13 nov 2018 | Actualizado: 18:50
Mié 22 mayo. 20.26H

por Ismael Sánchez, director editorial de Sanitaria 2000

 

Las deudas hay que intentar saldarlas, aunque algunos vean más factible venderlas. Parece el caso de Mª Teresa Guardiola, presidenta del Colegio de Farmacéuticos de Valencia,  que lleva casi todo su mandato lidiando con los impagos por parte de la Generalitat Valenciana. Sus gestiones, tan insistentes como infructuosas, no han dado los resultados esperados y los valencianos son seguramente los farmacéuticos más afectados y preocupados por el efecto de los impagos sobre sus perspectivas profesionales y económicas. Ya que no puede contribuir a saldar las deudas, a la presidenta se le ha ocurrido abrir la puerta a otra opción, tan audaz como controvertida: la venta.

Es evidente que el principal culpable del impago es la Administración, en este caso la valenciana. No parece un problema de consellers, porque antes con Luis Rosado y ahora con Manuel Llombart, el problema se ha repetido y persiste, hace la goma como los malos ciclistas, cuando parece a punto de liquidarse, vuelve a quedar pendiente en parte, y vuelve a aumentar y aumentar con el transcurso de los días y las semanas. Y vuelta a empezar. Tampoco parece un problema de la sanidad valenciana, lo es, pero no parece que sea suya la autoría. Más bien estaríamos hablando de un problema financiero del conjunto de la sociedad valenciana y, muy particularmente de su Administración, mal gestionada durante años o mal financiada por el Estado, según se mire.

Los farmacéuticos no pueden determinar el origen de la deuda que su servicio de salud ha contraído con ellos, pero sí pueden reivindicar ante los políticos la búsqueda de soluciones rápidas y definitivas. Y ahí debe librar su gran batalla la presidenta Guardiola, liderando al colectivo, amplificando su mensaje de queja y denuncia, ganando al resto de la sociedad valenciana a su causa, para que la deuda con los farmacéuticos deje de ser un problema más de un colectivo concreto y se termine convirtiendo en una afrenta contra toda la población. Y es aquí donde, hasta el momento, la presidenta está perdiendo su guerra: porque, tras el último pago, correspondiente a menos de la mitad del mes de febrero, siguen pendientes los últimos dos meses y medio del año pasado, además de marzo de 2013.

Guardiola dice que tiene la conciencia tranquila, pero eso no sirve para enjugar la deuda. A los farmacéuticos valencianos no les importa la conciencia de su presidenta, sino el fin de los impagos, con una solución definitiva. Es evidente que la Generalitat y el PP valenciano se llevarán gran parte del desgaste que está suponiendo esta situación, pero la presidenta ha de saber que cada día que pasa, la deuda contamina su gestión y difumina otros asuntos y poropósitos de su mandato.

Sus críticos, que los tiene, acaban de recibir nuevas razones para cuestionarla. El Colegio ha acogido una charla informativa sobre una propuesta de solución tan imaginativa como controvertida: la compra de la deuda por parte de una empresa de capital riesgo, a cambio de una quita de un 10 por ciento. El Colegio se ha apresurado a matizar que simplemente ha dado curso a la propuesta, y que no la respalda. La empresa en cuestión es Thesan Capital, cuya titularidad ha despertado sospechas en las redes sociales, lo que ha contribuido a generar más dudas si cabe sobre la operación planteada.

La deuda se ha convertido en el gran azote de la presidencia de Guardiola, que ya conocía sobradamente el Colegio y que aspiraba a lograr avances en asuntos más luminosos como la receta electrónica, el modelo mediterráneo de farmacia o el desarrollo de nuevos servicios farmacéuticos. Los impagos han podido con todo. La deuda es la única realidad de la presidenta. Y no parece que baste con venderla. Hay que saldarla.