15 nov 2018 | Actualizado: 09:45
Sáb 05 abril. 21.22H

La crisis es menos crisis en 2014 que en 2012. En aquel año Sanitaria 2000 iniciaba su serie Encuentro Global de Altos Cargos de la Administración Sanitaria y por entonces la situación de la economía española y, por extensión, de la sanidad era mucho más compleja e imprevisible que ahora. Hoy la situación ha cambiado notablemente y eso se ha percibido en las sesiones de esta tercera edición, que han supuesto todo un éxito de participación y de contenidos.

Los altos cargos se muestran aliviados porque las dificultades del inmediato pasado ya no son tan angustiosas. La luz de una recuperación, que tiene que llegar también al Sistema Nacional de Salud, empieza a esbozarse en el horizonte de consejerías y servicios de salud. Con todo, falta mucho para recuperar la normalidad y, de hecho, los responsables sanitarios se preguntan si no se habrá perdido una gran oportunidad de, con la crisis, haber transformado con mayor decisión el sistema.

"Todavía se perciben pocos cambios", ha confesado el consejero Sáez Aguado, sabedor de que el inmovilismo no es bueno para casi nada, y tampoco para la sanidad. En su caso, Castilla y León camina decidida hacia una mayor integración de la atención primaria y la especializada, así como hacia la cronicidad como primer factor en la orientación del sistema. Sáez Aguado también mira hacia el conjunto del Estado y pide más cohesión para el SNS, lo cual es muy llamativo y muy de agradecer viniendo de un responsable autonómico. Incluso pone un ejemplo de esa gestión común que agrada a todos y no lastima las competencias de nadie: los trasplantes y la ONT, una organización en la que todos parecen estar cómodos.

El cambio también se intuye en las experiencias sobre gestión clínica que están desarrollándose en varios servicios de salud, pero el avance tampoco es suficiente. "Mala cosa es que tengamos que impulsar la gestión clínica por decreto", ha advertido el consejero catalán Boi Ruiz, que ha dado una soberbia lección de conocimiento, en una actividad de pregunta/respuesta que ha generado el elogio del auditorio, sobre uno de los temas de moda en la sanidad. A su juicio, gestión clínica no es más que autonomía de gestión. Y aquí sí se puede hacer un esfuerzo legislativo para darle esa autonomía a áreas sanitarias y a hospitales, con la condición de que no incurran en déficit. Con este marco, la gestión clínica sería un proceso más natural y generalizado.

Otro consejero que ha pasado por el Encuentro ha sido Javier Rodríguez, el nuevo responsable de la sanidad madrileña. Su preocupación no es tanto transformar como consolidar una realidad que nunca debió ser cuestionada: Madrid tiene un gran sistema público y va a seguir procurando su mejora continua. "No vamos a desmantelarlo", ha subrayado el consejero, indignado por que se cuestione el compromiso con la sanidad pública de la Comunidad de Madrid, "diga quien diga lo que diga". Con todo, Madrid tiene ánimo de cambiar su sistema, mejorando en la atención a crónicos y terminando de implantar la receta electrónica.

Y, cómo no, la política de recursos humanos necesita cambios, aunque cuesta horrores precisar cuáles y sobre todo ejecutarlos. Aunque ya parece haber un consenso claro en que no importa tanto elegir entre régimen estatutario o laboral sino disponer de una sola norma, única y lo más clara posible. Es evidente que las leyes actuales no sirven para gestionar eficazmente las relaciones laborales, pero la crisis tampoco ha permitido transformarlas. Los directores de recursos humanos coinciden en reclamar una mayor flexibilidad para, entre otras cosas, no tener que retribuir a todos los profesionales por igual y, de hecho, poder incentivarlos. Y hay posibilidades de acuerdo, apoyadas en el sentido común, como la convocatoria única de ofertas públicas de empleo, que en teoría son formidables, pero que cuesta concretar.

Con todo, los altos cargos están más animados que hace dos años y viven el presente con mayor confianza. Aunque solo sea porque la crisis parece cada vez más tenue.