20 nov 2018 | Actualizado: 09:10
Sáb 14 junio. 21.17H
Alberto Núñez Feijóo no es sólo una figura consolidada y a la vez emergente en el PP ni el presidente de una de las comunidades históricas de España. Para el sector sanitario, es sobre todo, y siempre será así, un profundo conocedor del Sistema Nacional de Salud, de su origen, su desarrollo y su evolución, y por lo tanto, una voz autorizada e imprescindible para ayudarnos a descifrar el futuro.

Su mensaje ante el repleto auditorio del V Encuentro Global de Parlamentarios de Sanidad, organizado por Sanitaria 2000 en Baiona, ha servido para poner a la sanidad en el corazón del país y a sus diputados en la cúspide de la influencia social y política. La realidad, lamentablemente, no alcanza este nivel, pero es muy esperanzador que la persona que gestiona los asuntos públicos de la sociedad gallega, quién sabe si llamado a más altas responsabilidades de orden nacional, tenga tan meridianamente clara la capital importancia de la sanidad y de sus portavoces políticos.

Y es que pasar por el Ministerio de Sanidad imprime carácter y crea vínculos más allá de signos políticos. Durante el Encuentro, Núñez Feijóo estuvo especialmente cercano y cariñoso con la ex ministra Trinidad Jiménez, y con otros ex altos cargos ministeriales como Julio Sánchez Fierro, Rubén Moreno o José Martínez Olmos. Porque a buen seguro que él es el primero que lleva con orgullo su pertenencia a esta selecta nómina gracias a su paso por el Insalud como presidente ejecutivo.

Sin sanidad no hay casi nada de lo esencial que tiene una sociedad, vino a decir el presidente gallego, que relacionó directamente la buena salud del sistema con una buena educación o unos mejores servicios sociales. En definitiva, con un país más creíble y posible. Por extensión, todas las mejoras y reformas que se introduzcan en la sanidad terminarán afectando, para bien, a esos otros sectores esenciales de nuestra sociedad.

Todo discurso político debe llevar, para ser creíble, una memoria económica. Y Feijóo no se olvidó de referirse a ella, en sintonía con el creciente clamor autonómico para acordar una nueva financiación general de las comunidades y, en concreto, de la sanidad. A su juicio, la edad debe ser el factor determinante para fijar el reparto y, si esto no es así, o se tienen en cuenta otros criterios que ya empiezan a ser defendidos por algunos, estaremos ante una injusticia. Una injusticia de sanidad y, por tanto, una injusticia de país.

El presidente gallego animó a los parlamentarios sanitarios a que tomen verdadera conciencia de su papel esencial en la discusión sobre el futuro de la sanidad y reclamó a la sociedad que les haga caso en sus juicios y recomendaciones. Todo un espaldarazo al alcance de los políticos de nuestra sanidad que, para hacerse realidad, necesita de más voces como la de Feijóo y, sobre todo, de hechos que deben comenzar a darse en el seno de los propios partidos, donde ni la sanidad ni los sanitarios ocupan el sitio que merecen.