.40H
Una sociedad que olvida o traiciona las ideas de sus filósofos, pensadores y mentes que están a la vanguardia paga un precio muy alto: no progresa.

Hace ya cuatro años que las reflexiones de Albert Jovell quedaron enmarcadas definitivamente, pero con infinito recorrido de futuro. Él puso los cimientos del paciente moderno en España: informado, con derechos, unido para salvaguardar su esencia individual y al tiempo ser tenido en cuenta como colectivo. También trazó eso que ahora han retomado varias Consejerías de Sanidad, la Humanización, la relación médico-paciente basada en el respeto y la confianza mutua.

A través del Foro Europeo de Pacientes abrió una vía a este colectivo que le comunicaba por fin más allá de los Pirineos. Jovell planteó la Democracia para el enfermo en España casi 25 años después de que se proclamara en las Cortes.

Hoy ese avance está en peligro. La unión de los pacientes se resquebraja, y precisamente el Foro que él puso en marcha clama por ello. La Plataforma de Organizaciones de Pacientes, creada hace tan solo tres años, ha conseguido de forma unilateral que las autoridades sanitarias le presten oídos para un acuerdo que podría convertirse en histórico, sí, pero por la herida de difícil cicatrización que dejaría en el movimiento asociativo por el que tanto han luchado enfermos y familiares en este país.

La generosa obra de Jovell (no escatimó su tiempo y fuerzas a pesar del cáncer que padecía) no puede trascender como un lugar común que rellena un párrafo en un discurso político, ni su nombre pasar a la posteridad solo como un premio literario. Ni él lo merece, ni el Sistema Nacional de Salud puede permitirse el lujo de malgastar un talento universal como el de Albert Jovell.

Ahora estamos ante un momento único para no traicionar unos principios que tanto han hecho avanzar al paciente. Para demostrar que la unión está por encima de oportunismos y que el sistema sanitario español no quiere un paciente fragmentado, sino que apuesta por una voz realmente unánime, con la autoridad moral que da representar a todos. Así escuchábamos atentos a Albert Jovell, y ese es el único camino posible para que el paciente tenga por fin el rol que le corresponde en la sanidad española.