15 nov 2018 | Actualizado: 19:10
Por Pere Camprubí i García, decano del Colegio Oficial de Biólogos
Dom 19 abril. 22.22H
En la plural tribuna de la sección Opinión de Redacción médica últimamente están apareciendo artículos que nos envían mensajes positivos. Algunos son de contenido muy genérico, tales como “los ciudadanos reclaman transparencia, más democracia, más pluralidad”, o bien “un ejercicio del poder más compartido”, o bien “la defensa de la meritocracia en oposición al clientelismo”, o bien “la búsqueda del bien común”, o bien “la gestión eficiente de los recursos públicos”, o bien “la consecución de la credibilidad a partir de un ejercicio de gobierno participativo y colaborativo”. Otros artículos se centran en el ámbito sanitario, postulando como necesaria la “unión entre los profesionales sanitarios”, así como “el mejor reparto del trabajo disponible” o enfatizando que “el bien de los pacientes es el único fin de los profesionales sanitarios”.

¿Quién puede rechazar tales planteamientos, que expresan deseos de mejora de la eficiencia de la fisiología de nuestra sociedad en general y del sistema sanitario en particular? Se nos ofrece la buena nueva y es prácticamente imposible no subscribir su contenido.

No obstante, me asalta la duda de si, en términos freudianos, el ello de quienes proclaman la buena nueva se ve reprimido por su superyó, evitando que los profetas de la buena nueva vayan más allá en sus manifestaciones a favor de apertura, transparencia, meritocracia, pluralidad, … y, por tanto, evitando que su yo proclame que están a favor de la apertura del acceso a la especialidad de Salud Pública a otros profesionales distintos de los médicos; o de que se publiquen los informes de los servicios sanitarios justificativos del por qué solicitan unos titulados en vez de otros para cubrir plazas de Interno Residente; o que lamenten el desequilibrio interprofesional existente en la Comisión Nacional de la especialidad de Genética Clínica; o que determinados profesionales sanitarios ejerzan como tales en centros sanitarios militares como civiles, pero no puedan ejercer la misma actividad sanitaria como militares; o que se practique hostigamiento profesional a quienes no son médicos y ejercen como consejeros genéticos; o que determinadas profesiones sanitarias estén permanentemente excluidas del Pacto por la Sanidad; o que esas mismas profesiones no puedan formar parte de órganos consultivos relativos a medicamentos de uso humano y veterinario; o que no se regule el registro de los profesionales que tienen vetado el acceso a la especialidad sanitaria pero se les permite desarrollar su actividad profesional en el Sistema Nacional de Salud (SNS); o que...

No me queda claro si el superyó de aquellos profetas reprime sus ansias de concretar los mensajes positivos que emiten, impidiéndoles que expliciten lo inequitativo que es el SNS con las profesiones sanitarias minoritarias. Ciertamente, también cabe la posibilidad de que la buena nueva que proclaman sea deseada solamente para una parte del SNS que, aunque muy mayoritaria e imprescindible, no deja de ser solamente una parte del SNS.

Y como mi duda persiste, de ahí el signo de interrogación que aparece junto al calificativo que, en el titular de esta nota, acompaña a esos profetas.